
El Espacio Cultural de CajaCanarias de La Laguna inauguró ayer la exposición Entreluces. Andrés Rábago, aunque muchos lo conocerán mejor como El Roto, viñetista de El País. La muestra está compuesta por pinturas y grabados del artista madrileño, nacido en 1947, que abarcan más de 30 años de trabajo como pintor y cubren dos épocas distintas, “pero con continuidad. Buscamos un equilibrio, sin disonancias internas, a pesar de que las obras de la segunda época son más complejas”. Sobre la significación de su trabajo, el artista señala que, “en la sociedad actual, el aturdimiento por el martilleo de los medios de comunicación nos hace ser poco sensibles y mirar poco hacia el interior. En esta exposición se refleja precisamente ese espíritu dormido, se persigue despertar lo que ha sido aniquilado de nuestro interior”. DIARIO DE AVISOS tuvo el placer de charlar con el artista, que desveló que en la próxima feria del libro presentará un nuevo volumen, Contra muros y banderas, “sobre Cataluña”.
-Su obra recuerda a la pintura iberoamericana.
“Soy básicamente un pintor de canon occidental y, por lo tanto, parto de la pintura clásica, prerrenacentista, del gótico primitivo, de los primitivos italianos. Esa es, digamos, la raíz de donde parto. Después, naturalmente, a lo largo del tiempo vas teniendo influencias, absorbiendo el trabajo de otros pintores, otros estilos, otras lenguas. La pintura mural mexicana ha sido una gran influencia, sobre todo en la primera época de la exposición. Hay algunos cuadros que claramente la tienen. La última etapa ya se despega de todo eso y hay una personalidad más propia”.
-Centrándonos en sus viñetas, Juan Pedro Quiñonero dijo que su estilo es surrealista, con una estética del mal gusto de algunas escuelas americanas. ¿Cuáles han sido sus inspiraciones?
“Quiñonero, probablemente en esa crónica que hizo, creo que en ABC, se refería a la época de OPS, que más que surrealista pertenecía al territorio del dadá, que es una fase un poco alternativa. Ese mundo del Dadá siempre me ha parecido más interesante que el Surrealismo. Y sí es verdad que el primero tenía una influencia dadá y también, lógicamente, he conocido el cómic underground americano. La verdad es que he podido absorber infinidad de influencias. Pero la última etapa, la de El Roto, ya es una etapa autónoma, donde se desarrolla un lenguaje propio y una temática también propia que yo creo que no se había dado en el mundo de la prensa, que normalmente ha estado más ceñida a la política concreta, a la caricatura política, que yo siempre dejo un poco de lado. Me interesa más el sustrato de lo que está ocurriendo que lo que se ve en la superficie”.
-Sus viñetas tienen un cierto poso de tristeza, de resignación. ¿Se considera pesimista?
“No, para nada. Primero, no hay resignación en lo que expones. Sí que hay un punto quizás de enfado de lo que está pasando, pero no lo suficiente para que te ciegue frente a las posibles respuestas. Lo que pretendo es dejar en evidencia lo que estaba oculto detrás de lo que nos muestran. Esa es mi intención. Y no soy para nada pesimista. Es verdad que estamos en un momento casi trágico, no solo desde el punto de vista económico, sino por la destrucción sistemática del alma humana. Y por eso es por lo que me parece tan esencial poder complementar esta visión, quizás negativa de lo aparente, con ese otro territorio de la espiritualidad que nos puede salvar. Por eso mi trabajo se centra en los dos territorios con igual intensidad. Tanto el desvelamiento de lo que está ocurriendo como la apertura de espacios mentales y espirituales que nos puedan reequilibrar, superar la etapa en la que estamos”.
-La sociedad está automatizada. No sé si es que vamos muy rápido o parecemos borregos.
