
Regular el acceso a Buracas es el camino para evitar que continúe el deterioro que sufre este emblemático paraje de Garafía, donde la potencia de la naturaleza comulga con la huella arqueológica y etnográfica que ha dejado a lo largo de los siglos la presencia del ser humano en este enclave, que hoy recibe una tromba de visitantes de forma indiscriminada y sin ningún control.
Para ordenar esta situación, el Cabildo tiene previsto convertir un inmueble del núcleo de Las Tricias en el Centro de Visitantes de Buracas. Así lo confirmó el consejero de Cultura y Patrimonio del Cabildo, Primitivo Jerónimo, después de desechar otras opciones por las dificultades para adquirir la propiedad, que en este caso es de la Fundación del Patrimonio de Garafía.
Un centro que permitirá regular el acceso a este espacio a través de visitas organizadas para conocer un paraje que encierra un “conjunto arqueológico y etnográfico”, localizado en el tramo inferior del barranco del Corchete”, como destaca el arqueólogo y jefe de Patrimonio del Cabildo, Jorge Pais, quien subraya además la presencia en el entorno del “dragonal más importante de toda Canarias”. A su juicio, “salvando Los Tilos, el volcán de San Antonio y La Cumbrecita, es de los lugares más visitados de La Palma”.
La regulación del acceso a este espacio permitiría también que los vecinos de la zona se puedan beneficiar de su gestión. Porque, en la actualidad, la masiva llegada de turistas, lo que les está generando son “molestias”. “Así conservas el entorno natural y el patrimonio, y la gente de allí puede tener un rendimiento, porque ahora mismo lo que le están ocasionando son molestias de todo tipo, como el robo de fruta”, comentó Pais.
El también director del Museo Arqueológico Benahoarita ha sido una de las voces que ha clamado ante la “avalancha” que sufre este espacio y el deterior al que se está sometiendo, con el destrozo y robo incluso de piezas prehistóricas y etnográficas. Visitantes que en muchas ocasiones se convierten en residentes temporales en la cuevas, algunas de ellas vaciadas de todo su contenido prehistórico.
El hecho es que Buracas fue un asentamiento prehispánico “sumamente interesante, ya que está formado por varios poblados de cuevas naturales, tres grupos de petroglifos de motivos geométricos y varias necrópolis”. El investigador señala que el yacimiento arqueológico fue descubierto en 1941, al mismo tiempo que los grabados rupestres de La Zarza y La Zarcita. “Forma un poblado de cuevas dispuesta en tres pisos que ocupan toda la altura del caboco”.
Entre las razones que, a juicio de Pais, explicarían la presencia humana en este entorno con una densidad importante, se encontrarían: “la benignidad del clima; su posición estratégica a medio camino entre la costa y los campos de pastoreo estivales; la abundancia de agua y la proximidad del mar que les permite obtener abundante alimento en verano, cuando escaseaban otras viandas”.
En lo que se refiere a los petroglifo, tienen una temática geométrica, destacando los grupos de las espirales y meandriformes, ejecutados con la técnica del picado. Unos grabados que han sido objeto de alteración (“los rellenaban de barro, o repasaban”) e, incluso, ha habido intentos de robos.
Pero el interés de Buracas no es solo arqueológico, destaca Pais, sino también etnográfico. “Las cuevas han sido intensamente reutilizadas hasta nuestros días debido, fundamentalmente, a la presencia de dos puntos de agua permanente a los que acudía la gente, incluso, de otros municipios aledaños”. “El trasiego de personas y animales fue tal que las fuentes se acondicionado con depósitos, dornajos y piletas”. Alguna de estas piezas ha sido también objeto de lo ajeno, como un dornajo de grandes dimensiones que desapareció. “Hoy, los más probable, es que sirva de jardinera en alguna casa”, lamenta.
