Me equivoqué cuando pronostiqué que el Constitucional iba a tumbar la Ley de Islas Verdes. También pensé que la demanda de los ecologistas paralizaría la construcción del telescopio Cherenkov. Vaticinios basados en la experiencia de los asuntos que atañen en La Palma en los tribunales. Quizá estemos ante un cambio de tendencia. Crucemos los dedos, si es que una creencia o superstición sirve de algo. La Ley de Islas Verdes también tiene algo de intangibe, de fe y de esperanza, si se quiere. ¿Podemos creer que por modificar una ley de 2002 van a llegar inversiones turísticas que no lo hicieron durante los quince años anteriores? ¿Podemos tener esperanza en que estos cambios legislativos van a permitir que La Palma desarrolle de una vez su potencial turístico, que existe sin que se produzca el apocalipsis que parecen pronosticar los que se oponen drásticamente a cualquier movimiento que suponga algo de desarrollo para la Isla, incluyendo el científico y tecnológico en el Observatorio del Roque de Los Muchachos? En el terreno de las creencias no hay garantías. Si nos llevamos por las probabilidades, lo lógico es pensar que aquí no se mueve nada. Pero tampoco pensé que prosperara la Ley y lo hizo. A pesar de la escasa fe y esperanza en que las cosas cambien, habrá que darle una nueva oportunidad. Tal vez la última, porque si en estos próximos años la economía no se diversifica en La Palma con un sector turístico más potente tendremos que vivir de la tercera virtud teologal: la caridad.
