
Con 49 años recién cumplidos, Pedro García Aguado llena pabellones como si fuera una estrella del rock. Quién diría a este campeón olímpico y mundial de waterpolo que ha sido fuera de la piscina donde lograría su mayor popularidad gracias a su participación en el programa de televisión Hermano mayor. Ahora, García imparte charlas donde cuenta su vida, cómo desde lo más alto cayó a lo más bajo y, tras recuperarse de sus politoxicomanías, renació como el mítico Ave Fénix.
Tras reunir a 1.000 alumnos en Los Realejos a finales de noviembre, regresó ahora a Tenerife para citarse con otros 500 jóvenes de 3º y 4º de la ESO de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Granadilla y La Orotava de los Centros Padre Anchieta, Ceo Manuel de Falla, IES Mayorazgo, IES Manuel González Pérez, IES Marina Cebrián, IES San Matías, IES Ofra, IES María Rosa Alonso, IES Sobradillo, IES Médano, IES Martín Miranda, IES Pérez Minik, Fundación IDEO. García Aguado contó su experiencia como deportista de élite y su adicción al alcohol y las drogas, legales e ilegales, y cómo las ha podido superar. “No estoy aquí para decirles lo que no tenéis que hacer, ni mucho menos, sino para contarles lo que me pasó a mí y qué hice y lo que aprendí y tuve la suerte de triunfar en el deporte”, asegura.
Utilizando expresiones como flow, swag, malotes, peña, guay, top, García Aguado sabe captar la atención del auditorio hablando del éxito y del fracaso como algo superable, hay que crecerse ante los obstáculos y no darse nunca por vencido, pues siempre supone el inicio de un nuevo camino; que el talento sin esfuerzo no es productivo, e incidió en la realidad del consumo de drogas, y cómo prevenir esas conductas dañinas.
En una charla de más de una hora, titulada Viaje de aprendizaje, el madrileño recordó cómo durante mucho tiempo de su vida hizo “el ganso”. Nació en el seno de una familia de clase media, en la que su padre trabajaba y su madre se encargó de los tres hijos, y cuando tenía 13 años, ambos se divorciaron. A partir de ahí, empezó un camino difícil, pues cambió de un colegio privado a uno público en un entorno que no conocía, siendo objeto de acoso al ser el nuevo en el barrio. Echó la culpa a su madre de la ruptura, y encontró en el waterpolo su válvula de escape. “En aquel tiempo mis hermanas nadaban y les acompañaba. Corría todos los días los 700 metros entre el colegio y la piscina para evitar que me acosaran”. Ahora tiene una web que ayuda a las víctimas de acoso. En el waterpolo comenzó a destacar y captó la atención de la selección absoluta, con lo que se trasladó a Barcelona.
García suele recurrir a la frase de Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, e incidió en que no hay que buscar culpables fuera de nuestra situación personal. “Si suspendes, no digas que el profesor te tiene manía, prueba, por ejemplo, a abrir un libro”. El terapeuta sostiene que el deporte le enseñó el principio de realidad tras cuatro subcampeonatos seguidos. “Cuando hablo con los padres, les pido que le trasladen a sus hijos que las cosas no van a ser siempre como ellos quieren y no van a llegar en el momento que quieren. En la vida te has preparado, has estudiado, te has puesto guapo para que el chico o la chica se fije en ti y no salen las cosas como quieres. Eso genera la frustración, y muy poca gente sabe manejar eso”.
Aguado insistió en que “el éxito y el fracaso son dos grandes impostores. Muchas veces para llegar al éxito hay que pagar precios muy altos. Y el fracaso puede enseñarnos a incentivar la capacidad que tenemos para no darnos por vencidos y crecer ante los obstáculos. Mi vida va del éxito al fracaso y del fracaso al éxito. Hay que dejar de quejarse y empezar a buscar tu buena suerte y crear oportunidades”, abundó. Entonces llegas a lo más alto, en su caso la medalla de oro Olímpica en Atlanta y el oro mundialista en Perth “y ya te sientes triunfador. Somos los fuckers, los líderes, los putos amos…, el triunfo es bonito porque nos educan para triunfar en la vida, llegas a lo más alto y te sientes poderoso. Pero al final de todo, también hay que tener cuidado con lo que interpretamos como éxito o fracaso. Hay que ser humilde cuando las cosas van bien, pues el éxito no nos convierte en diferentes, seguimos siendo el mismo ser humano que antes”, continuó. “Nos creemos diferentes, creemos que controlamos, pero cuando llegas a lo más alto, puede que estés fracasando en el día a día”.
Pedro García Aguado, con su inconfundible 13 en el gorro, jugó al waterpolo durante 17 años, 13 de los cuales en la selección, pero lo tuvo que dejar por su dependencia al alcohol y las drogas “no podía parar”. Pruebas, experimentas y luego no eres capaz de decir que no. Hay una diferencia entre el adicto que depende de una terapia, de que te enseñen lo que debes hacer para negarte, y el no adicto, que con fuerza de voluntad, deja de tomar”.
