Arte, fe y tradición se dan la mano en Mazo cada Corpus Christi. Una festividad en la que los vecinos de la Villa sacan todo su talento, en un esfuerzo colectivo, para elevar bellos diseños al cielo de La Palma con los característicos arcos que distinguen a esta celebración de cuantas tienen lugar en el resto del país. Diseños confeccionados con todo aquello que ofrece la rica naturaleza insular: semillas, flores, tierra, musgos, etc, liadas con la poliada, el pegamento natural que une cada una de las piezas de estos laboriosos puzzles.
Después de una intensa madrugada de trabajo para ultimar los pasillos que forman el recorrido del Corpus, sobrellevada al calor de la amistad, una taza de chocolate caliente o un vasito de mistela, Mazo lucía en el día de ayer con todo su esplendor, mostrando con orgullo a los centenares de visitantes que recorrieron sus pronunciadas calzadas lo que es capaz de forjar este pueblo cuando se pone a trabajar y crear junto.
El colorido y la formas que adquieren la delicada conjunción de elementos de la naturaleza detallan aspectos de la religiosidad que refleja esta celebración, cuya expresión macense está declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional. Símbolos relacionados con la fe cristiana dominaban los dieños confecionados en los arcos, mientras que el hermoso tapiz del Corpus era una representación del enclave de Los Molinos de Bellido, en Santa Cruz.
Como es tradicional, por la tarde se celebraron los actos principales de la jornada, que comenzaron con el Concierto del Corpus Christi, ofrecido por la Banda de Música Arecida de Villa de Mazo. A continuación tuvo lugar la eucaristía y, a su término, la procesión por el casco macense, haciendo parada en los arcos que trufan las vías empedradas de la Villa (Montes de Luna; Tigalate; Lodero; La Rosa; La Sabina y Lomo Oscuro; Malpaíses; El Pueblo y Poleal; Monte Pueblo; Callejones; Tiguerorte; San Simón; Monte Breña; Monte, y el Colegio Princesa Arecida) y el imponente tapiz.