“Bueno, yo creo que cada uno tiene la capacidad y el deber de estar despierto y no dejarse arrastrar. Es verdad que la corriente de opiniones es muy potente, pero tenemos los medios para hacerlo. La desconexión de esos medios tan potentes es importante. Tener territorios de espacio personal, de silencio personal donde puedas desarrollarte es algo que todo el mundo puede hacer. Otra cosa es que eso requiere cierto esfuerzo. Pero merece la pena, ¿no? Tenemos un poco la sociedad que nosotros mismos creamos y, sobre todo, creo que cada individuo, esto es una cosa que para mí es esencial, es el dueño de su propio mundo. No hay un mundo que sea ajeno a su propia voluntad. Por lo tanto, podemos imponer nuestra mirada a aquello que estamos contemplando y transformarlo a partir de cada uno de nosotros. Cada uno tiene la posibilidad de transformar el mundo. A veces nos ponemos unas metas casi imposibles, queremos arreglarlo todo sin saber nada. Si creamos armonía en aquello que percibimos, que estamos viendo, en ese momento estamos equilibrando. Si no nos dejamos arrastrar por el torbellino y creamos ese eje, ese punto a partir del cual todo lo demás se estructura, estamos creando un mundo nuevo, que es nuestro mundo y que es un mundo real. Pero hay que hacerlo”.
-Es complicado, porque al final siempre nos dejamos llevar por las prisas, la rutina…
“Pero no lo vamos a hacer (sonríe)”.
-¿La tecnología actual está matando nuestra forma de comunicarnos alejándonos, no haciendo la función para la que fue creada?
“No está claro para lo que fue creada. Aparentemente son medios que se desarrollan de forma inevitable, pero también puede que haya una intencionalidad detrás de todo ello. No lo sabemos. En cualquier caso, sí que es evidente que la disfunción que está produciendo es cada vez más clara. Yo creo que algo que ya llevábamos diciendo algunos 10 o 15 años cada vez está más extendido y se hacen cada vez más obvias sus deficiencias y su peligrosidad”.
-¿Es difícil inspirarse todos los días?
“No, porque la realidad se produce todos los días. Por lo tanto, cuando tú te sitúas en un punto de mirada, ese punto de mirada produce una realidad concreta. Solo tienes que dibujar esa realidad que estás viendo. No es difícil, pero lleva sus años”.
-Usted, que publica en el periódico El País, ¿cómo ve el periodismo actual?
“A mí me gusta leer prensa, pero no conozco toda la prensa. Nunca ha tenido una calidad extrema. Siempre ha sido un medio con deficiencias, como se corresponde a un país que tampoco ha sido muy rico y no ha podido dedicarle el dinero que requiere. Un buen periodismo requiere mucho dinero y eso no se ha empleado siempre. No es que partamos de una edad de oro y ahora esté declinando, sino que nunca ha habido una edad de oro del periodismo, pero sí que ha habido siempre buenos periodistas. Singulares, pero buenos periodistas. El tono medio creo que es interesante, porque, sobre todo en la prensa de papel, que es la que a mí me interesa, aquello que está mal o donde intentan manipularte es más obvio, más evidente que en otros medios donde todo fluye y es más difícil mantener una mirada atenta. Digamos que tienen menos posibilidades de hacer trampa. O si haces trampa, es más fácil pillarte. Creo que la prensa es esencial y su desaparición, si no es intencionada, porque está por ver si no hay una intencionalidad en su desaparición, será bastante traumática.
-¿Qué es lo que más le asusta de la situación actual de España?
“Yo creo que ha habido un peligro grave que ha sufrido recientemente y es el tema de Cataluña. Es lo más grave que nos ha pasado desde el intento del golpe de Estado del 81 con Tejero. Desde entonces, esta es la situación más grave que han provocado los políticos, francamente descerebrados. Y esta situación ha creado una inquietud generalizada en el país. Eso es lo más grave que nos ha pasado. Lo segundo más grave es que no tenemos un Gobierno que haya sabido responder. Primero, prevenir que eso hubiese ocurrido y, segundo, dar respuesta política a la situación en la que estamos. Vivimos en un momento sin Gobierno y sin posibilidades de una alternativa inmediata, por lo tanto, la situación es relativamente peligrosa”.
– ¿Y del mundo?
“Tengo la sensación de que se está buscando una confrontación bélica a alto nivel. No sé si se va a producir o no, porque una confrontación bélica con unos medios actuales puede ser muy muy cruenta. Pero no descarto que pueda darse una confrontación a nivel mundial para evitar la decadencia del imperio y la emergencia de otro imperio. Ahora mismo estamos en una encrucijada”
– Estamos en unos momentos donde surgen extremismos. Además de Trump por un lado, Corea del Norte, por otro,…
“Corea del Norte no cuenta. Rusia y China son los grandes”
– Parece una situación de Guerra Fría…
“Es muy distinto. Estamos en una situación muy distinta y requiere unos análisis distintos. Hay anécdotas que aparentemente tienen atisbo de Guerra Fría pero es totalmente distinta. No tiene nada que ver. Ahora mismo se está caldeando el ambiente para una confrontación importante y hay que estar muy atentos para no dejarse llevar por esa confrontación, y mis dudas están en si Europa está en posición de no dejarse arrastrar hacia esa vorágine bélica”.
