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la laguna

La entrega de un médico durante la gripe de 1918

La plaza de Doctor Olivera reconoce la labor de Manuel Esteban Olivera durante la epidemia, por la que falleció

La céntrica plaza Doctor Olivera de La Laguna recibe su nombre en honor del antiguo director del Hospital de Dolores, Manuel Esteban Olivera, en reconocimiento por su labor durante la epidemia de la llamada gripe española que afectó a La Laguna en 1918 y por la cual falleció ese mismo año, celebrándose así este 2018 el centenario del fallecimiento de este doctor que “se caracterizó por su entrega absoluta”, destaca el cronista oficial de La Laguna, Eliseo Izquierdo.

Esta plaza se sitúa en el costado oeste de la iglesia de La Concepción y antiguamente era conocida como la plaza de Santa María de la Antigua. “Junto a ella discurría el camino procedente del puerto de Santa Cruz, que atravesaba la calle Herradores y continuaba hacia el interior de la Isla. No obstante, el mayor influjo de la plaza de La Concepción hizo que quedara como un espacio público secundario, de ahí que fuera conocida como plaza de allá o plaza del otro lado”, según información de la Fundación Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop).

Fue en 1918 cuando recibió su denominación actual, plaza de Doctor Olivera, en honor del médico Manuel Esteban Olivera, quien “nació en La Laguna, en 1844, y era médico titular de asistencias domiciliarias de la sanidad municipal”, relata Eliseo Izquierdo. “Se caracterizó por su entrega absoluta, hasta el punto de que, cuando la famosa gripe española de 1918, contrajo la enfermedad y le costó la muerte -continúa-. Don Manuel se entregó de lleno a aliviar las condiciones de vida, que, desde el punto de vista sanitario, eran pobrísimas en aquel momento”.

Su fallecimiento tuvo bastante repercusión en la sociedad de la época, celebrándose “un funeral en la catedral al que asistió el obispo, cosa que entonces era extrañísimo, y luego en el Ateneo de La Laguna, en su memoria y también en la de otro médico que murió entonces, Antonio Zerolo y Álvarez, hijo del poeta Antonio Zerolo, hubo una velada necrológica en la que intervinieron varios poetas de la época”, indica Eliseo Izquierdo.
Desde entonces, la plaza ha albergado la parada del mítico antiguo tranvía que unía La Laguna con la capital tinerfeña y, posteriormente, aquí también se ubicó la de las guaguas, convirtiéndose así en el centro del transporte en el municipio.

Es ya en el siglo XXI cuando la plaza alcanza el protagonismo que tiene en la actualidad gracias al Plan Especial de Protección del Centro Histórico de La Laguna, y la declaración de todo el entorno como Patrimonio de la Humanidad, por el que se peatonalizan la plaza y las calles que desembocan en ella, lográndose “un resultado notable de actividad comercial y social”, recoge Fundación Cicop, y convirtiéndose en “uno de los principales lugares de encuentro tanto de los laguneros como de los muchos visitantes”, apunta el cronista oficial.

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