
José Sacristán aterrizó el martes en la Isla para llevar al escenario la obra Muñeca de porcelana, la adaptación española de China Doll, escrita por David Mamet y estrenada en Broadway en 2015, protagonizada entonces por Al Pacino. “Que él diera vida a mi personaje ha sido más bien una motivación”, relata Sacristán, que no duda en destacar que “la obra permite a los actores un ejercicio de brillantez, con la dificultad técnica de hablar continuamente por teléfono”. “Mamet no deja de poner el acento en nuestra humanidad; somos nosotros los que elegimos a los políticos, los que les seguimos votando pese a todo”. Muñeca de porcelana pretende ser “una colonoscopia al poder”, y una herramienta “de utilidad para el público”, que se mantiene hasta hoy en la cartelera del Paraninfo de la ULL, representándose a las 20.30 horas, en el marco de la primera edición del Festival de Tenerife. Le acompaña sobre el escenario Javier Godino (El secreto de sus ojos), bajo la dirección de Juan Carlos Rubio. Así lo cuenta al DIARIO.
-En varias entrevistas apunta que el teatro es un juego para usted. Después de tantos años sobre las tablas, ¿lo sigue siendo?
“Ahora lo siento como mi oficio. Esta profesión, desde el punto de vista moral, debe verse como un juego: el juego de hacer creer al otro que soy lo que no soy. Es el rescate permanente del niño que uno fue. Es ser el pirata, el gánster, el mosquetero; si después esto se vuelve arte y cultura, mucho mejor, pero, básicamente, para mí el teatro es una necesidad más que otra cosa: la necesidad de jugar. Creo que esto nos pasa a todos, incluso al público. Me pregunto, ¿por qué van a una función de teatro si saben que todo es mentira?”.
-En Muñeca de porcelana el verdadero protagonista es el poder. ¿Cómo fue la construcción de su personaje?
“La construcción de mi personaje ha sido muy fácil porque el texto lo facilita. Mamet es un gran constructor de personajes. Hay una dificultad puramente técnica, y es que pasas toda la obra hablando por teléfono, y nadie te da el pie de la conversación. Pero en principio, el papel es un regalo. Fue escrito para Al Pacino, así que es una delicia poder hacerlo”.
-También comparte escena con Javier Godino…
“Javier Godino es un chaval muy interesante que propone cosas y está en el juego”.
-La obra mantiene actualidad y cercanía, pese a que relata un hecho ocurrido en la política estadounidense. ¿A los españoles nos llevará a la reflexión?
“David Mamet, el guionista, tiene la virtud de no pontificar. Él no pretende enseñar cómo hay que vivir, tan solo pretende crear una peripecia dramática y que cada uno saque sus propias conclusiones. Es un testigo de su tiempo muy lúcido, con un punto de mala leche, un dramaturgo que hurga en las cloacas del poder y pone sobre el tapete unos acontecimientos, siempre desde la distancia, para que cada cual saque sus conclusiones. De hecho, Mamet viene a decir que hay varios niveles de responsabilidad y que lo difícil es encontrar inocentes. Si estos sujetos -los protagonistas- están en el poder, es porque los ha puesto el pueblo, no vienen de naves espaciales. Los políticos nos representan y, por tanto, algo de responsabilidad tenemos. Aquí se darán cita el poder político, el económico y, en consecuencia, el moral. Este poder pasa por la política tal y como pasa por la religión”.
-El poder que ofrece la política puede llevar a la corrupción. ¿Cómo valora la actualidad que vivimos los españoles?
“No me gusta el momento que estamos viviendo. En cuanto a la cuestión catalana, creo que los intérpretes, ni unos ni otros, no han hecho alarde de ejercicio político. Es lamentable la chapuza de la república catalana unilateral. Es sumamente inaceptable. Si yo fuera independentista, sería el primero en meter en la cárcel a los que nos han llevado a esta situación. Por otro lado, la razón ha sido desplazada por la cuestión de las banderas. Uno ha dicho: “La patria no se divide”, otro ha defendido: “La patria tiene que ser liberada”, y en medio de todo este circo, nadie se ha sentado a reflexionar. Creo que se ha echado mano de la cosa visceral, del sentimiento patriótico, y aquí chocamos con la tesis de Muñeca de porcelana. En España nos encontramos ahora mismo en un callejón sin salida”.
-Si se habla de poder, también hay que mencionar el poder inmenso de la palabra. Para usted, que se dedica a interpretarla, ¿qué papel desempeña en este contexto?
“A la pobre palabra no hay que echarle la culpa. Como una flauta, ella no depende de sí misma, sino de quién la utiliza. Es una de las herramientas más hermosas y formidables del ser humano. La palabra nos hace viscerales, pero también nos redime. No tiene culpa ninguna del uso que se haga de ella”.
-El machismo es otra forma de poder que nos trae hoy noticias como la de La Manada, la de Harvey Weinstein y los múltiples casos de acoso y abusos en el cine…
“Este es un problema de educación a todos los niveles. El machismo es la consecuencia de una pésima educación que todavía permanece y que, en muchos casos, se encuentra alimentada por las propias mujeres. Lo de La Manada es la aberración de este caso. Sigo sin creer cómo puede ser posible que en un grupo de cinco ninguno haya pensado que es una barbaridad lo que estaban haciendo. Que ninguno de los cinco dijera en un momento, “¿a dónde coño vamos?, esto no es de seres humanos, joder, por bien que lo estemos pasando”. No hay defensa alguna para ellos”.
“Muñeca de porcelana’ es una especie de colonoscopia al poder”
Muñeca de porcelana es, en palabras del actor José Sacristán, “una colonoscopia al poder”. La obra, que se representó ayer en el Paraninfo de la ULL y que vuelve hoy al escenario lagunero, a las 20.30 horas, es la adaptación española de China doll, que se estrenó en 2015 en Broadway y estuvo protagonizada por Al Pacino. Se trata de un texto de David Mamet que en esta ocasión interpretan Sacristán y Javier Godino, bajo la dirección de Juan Carlos Rubio. “Esta es mi primera vez en Tenerife. Llego para dar vida a esta propuesta escénica que está creada por y para el poder, y por tanto, es tan frágil como él”, sentenció Godino en su intervención. En la presentación también estuvieron presentes el presidente del Cabildo, Carlos Alonso; el director insular de Cultura, José Luis Rivero, y el rector sustituto de la ULL, Francisco Almeida.
