
No ha pasado desapercibida al final de las Ramblas de Santa Cruz, en las inmediaciones del monumento a Franco, la existencia de un gran tocón, el tronco talado de uno de los laureles de Indias centenarios que jalonan esta vía y el paseo de la Avenida Marítima. La imagen es muy llamativa por la envergadura del tronco mutilado.
El árbol estaba enfermo y el Ayuntamiento decidió cortar por lo sano antes de que el viento provocara una tragedia, como la ocurrida la pasada semana en el parque de El Retiro, en Madrid, cuando la caída de un árbol causó la muerte de un niño.
No será el único ejemplar que haya que talar en la capital. Se han localizado otros árboles muy enfermos en el centro de la ciudad que agonizan por dos razones principales: la contaminación del tráfico y la mosca blanca. La tala es necesaria e inevitable, porque más vale prevenir que lamentar…
