
El restaurante La Chalana, en plena Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma, y a menos de cincuenta metros de la playa, es uno de esos negocios que, de no existir, habría que inventar. Un restaurante especializado en pescado y marisco puesto en marcha por dos hermanos, Mauro y Maggy, en el que la pequeña de la casa también participa como cocinera jefe y para el que la mejor promoción ha sido, hasta ahora y en su todavía joven vida, “el boca a boca de los clientes, de los de aquí y de los extranjeros, que o bien regresan o dan referencias a nuevos visitantes en su lugar de origen”.
La Chalana es el segundo restaurante que Mauro Rodríguez Cabrera y Maggy Rodríguez Cabrera ponen en marcha con una fórmula marcada por la sencillez, grandes dosis de esfuerzo diario, una atención permanente y cercana al cliente. Ahora en La Chalana, con una cocina basada en los productos frescos del mar y llegados al restaurante, cada día, desde el mismo puerto pesquero de Santa Cruz de La Palma.
“Esta es una aventura en la que hemos puesto todas nuestras fuerzas” cuenta Mauro junto a Maggy, mientras es abordado por un pescador que interrumpe la conversación porque trae prisa y el camarón fresco, recién salido del mar y directo, en unas horas, a la mesa de los comensales de La Chalana.
La historia de estos dos hermanos emprendedores, pero también del resto de su familia, es de coraje. En plena crisis, cuando corría el año 2005 y los temores de que la crisis económica fuera a peor, pusieron en marcha El Cuarto de Tula, uno de los lugares de tapeo más populares de Santa Cruz de La Palma, a solo 200 metros de La Chalana y ahora hermano mayor de La Chalana.
Aquellos fueron tiempos difíciles en los que había que apostar, con un espíritu combativo y con la ayuda de las manos de la madre de ambos, que también estuvo en aquellos inicios entre los fogones de la cocina y que siempre, como el padre, ha sabido que lograrían sacar adelante todo lo que se propusieran. Mauro y Maggy no paran ni un minuto. Trabajan sin parar para seguir conquistando el paladar de todo el que llega a La Chalana. No resulta difícil: las morenas, las viejas, la sama y los ureles, los medregales, el mero y abadejo, en una carta donde no pueden faltar las sardinas ni la sopa de pescado, hacen que todo sea fácil y natural.
Sin secretos y con mucho sabor
“No hay secretos en las recetas, son las recetas de siempre con un producto de primera calidad y la gente, tanto el residente como el turista extranjero o el de las islas se va satisfecho, es lo que intentamos cada día porque esa es nuestra mejor promoción”. Así lo explica Maggy, que recuerda casi con nostalgia, las noches en las que, tras jornadas intensas de un trabajo agotador, y ya intentando desconectar, recordaba un último detalle para el día siguiente que era de inmediato compartido con su hermano. Ambos aseguran haber encontrado su lugar en los que ahora son sus negocios, producto de mucho trabajo y para los que se requiere, eso no ha variado, esfuerzo. El trabajo es ahora más relajado, más tranquilo, y La Chalana un lugar apacible como las bonanzas de septiembre y con sabores a mar. Durante el verano, la mayoría de los clientes son nacionales, pero durante el invierno, temporada alta para la restauración por la recepción del turismo centro europeo y nórdico en un clima amable donde mandan las temperaturas suaves, predominan los comensales extranjeros, más del 50% según explica Mauro. Terraza exterior e interior, en un edificio emblemático del casco histórico de Santa Cruz de La Palma y en primera línea de la Avenida desde la que se contempla el mar, son otros alicientes de este rincón para encontrarse con la gastronomía ligada a la tradición marinera de la ciudad.
