Addoor Sticky
domingo cristiano

Es Domund

Una de las pocas imágenes compartidas por las viejas y las nuevas generaciones es la hucha del Domund

Una de las pocas imágenes compartidas por las viejas y las nuevas generaciones es la hucha del Domund. Bien es cierto que la han ido tuneando con el tiempo y ya no muestra la cara de negritos sonriendo con dientes impolutos. Un año más, este domingo todo el dinero que se reciba en las iglesias irá destinado a financiar la labor de los misioneros en todo el mundo. Más o menos eso es el Domund.

El trabajo de estos miles de hombres y mujeres en todo el mundo es impresionante. Si desaparecieran, la Tierra sería un lugar menos habitable, una selva más cruel, una cacería en la que el débil no tendría ninguna oportunidad. La Iglesia católica sostiene más de 21.000 instituciones sociales en los países de misión. Y mantiene abiertas las puertas de 72.295 obras educativas en esos lugares. De entre todos los misioneros repartidos por el mundo, en torno a 13.000 son españoles. Podemos decir con orgullo que somos una potencia misionera a nivel global.

Los misioneros viven para regalar la vida. Y no es el altruismo ni la beneficencia lo que les ha conducido a los rincones más remotos del planeta. Me resulta digno de estudio algo que percibo en los últimos años: la falsa progresía antieclesial ha dejado de dirigir sus dardos contra los misioneros. En épocas pasadas, de estupidez suprema, invocaron aquello de que los religiosos violentan la identidad de los pueblos al hablarles del Dios cristiano. Y aquello otro de que la educación que proporcionan es un atentado contra las culturas autóctonas. Ya saben, esas tontuna que se dicen recogiditos en casita, con la calefacción puesta, delante de una taza de café ecológico 100% sin conservantes.

Lo raro no es eso, que hayan dejado de atacar, pues los datos de promoción humana y social son tan evidentes que sería un suicidio ideológico atentar contra la labor de los misioneros. La sonadera ideológica les ha conducido ahora a reducir la motivación de los misioneros a una cuestión de mero altruismo humanitario.

Sí, ya sé. Lo de “mero altruismo” suena fatal. Mucho más en tiempos egoístas. Pero lo reitero: un misionero se siente malinterpretado si se le identifica con un voluntario de ONG. No porque el voluntariado no tenga valor. Sino porque cada cual se pone en marcha por una causa, y la de los misioneros tiene nombre propio. Y se llama Dios.

Dios es la razón por la que estos hombres y mujeres abandonan sus casas y se regalan sin condiciones a sus hermanos menos favorecidos. Es la explicación de su ida sin retorno, de su osadía al criticar al explotador, de su entereza en tiempos trágicos. Es la causa por la que no se van cuando todos ya se han ido y por la que vuelven cuando aún no es recomendable volver.

Dios es la razón y ocultarlo es prostituir su testimonio. No hay razón más fuerte ni más honda: de Dios han aprendido el valor irreductible de cada persona, han experimentado que el dolor duele menos cuando se comparte. Han abrazado la verdad más importante sobre cada ser humano: que cada hombre es un sueño de Dios, hijo de Dios decimos. Y que por eso vale la pena ayudarle a levantarse de todas sus postraciones. Y por eso comparten su fe en el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Porque no hay alegría más duradera.

Hoy es Domund, el día en que nos acordamos de que el mundo es mejor porque algunos han elegido vivir peor por amor a Dios en cada hombre.

@karmelojph

TE PUEDE INTERESAR