
“El otro día llevamos a la playa a una señora en silla de ruedas que hacía años que no tocaba el mar. Desde que sintió el agua en su piel, mojándole con un cubito de plástico, comenzó a llorar; eran lágrimas de agradecimiento, emocionó a los voluntarios”, relata José Luis Camisón, coordinador comarcal de la Asamblea de Abona de Cruz Roja, cuando le preguntamos por los programas que desarrolla la ONG con los mayores en el sur de Tenerife.
Los ejemplos rescatados del día a día constituyen la mejor respuesta a la hora de valorar la dimensión del servicio que prestan los voluntarios con personas que, en la mayoría de los casos, no tienen con quien entablar una mínima conversación, ni nadie que les pregunte al menos cómo están. Son confesiones que traslucen historias cargadas de sentimientos.
“A otra usuaria de Arico, reacia a salir su casa, que llevaba 30 años sin ver a las amigas de su juventud porque vivían en la zona más alta del municipio, le preparamos un encuentro sorpresa y conseguimos reunirlas para tomar café ¡después de 30 años! Te puedes imaginar la alegría y la emoción de todas. Desde entonces, doña Pura es la primera en participar en todas las actividades y excursiones y hasta se ha comprado una libreta para anotar el día y la hora de las actividades que realiza Cruz Roja”.
Las experiencias de calado humano se escriben a diario en el servicio de atención a los mayores, una de las prioridades asistenciales de Cruz Roja. “Podría llenarte un libro de anécdotas con las actividades que realizamos con ellos”, asegura el coordinador, “como una usuaria de 92 años que cada vez que recibe una llamada de alguna compañía de telefonía móvil para ofrecerle un servicio, lo primero que hace es llamarnos para que la orientemos, porque dice que solo se fía de Cruz Roja”.
POBLACIÓN ENVEJECIDA
La ONG llega donde no llegan las administraciones. Con una población cada vez más envejecida, un considerable déficit de plazas residenciales y centros de día saturados, cada vez son más las personas mayores que viven solas, y muchas, además, con algún tipo de dependencia. “A esta edad lo peor no es vivir sola, sino sentirme sola”, aclara una usuaria, que pone el dedo en la llaga con el ritmo de vida que marcan los nuevos tiempos. “Mis hijos viven aquí al lado, pero están todo el día fuera, trabajando, sin un rato para venir a verme”, lamenta. Camisón corrobora que este tipo de situaciones se repiten con demasiada frecuencia en el Sur y en el resto de la Isla. “Son personas de avanzada edad que, en muchos casos, viven con los hijos, pero se sienten solas porque, aseguran, nadie tiene tiempo para estar con ellas”.
“Esta es la premisa que le da todo el sentido a nuestro trabajo: que las personas mayores sientan que tienen muchas cosas que hacer, que dar, que vivir, y sobre todo que noten que nos encanta escucharles y conocer sus experiencias y sabidurías”, confiesa el responsable comarcal de Cruz Roja.
Actualmente la institución humanitaria atiende a 300 mayores en los cinco municipios de la comarca (Arona, Granadilla, San Miguel, Arico y Vilaflor), que participan en actividades de ocio como excursiones, bailes, fiestas de carnaval, visitas a museos, recorridos guiados por la Isla y, ahora en verano, el producto estrella: la playa, en El Médano y Las Vistas (Los Cristianos).
MAYORÍA DE USUARIOS PRIVADOS EN EL SERVICIO DE TELEASISTENCIA
Los 300 mayores que atiende Cruz Roja en la comarca de Abona cuentan con servicio de teleasistencia, que va mucho más allá de la respuesta de un operador desde la centralita cuando recibe una llamada. “Es una atención que tiene un plus de humanidad”, apostilla José Luis Camisón. De hecho, el voluntariado conoce personalmente a cada uno de los usuarios y se desplaza a los domicilios cuando las circunstancias lo requieren. Además, les acompañan a las visitas médicas, al banco, a realizar la compra o a cualquier otra gestión fuera de su domicilio.
Últimamente, han aumentado las solicitudes privadas que demandan el servicio de teleasistencia, cuyo coste ronda los 25 euros al mes. Tal es así que el número de los usuarios privados ya supera las atenciones requeridas por los ayuntamientos.
Los voluntarios destacan, sobre todo, el “agradecimiento infinito” que encuentran en las personas que atienden. “Siempre te lo dicen, pero casi no hace falta, porque lo transmiten con su mirada, con una sonrisa o cogiéndote la mano, esa es nuestra mayor recompensa”, aseguran. A todos ellas Cruz Roja les ha cambiado la vida.