De esta manera “no te das cuenta en qué momento te enamoras del lado oscuro, comienzas a beber y consumir todo tipo de sustancias ilegales y no sabía parar. A los 34 años lo había perdido todo, me había separado, me había vuelto a juntar y me había vuelto a separar, tenía dos hijas de dos relaciones y fui al psiquiatra porque era un infeliz. El profesional me dijo que era un alcohólico, pero no lo acepté: ¡Yo soy Pedro García, campeón olímpico y del mundo! Me recomendó que entrara en un centro para tratar mi drogodependencia, pues de seguir así acabaría en un manicomio, muerto o en la cárcel. El 28 de abril de 2003 ingresé en el centro terapéutico Mare Nostrum de La Garriga y todo cambió, posteriormente colabora con dicho centro para ayudar a otros adictos en su evolución. ¿Qué haces aquí? le preguntó el terapeuta. Holas soy Pedro García, campeón olímpico y del mundo de waterpolo. Pero el deporte no te ha traído aquí abundó el terapeura. Bueno, yo empecé con 14 años con el alcohol por tonterías de los amigos, después pasé a la cocaína, porros, éxtasis, pastillas.., O sea, que entonces eres un politoxicómano, ¡y tu un h. de p.!, le insulté.
“Me da mucha rabia haber perdido a mi mejor amigo, Jesús Rollán, que se suicidó en el mismo Centro en el año 2006 debido a una depresión. Comenzamos a consumir muy jóvenes sin una conciencia de riesgo. Empezamos a tomar porque pensamos que no tiene peligro, controlamos o hemos desarrollado tolerancia. Que una droga sea legal no quiere decir que no enganche y mate. Yo me creía un triunfador cuando en realidad era un perdedor”, remarcó.
Tras 14 años limpio, Pedro García Aguado inculca los valores que ha aprendido. “Yo aprendí la valentía y la transmito a aquellos chavales. Hay que superar los miedo o inseguridades, porque quien no los tienes en algún momento es un temerario, y si además es tonto se hunde la vida”. También “hay que dejar a las personas que quieres con palabras de afecto, porque quizás puede ser la ultima vez que las veas en la vida. En mi caso no pude despedirme de mi abuelo paterno, enfermo de cáncer. Tuve la oportunidad de viajar a Madrid para despedirme y no lo hice, salí varios días de fiesta y falleció. La vida nos da lecciones, y tras gastarme el dinero que gané con la herencia que nos dejó, pagué la desintoxicación. Todavía estoy devolviendo a mis hermanas el tratamiento”, recordó. Aguado no quiso volver a repetir esa misma situación cuando a su madre le diagnosticaron un cáncer. En la cúspide de la popularidad dejó la octava temporada de Hermano mayor para acompañarla hasta que falleció. “La odié durante muchos años por el divorcio, y estuve tres más sin hablarle cuando me puso un detective para controlar lo que hacía en Barcelona. Pero cuando ingresé en el centro de desintoxicación, ella se trasladó a vivir a Barcelona para estar conmigo, y posteriormete me fui a vivir con ella”.
FORZÁBAMOS SITUACIONES
Pedro García Aguado reivindica la realidad de los casos en Hermano Mayor. “Durante siete años pusimos en antena un programa muy polémico con una gran audiencia. No eran actores, son chavales que no podían controlarse. Cada caso no nos llevaba más de 10 días. En televisión, las dinámicas de minuto y medio en realidad salían de cuatro horas de grabación. En los dos días previos se forzaban las situaciones: le decíamos a los padres que no le dieran dinero, que los despertaran antes …, así ya teníamos un lio montado y salían las secuencias más impactantes. Yo llegaba al tercer día para trabajar con ellos durante 24 horas a tope, y luego trabajaban dos o tres días más de dinámica positica con la psicóloga del programa Sonia Cervantes. No conseguimos el cien por cien de reconciliaciones familiares. El terapeuta sabe que no podrá salvar a todo el mundo, pero da lo mejor de sí para ayudarles, porque influyen más factores que no podemos abordar. Hermano mayor funcionaba muy bien con los chicos malcriados, consentidos y sobreprotegidos, sin embargo, no con toxicómanos. Tenemos el caso del chaval de Baracaldo que apuñaló a su abuela. Yo comenté que no debíamos cogerlo por su estado. En un caso de adicción al móvil, un hijo lanzó un martillo a su madre tras romper el padre su teléfono. Me enfade con el equipo por forzar esta situación de conflicto”.
“NO HAY FÓRMULAS MÁGICAS, SOLO EL SENTIDO COMÚN”
“No se puede culpar a los chicos por hacerlo lo mejor que saben. En el fondo no son malas personas, se comportan así porque no saben hacerlo de otra manera. No hay formulas mágicas en educación y prevención, solo el sentido común y llamar a las cosas por su nombre”, subraya.
