Los fuertes vientos que han soplado en los últimos días han arrastrado gran cantidad de arena del desierto del Sáhara en dirección norte, concretamente hacia el este de Europa, un polvo en suspensión que ha teñido el cielo de varios países de un sorprendente (y poco habitual en esas latitudes) color naranja. El resultado ha sido un paisaje de aspecto marciano en lugares como Chipre, Rusia, Ucrania, Bulgaria y Rumanía.
En Creta, turistas y locales se despertaron el pasado jueves con una escena familiar para un canario, aunque surrealista para un cretense: la isla amanecía cubierta por una densa nube de polvo naranja sahariano traída por el viento desde el otro lado del Mediterráneo.
Ese mismo viento arrastró la arena del desierto hasta lugares tan remotos como Rusia o Ucrania, donde cubrió la nieve caída durante el pasado invierno y la tiñó de un excepcional color naranja, haciendo las delicias de los esquiadores.
Estaciones de esquí, incluida una en Sochi, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de Invierno en 2014, también han sido cubiertas por la extraña nieve marciana.
El color de la nieve y del cielo desconcertó por igual a esquiadores y lugareños, mientras que los meteorólogos aseguran que este fenómeno ocurre cada cinco años, según indica la Agencia Espacial Europea (ESA).

