
Un total de 539 personas han fallecido en lo que va de año en España por ahogamientos, lo que supone 93 muertes más que las ocurridas en 2016, o un incremento del 20% más respecto al año anterior, cuando se produjeron 446 muertes en total. De los decesos ocurridos en este año a punto de concluir, 93 de ellos han sucedido en Canarias, según el informe preliminar de la Asociación Española de Técnicos en Salvamento Acuático y Socorrismo (AETSAS), lo que la convierte en la Comunidad Autónoma que más fallecimientos por ahogamiento ha registrado durante este año.
Le sigue Andalucía, con 76 muertes, 71 en la Comunidad Valenciana, 70 en Galicia, 52 en Cataluña, 33 en Baleares, 24 en Cantabria, otros tantos en Castilla y León, 22 en País Vasco, 19 en Asturias y también en Murcia. En Extremadura se registraron nueve fallecidos, siete en Aragón y en Castilla-La Mancha, cinco en Madrid, cuatro en Ceuta y dos en La Rioja y en Navarra, mientras en Melilla, ninguno.
En total, en todo el país se contabilizaron 980 incidentes con 1.256 víctimas implicadas. La mayoría de las víctimas mortales (un 75%) eran hombres, con un total de 431, frente a 108 mujeres que perdieron la vida en el agua. Solo 32 de los fallecidos eran menores de edad.
El informe destaca que el perfil mayoritario es el de un varón de 50 años que sufre un ahogamiento en el entorno marino. Además, un número significativo de los ahogados son de origen extranjero (casi uno de cada cuatro fallecidos). En cuanto a los niños, suelen sufrir incidentes en las piscinas domésticas y en casi todos los casos hay un fallo en la vigilancia por parte de los adultos, advierte el informe.
El estudio explica que el perfil de ahogamiento ha cambiado en los últimos diez años y la curva se ha ido desplazando hacia los adultos de más edad ya que “las playas se han llenado de personas mayores con escaso conocimiento de los riesgos”.
El documento señala que la evolución de los muertos por ahogamientos en los últimos años en España ha ido en aumento: 262 en 2013, 343 en 2014, 336 en 2015, 446 en 2016 y 539 en 2017.
Más del 43 por ciento de los incidentes se saldan con un resultado mortal, mientras que algo más del 20 por ciento es hospitalizado o necesita asistencia médica. El 30 por ciento se salda sin mayores consecuencias para las víctimas.
EL VERANO, LA ÉPOCA CON MÁS INCIDENTES
Durante los meses centrales del año es cuando se produce un mayor número de incidentes debido a la meteorología y a los periodos vacacionales, que impulsan el ocio acuático especialmente en las playas.
El 72 por ciento de los incidentes se produjeron en playas o en el entorno marino, un 18 por ciento en aguas interiores y apenas un 6 por ciento lo fueron en piscinas, en su mayoría, el 2,6 por ciento domésticas.
La mayoría de los ahogamientos ocurrieron en circunstancias en las que las condiciones del medio acuático eran buenas y poco más del 10 por ciento de los incidentes se produjeron cuando eran malas o por ejemplo con bandera roja.
La natación recreativa, es decir, el baño de ocio, es la principal actividad que realizaban las víctimas en el momento de sufrir un incidente de ahogamiento, lo que “puede ser un indicador de que se rebaja el nivel de atención en la seguridad personal”.
SOLO UNO DE CADA TRES ES ATENDIDO POR UN SOCORRISTA
En el 29 por ciento de los casos las víctimas fueron rescatadas directamente por los socorristas en servicio, pero en un 20 por ciento en los que estos intervinieron el avistamiento y la extracción del agua lo realizó un bañista u otra persona sin adiestramiento. En un 22 por ciento solo pudo rescatarse la víctima ya fallecida.
El estudio informa de que se considera que un consumo de alcohol similar al que daría positivo en los controles de tráfico tiene influencia negativa en la respuesta de las víctimas y “en muchos casos la presencia del servicio de socorrismo o de una persona entrenada en reanimación cardiopulmonar puede ser la diferencia entre la vida y la muerte”.
