Addoor Sticky
otras coordenadas

Revolución y reforma

Estamos en un momento de encrucijada, donde han desaparecido las certezas. Coinciden en la fecha, el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, con el 50 aniversario del Mayo francés del 68 y en Europa unimos el brexit con nuestros nacionalismos catalán y vasco. España ingobernable bajo la eclosión del cuatripartito y los nacionalismos. El “marxismo” de la revolución y caída del muro de Berlín, vuelve a mostrarse como profecía equivocada, capaz de seducir a cada nueva generación. Señala Raymond Aron (1905-1983) que el comunismo es una “teología sustitutiva”, droga para intelectuales que relevó al cristianismo, como religión laica. Donde la iglesia es la clase obrera, los clérigos los intelectuales del partido, el demonio el empresario, el camino la lucha de clases, el martirio la represión capitalista y el “paraíso en la tierra” la sociedad igualitaria, una vez sustituido el capitalismo por el comunismo sin clases. Infantil.

Esta doctrina simplista ha sido responsable de las mayores catástrofes humanas de la historia. De las que ya Eduard Bernstein (1850-1932), padre de la socialdemocracia alemana, renegó. El revisionismo que propugnaba dudaba del materialismo dialéctico, de las fuerzas de la historia, de la teoría de la plusvalía y la lucha de clases. Apostaba por una evolución pacífica de la historia, negando la inevitabilidad de ser modificada. En la actual era del conocimiento, la historia del capitalismo se renueva. La clave reside en el desarrollo de las ideas, sujetas por la dignidad e igualdad ante la ley. Donde la innovación es el motor del sistema libre, no la “acumulación del capital”, que es su resultado. La propiedad y el marco jurídico eficiente no bastan, se debe actuar con instituciones eficientes, que sirvan a la creación de la riqueza. El problema reside en que las nomenclaturas públicas, han raptado al Estado y con escasa utilidad. Apartándose del servicio al ciudadano, que ha optado por cambiar seguridad por libertad. Ilógico.

Decían en mayo del 68, “Prohibido prohibir”, “Sed realistas y pedid lo imposible”, “La imaginación al poder”, “Haz el amor y no la guerra”. Crisis sociológica en la posguerra mundial, con la emergencia de la nueva clase media, prosperidad económica, explosión demográfica, emigración urbana y rebelión juvenil. Mayos en Francia, Checoslovaquia, Estados Unidos, México, Berlín, Japón y España. Al fondo la guerra de Vietnam, última guerra colonial y de bloques. No fue el 68 una verdadera revolución política, sino social. Respuesta a la esclerosis de lo antiguo. Donde no sólo se defendía al individuo y el sexo libre, sino el “derecho a hacer lo que apetece”. Este hedonismo político es padre del relativismo de hoy. De la época, las aportaciones del filósofo berlinés Herbert Marcuse, capaz de sintetizar el pensamiento de Marx con el psicoanálisis de Freud. Inaudito.

El liberalismo apoya el poder en el individuo, el marxismo, en el Estado. Los neomarxismos, sustituyen igualdad por identidades, de género, lengua, cultura, ecologismo, pacifismo, animalismo, etc., generando conflictos sobre emociones, que fragmentan la sociedad y anulan al ciudadano. Vemos es estos días el fracaso del gradualismo argentino, luego del fracaso peronista anterior. Con él Macri se opone a la revolución, al entender que el cambio social puede lograrse con pequeñas y discretas mejoras. Parece que no ha sido capaz de entrar en una reforma que revierta el desequilibrio del gasto público y sus clientelas. Argentina tampoco funciona porque penaliza las exportaciones agrarias y cobra el IRPF por facturación y no por beneficios, con lo que las clases medias no pueden prosperar. Lo que quieren hacer en España con las grandes multinacionales. Imposible.

TE PUEDE INTERESAR