
La periodista Marta García Aller (Madrid, 1980) presentó el pasado viernes en el salón de actos de Cajasiete, en Santa Cruz de Tenerife, su libro El fin del mundo tal y como lo conocemos (editorial Planeta, 2017), gracias a la revista La Gaveta económica, que dirige Antonio Salazar, y que se publica con DIARIO DE AVISOS. La escritora dialogó con este periódico sobre los grandes avances tecnológicos que están transformando nuestras vidas, y vaticina el fin de las cosas y de las ideas: desde el trabajo, la privacidad o la conversación.
-¿Le ha sorprendido el éxito que está teniendo el libro?
“Es una satisfacción. Percibí que existía la demanda de entender lo que está pasando y la necesidad de explicar mejor la tecnología. Llevo diez años haciendo información económica y política en El Independiente, y trabajo en el programa La Brújula de Onda Cero, donde hablamos de la economía de una forma muy divulgativa. La verdad es que llevar tanto tiempo ayuda a contar las cosas de forma amena y cercana”.
-El título del libro parece apocalíptico, pero tras leer la obra no vemos un futuro tan negro…
“Creo que es optimista, porque se acabe el mundo tal y como lo conocemos no quiere decir que el que venga no sea mejor. El mundo que conocíamos está lleno de defectos y los que nacimos y fuimos al colegio y a la Universidad en el Siglo XX, conocimos un mundo que está desapareciendo. Trasmito un mensaje para que cambiemos de mentalidad dirigido a todas esas personas que se sienten perdidas en esto de la tecnología, para las que cuando ya saben manejar el móvil se lo vuelven a cambiar, o cuando ya saben utilizar Facebook llega otra plataforma diferente y tienen que empezar de cero. Es una manera de acercar los cambios y abrir la mentalidad a todas las generaciones”.
-¿Entonces, es un libro para todo tipo de público y edades?
“El libro está pensado para ser accesible a todo el mundo, porque la verdad es que las respuestas no las tenemos todavía. Está siendo de mucha ayuda, y es algo que me hace especial ilusión, para gente joven a las que se les muestra otra forma de ver el mundo, porque no sabían lo que era la vida antes de Internet, de Google o de Facebook. Una generación que no tiene que cambiar la mentalidad, pero que no entiende la importancia de los cambios que están viviendo, pues no tienen con qué compararlos, toda vez que siempre han tenido un smartphone en el bolsillo”.
-¿Y, sobre todo, para explicar a nuestros mayores lo que ha pasado en los últimas décadas?
“Si. La manera más rápida es regalándoles el libro. He tenido la satisfacción de que se acercó en León una señora de 84 años a pedirme que se lo dedicara a su hermano, que cumplía 86, pues le interesaba mucho el futuro. La verdad es que me encantó, pues tienen todo el derecho a querer enterarse de lo que está pasando, y el mundo en el que sus hijos o nietos van a trabajar o vivir”.
-La tecnología ha avanzado tanto que somos incapaces de manejar la infinidad de aplicaciones de nuestro ordenador o smartphone. Hay gente que está reaccionando…
“Es una estrategia de marketing para vender más hacernos sentir culpables para que compremos el último modelo. No nos engañemos, la tecnología cada vez es más fácil de utilizar. Para manejar un ordenador en los años 80 o 90 prácticamente había que saber programar y aprender MS-DOS. Con Windows empezaron a llegar todas las interfaces que nos hicieron más fácil su uso. Ahora cualquiera puede utilizar un aparato, puedes darle un teléfono o una tablet a un niño de tres años y sabe como moverse, una cosa impensable hace años. Quizás un smartphone actual es mucho más sencillo de utilizar que aquellos primeros móviles Nokia. Cada vez es más sencillo utilizar la tecnología en un nivel básico y el reto está en saber los usos cada vez más complejos que tiene, pero creo que no hay ninguna edad correcta para entender esto. Conozco a mucha gente joven que está reaccionando contra la tecnología, que quiere vivir offline o se vuelve a poner de moda las tecnologías antiguas. La gente joven no creo que sea necesariamente mejor que los que tenemos más años. Creo que es una cuestión de curiosidad y de querer aprender”.
