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domingo cristiano

Estos curas la han cagado

Opino que los curas, diáconos y monjas catalanes que se han manifestado a favor del referéndum ilegal la han cagado. Lo mismo pensaría si hubieranalardeado de lo contrario

Opino que los curas, diáconos y monjas catalanes que se han manifestado a favor del referéndum ilegal la han cagado. Lo mismo pensaría si hubieranalardeado de lo contrario.
La han cagado. Han apilado su granito de odio y división sobre una sociedad ya fracturada por culpa de políticos infantiles y disfuncionales. Y corruptos. Con su manifiesto contribuyen a sembrar rencor, a alimentar sospechas sobre los otros, a dividir entre “los nuestros” y “los otros”. Ellos son consagrados: nadie les puede ser ajeno, a nadie pueden sentir como extraño. A ellos se les eligió para tender puentes, para promover la fraternidad contra toda esperanza. Y han preferido salir al monte a por leña con la que avivar una hoguera estéril. ¿Con qué predisposición se va a acercar a ellos un ciudadano que abiertamente no comparta su proclama?
Y lo han hecho de manera ramplona y populista,con un comunicado apresurado, a medio hacer: “Invitamos a los católicos y todos los ciudadanos de Cataluña a reflexionar sobre la importancia de los actuales acontecimientos y a votar en conciencia en ejercicio del derecho fundamental a expresar libremente sus posiciones”, dicen. Y se suben así al carro de las verdades a medias, de las posverdades, de los arrebatos de pancarta y manifa.
“Derecho a expresar sus posiciones”, dicen, intentandodisfrazar su despropósitode aquella valentía que arropa a quienes de verdad se juegan el tipo para defender a los oprimidos y proteger a los injustamente perseguidos. “Conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán”, dicen, como si ése fuera el problema y no la patada en el culo que se está dando a las leyes que garantizan la vida en común.
Que la Iglesia en Cataluña agoniza es un hechoestadísticamente probado. Que no lo tienen nada fácil es una verdad aún mayor: la sociedad catalana es compleja, presuntamente urbanita, está expuesta a influencias laicistas como pocas. Pero no creo que este extremismo de algunos de sus consagradospromueva el respeto al Evangelio ni favorezca el compromiso pastoral. Más bien lo contrario: porque han perdido una oportunidad irrepetible para ser evangélicamente radicales. Han elegido ejercer de pandilleros, cuando lo verdaderamente revolucionario habría sido apostarlo todo al diálogo, el encuentro, favorecer la reconciliación, invitar al abrazo… Ni siquiera se les pide que se manifestaran en contra del falso referéndum, habría bastado con que hubieran capitaneado a los que no quieren el choque de trenes.
Pero han ido a por lo fácil, a por el escándalo mediático, a por el alegato sin consecuencias para ellos, porque se saben necesarios a pesar de todo. Han elegido surfear sobre la corriente en lugar de ofrecer algo verdaderamente original y evangélicamente desconcertante: no tomar partido para jugar así en el terreno de todos, en la vida de verdad, en la lucha diaria sobre lo que de verdad importa, que es el único terreno que ha de pisar la Iglesia.
Me desgarra la convicción de que un grupo de hermanos sacerdotes, diáconos y religiosas son hoy parte del problema, no de la solución.

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