
Con más de 50 años de tradición pastelera, Soto es sinónimo de calidad en Santa Cruz. Si durante todo el año sus dulces trabajos hacen las delicias de todo el mundo, en el periodo navideño la dificultad para elegir cualquiera de sus productos se multiplica.
Guillermo Soto, uno de los propietarios de la pastelería y responsable de la elaboración de la gran parte de sus exquisiteces, admite que el trabajo en estas fechas desborda cualquier previsión. “Solo en los días previos a Reyes podemos hacer y entregar más de 2.000 roscones”, cuenta.
Como muestra de la ingente tarea que afrontan en estas fechas, una vez pasadas las fiestas, la pastelería cierra durante unos días para reponer fuerzas. Y es que la lista de productos que se pueden degustar es lo suficientemente amplia como para que todo el mundo encuentre su favorito. “Ofrecemos productos típicos de Navidad, los de toda la vida, como pasteles, truchas de batata y de cabello de ángel, hojaldres, roscón de Reyes, brazos de gitano…”.
La oferta es tanto de dulces como salados, con los sabores que Soto trabaja todo el año, convertidos, por ejemplo, en troncos de Navidad. Uno de los productos estrella, indica el pastelero, es el pan de jamón. “Todo lo que lleva hojaldre es muy demandado y, especialmente, el pan de jamón, porque aquí lo hacemos totalmente distinto. Lleva jamón serrano y bacon, pero está envuelto en hojaldre en vez de en pan de bollería”, explica Soto. El precio de esta delicia es de 18 euros.
Y precisamente los precios es otro de los atractivos de esta pastelería. “Son muy competitivos, con productos de primera calidad. Por ejemplo, los troncos de Navidad están entre 14 y 18 euros, un precio que en otros lugares es más alto”, añade. “Nuestros productos son todos artesanos, fabricados aquí, en las mismas instalaciones, y no hay nada congelado, son todos productos frescos”, explica Soto, quien destaca que “algo que nos caracteriza es, por ejemplo, que cuando los clientes vienen a recoger el roscón, la gente se sorprende de que tenga que esperar un poco, porque se rellena sobre la marcha, al gusto. Esa es la dinámica. Lo que te llevas sabes que es fresco”, insiste.
Estos días, visitar la pastelería Soto, en el barrio de Salamanca, en la calle que da nombre al barrio, supone hacer un gran esfuerzo de contención. Con pasteles, truchas, 18 sabores de troncos de Navidad o los cinco (crema, nata, cabello, trufa y sin relleno) de los ya mencionados roscones de Reyes llenando sus vitrinas, hace difícil decantarse por uno solo de estos productos. Si a esto se une la posibilidad de tomar un café y un dulce, la tentación ya es irresistible.
Eso sí, Guillermo Soto recomienda reservar. “Te garantizas que vas a tener el producto en tiempo y forma y, aunque haya que esperar un poco, vale la pena”, concluye este pastelero, cuyo trabajo llena de aromas el barrio de Salamanca.