-Afirma que el gran negocio en la actualidad de Internet son nuestros datos personales…
“Lo cuento en el capítulo del fin de la privacidad. Renunciamos a nuestra privacidad, a veces involuntariamente, por no ser conscientes de que descargando una aplicación gratuita, cambiamos la misma por nuestros datos. Renunciamos a una parte de la privacidad voluntariamente a cambio de que nos hagan la vida más fácil. Puede que en el futuro ni siquiera exista la privacidad, pues no la consideraremos necesaria, ya que preferiremos entrar en una tienda en la que sepan quién somos o nuestros gustos, porque tendrán todos nuestros datos. Eso sí, las empresas tendrán que respetar las reglas del juego y ser transparentes para que sepamos qué datos les estamos regalando”.
-¿No debemos ignorar los riesgos que presenta la tecnología en la actualidad?
“Creo que el mayor riesgo de la tecnología es que la subestimemos. La tecnología nos está cambiando la manera de vivir, y a mí me interesa saber de qué modo nos cambia como sociedad, nos cambia la manera que tenemos de ser amigos, de enamorarnos, de trabajar, todo eso lo ha cambiado los móviles. Ya no trabajamos igual que antes de tener un smartphone, o un simple teléfono con WhatsApp, no nos enamoramos igual y las relaciones entre las personas han cambiado, ya que hay muchas apps que se utilizan para ligar, o las simples relaciones que se tienen digitalmente son casi tan importantes como las que se tienen en persona. Uno puede enfadar a otro por enviar un mensaje o por no responderlo inmediatamente. Creo que la mejor manera de acercarnos al futuro es preguntarnos en qué cosas estamos cambiando para poderlas entender. Creo que todos compartimos la incertidumbre de preguntarnos hacia dónde vamos. El libro invita a preguntarnos, ¿y todo esto cómo me está cambiando a mí?”.
-¿Cómo podemos aleccionar a nuestros hijos o nietos para enfocar su trabajo y vida futura pues las labores cada vez las hacen las máquinas?
“Es la pregunta que más interesa a todo el mundo, el futuro del empleo es el capítulo más importante del libro. Yo lo llamo el fin del trabajo, porque el trabajo tal y como lo conocemos está acabando. Habrá otros empleos, que quizás aún no han sido inventados, y llamaremos trabajo a otras cosas diferentes. Las tareas rutinarias que puedan hacerse mediante un algoritmo acabarán haciéndolas las máquinas, y nuestras vidas están llenas de tareas rutinarias, incluso en las oficinas hay trabajos que no aportan ninguna creatividad, que se basa en el aprendizaje de repetición y una máquina es capaz de procesar millones de datos por segundo. Nosotros somos mejores en todo lo que requiera creatividad, empatía, reaccionar ante imprevistos, en hacer al otro sentirse humano y escuchado, todo lo que requiera mirarse a los ojos y en los cuidados personales. Y también en los trabajos relacionados con el ocio, pues si nos dirigimos a una sociedad en la que tengamos que trabajar menos la preocupación será qué hacemos con todo ese tiempo. El entretenimiento será un gran mercado de trabajo”.
-¿Entonces deberemos aprender y reciclarnos?
“Sin duda, y es un grandísimo reto para la educación, pues debe tratar que los niños aprendan a ser creativos, a hacer todo lo que las máquinas no son capaces. Creo que en la sociedad del futuro vamos a ser novatos constantes. La innovación avanza de una manera vertiginosa. Lo que estamos aprendiendo ahora en la Universidad difícilmente nos servirá en 2040 o 2050. Las profesiones ya no serán para toda la vida, y vamos a tener que poner una mayor humildad, capacidad de adaptación y reciclaje. Tenemos que darnos cuenta de que la educación no es una etapa que tendremos que afrontar en la niñez y la juventud, sino durante toda nuestra vida, por tanto será importante la curiosidad y la capacidad. Lo que hagamos con toda esta tecnología depende de nosotros y tenemos la posibilidad de utilizarla para nuestro beneficio”.
-¿Nos hemos introducido en las redes sociales sin un libro de instrucciones y, en muchos casos, nos ha llevado a empobrecer nuestras relaciones?
“Nos hemos acercado a todo eso sin esa precaución, sin tener unas instrucciones de uso. Estamos alineándonos con gente que es afín y dejamos de seguir a gente discordante porque no queremos tener una opinión contraria. Corremos el riesgo de creer que vivimos en una sociedad plural, pero lo que realmente estamos creando son aldeas pequeñas de gente que piensa igual, así no agrandamos el mundo. Hay que hacer un esfuerzo para mantener y cultivar las relaciones en persona, con familiares y amigos, etc, con las que puedes discutir y no pasa nada. Y también hay que evitar que nuestras redes se conviertan en burbujas artificiales de gente que está de acuerdo en todo, pues de esa manera nos empobrecemos mucho”.
