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sociedad

Sandra y Cristina, el empoderamiento de las curvas y el reencuentro con la valoración personal

Las Curvys palmeras y su imagen pública, han actuado como un elemento de empoderamiento femenino para las que tenían una imagen de sí mismas durante casi toda su vida, muy distinta de la actual
Sandra es una de la curvys palmeras que ha visto como su percepción sobre sí misma ha cambiado gracias al proyecto. | DA

Sandra Barreto trabaja en la sanidad pública como técnica de Rayos, tiene 44 años y dos hijos y hasta que no llegó al cada vez más popular proyecto de las Curvys palmeras y su calendario, no enseñó sus piernas. “Nunca llevaba falda”. Sencillamente no quería enseñar las piernas en una forma de entender y aceptar su cuerpo que no tenía otra explicación que su autoestima. Sus piernas ahora son conocidas. Tanto es así que las luce con orgullo en las imágenes del calendario, tanto en el que salió a la calle bajo el sello del genial y premiados fotógrafo palmero Emilio Barrionuevo en diciembre del pasado año, como en el que se prepara para este próximo invierno. Las Curvys y su imagen pública, más allá del proyecto visual, ha actuado como un elemento de empoderamiento femenino para las que, como Sandra, tenían una imagen de sí mismas durante casi toda su vida, muy distinta de la actual. No solo ellas, también sus padres, sus maridos, novios e hijos, sus amigos y vecinos.

Casadas, solteras, con pareja o sin ella, con hijos y sin hijos, con más y menos peso, rubias o morenas, tímidas y extrovertidas. Todas han ganado un plus con este proyecto que tiene una faceta solidaria con la donación del 20% de la venta de los calendarios a una entidad sin ánimo de lucro, el próximo año relacionada con un proyecto para personas con autismo. Sandra llega a la cita con DIARIO DE AVISOS tras una guardia de 24 horas en el Hospital General de La Palma, y reconoce frente a un café con leche que “a mi no me gustaba mi cuerpo y ahora me gusta”. Cuando mostró las fotos del calendario a su padre, de 80 años, “no me reconoció”, se ríe. Ojos grandes, pelo rizado, exultante y llena de energía, lo que más le enorgullece de la iniciativa a la que llegó por casualidad tras una conversación entre algunas de las mujeres que se presentaron al casting del Isla Bonita Moda, es “que se me haya acercado gente para darme las gracias porque tiene un familiar con trastorno en la alimentación, o que una madre y su hija, también con este grave problema, nos hagan ver el trabajo de concienciación que estamos logrando”.

Cristina es una de las curvys y promotora del proyecto, que en diciembre de este año sacará a la calle su segundo calendario. |DA

El caso de su compañera, Cristina Navarro, uno de las que está al frente del proyecto, es distinto. Cristina es enfermera, madre de dos hijos y administradora de paginas webs además de modelo publicitaria y reconce que lo que para ellas es un hobby y un entretenimiento que las ilusiona, tiene un componente de exposición pública que no siempre es bien entendido en casos muy concretos que se echan a la espalda. Ella misma fue la encargada, antes de lanzarse definitivamente al proyecto y fotografiarse en ropa interior, de advertir a todas las mujeres del grupo de lo expuestas que ibán a estar y de los prejuicios a los que podían enfrentarse. Sean muchos o pocos, lo cierto es que esta curvys, precursoras de un proyecto que tiene visos de continuidad y que sigue contando con el objetivo de Emilio Barrionuevo, al que pidieron que se sumara al proyecto, inundan de optimismo el espacio privado y colectivo. Entre los casos más llamativos y entre sus historias personales recuerdan, como un rasto de empoderamiento femenino en el hogar, el papel predominante que una de sus compañeras, también casada y con hijos, ha pasado a jugar dentro de su familia tras una vida matrimonial en la que “siempre dependía y atendía a su marido”. Tanto han cambiado las cosas que “ahora ella lidera y el marido la acompaña siempre que puede”.

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