
Seis y cuarto de la mañana. Mientras duerme el centenar de moradores de Santa Lucía-Los Barrancos, en el litoral de Agache (Güímar), una avalancha de grandes rocas cae sobre el pequeño tejado de una vivienda-cueva, y quedan depositadas en la carretera insular que atraviesa ese pequeño núcleo costero y que construyó el Cabildo como auxiliar a la autopista del Sur. Sin daños personales, Santa Lucía volvía ayer a vivir un milagro, como en la primera semana de junio de 2011.
La temprana hora y el poco tránsito del lugar posibilitó que hoy no estemos hablando de una auténtica tragedia, casi similar a lo acontecido hace seis años, cuando una veintena de viviendas construidas en el interior de una gran cueva natural, a apenas 10 metros de donde ocurrieron ayer los hechos, vieron cómo se derrumbaba parte de la montera de la cueva y sepultaba dos de estas residencias y un automóvil, sin que sus moradores estuvieran ese domingo en sus casas.
Ayer, apenas dos horas después del derrumbe, operarios del Cabildo, con un camión grúa, quitaron las grandes rocas de la vía, mientras unos cuantos vecinos, que se disponían a darse un baño en la pequeña piscina natural de Santa Lucía, aún con el susto en el cuerpo, miraban hacía arriba para saber de dónde había caído semejante cantidad de piedras. “Aunque ya solo sea por mantener segura esta carretera, que es el aliviadero de la autopista, el Cabildo debería poner mallas en toda la zona”, comentaba una vecina del lugar.
La alcaldesa, Carmen Luisa Castro, recordaba que después del derrumbe de junio de 2011 se le pidió al Cabildo que ejecutara el proyecto presentado por la empresa Icinco, que tenía un coste cercano al millón de euros, cuando Rafael Yanes era el alcalde de Güímar. Castro señala que “el mallado era la opción que se le pidió al Cabildo en 2013, porque la carretera es de su titularidad, y desde entonces estamos esperando”, comentó la regidora municipal, que manifestó que tanto la directora insular de Carreteras, Ofelia Manjón, como el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, “saben lo del mallado y me han dicho que apuestan por ello”, comentó Castro.
La alcaldesa de Güímar, pese a la gravedad del derrumbe, y en contra, por ejemplo, de lo sucedido en Candelaria con Bajo la Cuesta -el día 27 se cumplirá un año del desalojo de los vecinos-, no tiene previsto decretar el desalojo del barrio, pero sí exige “medidas urgentes para colocar ese mallado que dé seguridad a las casas y la carretera”.
Sin embargo, en 2011, cuando Castro era la primera teniente de alcalde, el alcalde Rafael Yanes ordenó el desalojo de una veintena de viviendas que se encontraban ubicadas en la cueva y sus aledaños, después de trasladar a ocho personas a un hotel rural de Güímar, a la espera de conocer los resultados del estudio geotécnico de la empresa Icinco.
No obstante, unas semanas después, el precinto ordenado por la Policía Local fue desoído por los propios vecinos, sin que se tomara ninguna medida disciplinaria contra ellos. Del proyecto de Icinco apenas se hizo una limpieza de rocas en la parte alta de la cueva, pero no se colocó mallado alguno. Y así sigue Santa Lucía…, viviendo de milagros.
