He tenido ocasión de realizar visita científica al Drago de Icod, acompañado por Álvaro Fajardo, icodense que lo promueve, y el técnico agrícola que lo cuida, Juan Manuel Luis Zamora. Dicen los que lo conocen que, una vez que entras en él, te cautiva de por vida. Este singular pie arbóreo hunde sus raíces en los tiempos y leyendas. Solo dos dragos en Canarias, el desaparecido de Franchy, en La Orotava (1867), y el de Icod, ofrecen a su interno una cueva, originada en su crecimiento. Pies singulares que por condiciones de suelo, clima y protección, en la franja xerófita subtropical, han conseguido estos portes inauditos e irrepetibles, mantenidos durante milenios.
La edad del Drago no puede datarse con técnicas de ADN. En 1907, un grupo de naturalistas suizos lo dató en 2.500 años, otros lo llevaron hasta 3.500. De la época de la Conquista de Tenerife (1496), alguna fuente cita la rendición de los menceyes guanches bajo su sombra. La de un drago singular, tótem de estas “culturas animistas”, hace ya 522 años. Desde la botánica, alguna tesis ha tratado de ligar la edad del Drago con el número de desarrollos florales, 23 en el Drago de Icod. Cuando dragos en Gran Canaria, Las Meleguinas y Telde, con portes menores, tienen 27 y 26. Mejor referencia de edad la ofrecen las cuevas internas, que en Icod tiene 5 metros por 2,5 y 4 de altura, en orientación norte-sur. El Drago de Icod tiene 20 metros de perímetro en base, 20 metros de diámetro en copa y 20 metros de altura total. El botánico americano Kenneth Allen en 1984-1985 planteó una operación esencial para su conservación, situando a su interior un extractor de humedad, que, con los tres huecos del tronco, permiten mantenerlo seco y estable, la humedad al 80% y la temperatura, a 18-24º, y equilibrar insectos y plagas. Su vida adulta es seguida por técnicas agrarias, fitosanitarias y botánicas. Esencial mantener, bajos niveles de riego, ruidos y luminosidad nocturna. El Drago de Franchy murió por exceso de riego y falta de cuidados.
El drago crece con raíces aéreas desde la primera floración, donde sus “abundios” construyen el cuerpo del tronco y raíces, formando la cueva interior. Un ciclo en continua regeneración que nos acerca al mito de la “inmortalidad”. Es una especie vegetal de compleja sistemática. En el género Dracaena, con 60 especies y seis de dragos. En la Macaronesia, Dracaena draco (1767) y Dracaena tamaranae (1998), y en la zona del Mar Rojo, Drago de Nubia (1867), Drago de Somalia (1877), Drago de Socotora (1882) y Drago de Saba (1894). Se extiende lo simbólico en el arte y la medicina, desde la Edad Media incluso antes de la Conquista, donde se explotaba la “sangre de drago” como remedio medicinal, cicatrizante, para dientes, encías y hemorroides. Hoy la ciencia ha descubierto sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antivirales.
Su permanencia se debe a siglos de cuidados humanos. Ya en fechas anteriores a la Conquista, dado su carácter de icono religioso. Simbolismo que se mantiene en la ley de símbolos canarios, donde el drago es la especie vegetal de Tenerife. Figura en ocho escudos de municipios, La Gomera (Alajeró), La Palma (Barlovento, Breña Alta y Puntagorda), Gran Canaria (Valsequillo y Moya ) y en Tenerife (La Orotava e Icod), dos titanes vegetales de Canarias. En 1917 fue declarado Monumento Nacional y hoy está en marcha su declaración como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, como Bien Natural Vegetal, que se uniría en Canarias al Garajonay (1986), La Laguna (1998), el Teide (2007) y el silbo gomero (2009). Antonio Fleytas, desde el CIT de Icod; el alcalde José Ramón León y la senadora de Icod, Isabel García Luis, mantienen la iniciativa de su sociedad civil y desde el “corazón del drago”.