– Volviendo a España, ahora mismo estamos en un panorama donde el humor y el arte, respecto a la libertad de expresión…
“Te recuerdo que estamos con una exposición de pintura”.
– Sí, claro, pero en otros casos… ¿cree que hay censura o sencillamente todas estas polémicas que surgen de censurar algunas obras…
“Anécdotas triviales. No entro en ellas”.
-OPS utiliza un lenguaje mudo porque pertenece a una época (franquismo) donde el silencio se imponía de muchas maneras.
“No se podía hablar. La palabra no era libre”.
-Hablando de censura, ¿podría volver?
“No. Esa situación de dictadura no contemplo que pueda darse, para nada. Hay una cierta nostalgia de que realmente volviese. No sé si muchas de esas personas que dicen que vuelve el franquismo no sienten nostalgia, sino deseo de que vuelva. Hay una especie de inconsciente que está como buscando un pretexto para que vuelva y tratando de justificar eso que están diciendo. Pero yo no lo veo así”.
-¿Tiene alguna viñeta que usted considere que le haya creado algún problema?
“Ha habido alguna vez alguna historia, pero siempre han sido intrascendentes. Normalmente han tenido razón. Me parece que dos o tres veces he tenido que cambiar una viñeta, pero el director tenía razón, no era una viñeta conveniente en ese momento. Yo además nunca he sido un extremista”
– Dijo una vez que cada uno de sus pseudónimos corresponden a diferentes aspectos de la realidad. ¿Cuál sería la realidad de cada uno?
“Nos vamos a ceñir a OPS, El Roto y Rábago. OPS es el inconsciente, El Roto es el consciente y Rábago el supraconsciente. Son tres niveles de la mente, tres estructuras de la mente y cada uno crea una realidad distinta y en las que puedes estar en uno o en otro. Son como si te situases en un punto o en otro de la escala de mirada. Cada uno de ellos se corresponde con una realidad distinta”.
– ¿Hay alguna viñeta que no le guste porque no se identifique?
“No porque no me identifique, sino porque el lenguaje ha variado tanto que a lo mejor me encuentro más cómodo en el lenguaje gráfico actual que en otro que es un poco más primitivo, más tosco en la elaboración. Pero por eso, puramente. Luego hay dibujos de la época de los 70, ya de un protorroto, donde se inicia El Roto, que los textos son magníficos pero el dibujo no me gusta. Creo que el dibujo tiene que tener una calidad formal que no he adquirido hasta hace algún tiempo”.
– Dijo antes en la inauguración de la exposición que es muy complicado expresar con pocas líneas todo el contenido con frases concisas y cortas.
“Es una de las cosas más difíciles. Lo último que hago es el texto. Siempre. Dejo a lápiz un texto, hago el dibujo y luego vuelvo sobre el texto para darle la forma final. Y eso es lo más difícil de encajar, buscar la palabra exacta, la longitud exacta, quitar las que sobran, es un poco lo más complicado”.
– ¿Cree que su sentido del humor satírico para ver la realidad es para todo el mundo? ¿Ese lenguaje?
“Obviamente yo dibujo para todo el mundo. No soy elitista en ese aspecto. Creo que lo que hago puede ser entendido por cualquiera. De hecho es mi intención. No dibujo de forma críptica, es un dibujo muy abierto y sencillas las palabras. Es verdad que el sentido a veces puede resultar ambiguo, que hay que completar, pero esa es la riqueza del lenguaje. No puede ser demasiado plano, demasiado simple, tiene que tener un contenido suficiente que deba ser completado por el lector. El lector siempre tiene que aportar, sería lo ideal. No se lo das todo. Y también lo completa a su manera. Es un co-creador. Cómo entiende las cosas, hacia dónde las quiere llevar él. A veces hay dibujos que significan una cosa pero también puede ser aplicado a otra historia, a otra cosa que le haya ocurrido a él. Todo eso va creando un enriquecimiento de la capacidad analítica”.
– ¿A concienciar?
“Más que concienciar es no darle doctrina. Aportarle los medios para que pueda por si mismo entender la realidad”.
