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ECA, la ‘sombra amiga’ de las personas con enfermedad mental grave

El Equipo Comunitario Asertivo (ECA) brinda atención a afectados por patologías psíquicas allá donde lo necesiten desde hace 13 años, tiempo en el que mantiene bajo su mirada a 900 pacientes
El joven que vive en las calles del barrio de Salamanca es uno de los casos que el ECA ha valorado a petición de los servicios sociales de Santa Cruz. | Foto: Sergio Méndez
El joven que vive en las calles del barrio de Salamanca es uno de los casos que el ECA ha valorado a petición de los servicios sociales de Santa Cruz. | Foto: Sergio Méndez

Ha vuelto al barrio de Salamanca. Camina cabizbajo, agarrándose un pantalón que se le cae, y, de manera obsesiva, recorre el puente de un lado a otro. Permanece horas sentado, con un café que consigue de los bares de la zona, a los que también pide comida de vez en cuando. Hace dos años también convirtió las calles del céntrico barrio capitalino en su hogar, un tiempo en el que su actitud agresiva provocó que acabaran interviniendo las autoridades. Su aspecto desaseado y su ensimismamiento lo delatan. Tiene problemas. No pide ayuda, pero la recibe igual.

La Unidad Móvil de Acercamiento (UMA) del Centro de Atención de Acogida (albergue) de Santa Cruz, a donde acude de vez en cuando, después de un primer contacto, solicitó apoyo para él a través del Equipo Comunitario Asertivo (ECA) del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, un servicio especializado en el ámbito domiciliario para la atención, seguimiento y cuidados integrados de las personas con discapacidad por trastorno mental grave y persistente. “No es un dispositivo orientado para asistir a las personas sin hogar, cuidamos de cualquier persona que tenga trastornos psicóticos. Esa es la clave del asunto, ahí se incluye la esquizofrenia, trastornos bipolares y de ideas delirantes o paranoias. Somos elitistas, solo atendemos a los que están rematadamente locos”. Así, entre sonrisas, desdramatiza el psiquiatra Cecilio Hernández, coordinador del equipo ECA, el trabajo que vienen desarrollando desde hace ya 13 años los tres psiquiatras, 11 enfermeros y cuatro trabajadores sociales que lo componen.

DIARIO DE AVISOS se interesa por el funcionamiento de esta unidad que mantiene en su órbita de atención a más de 900 pacientes y que ha diagnosticado a miles de personas. Recuerda Hernández que “el que una persona tenga una enfermedad mental no la incapacita ni le obliga a estar en un centro especial”. Y es que ese es el trabajo del ECA, atender a las personas con enfermedad mental allá dónde se encuentren. “Somos un servicio de atención domiciliaria y si el domicilio es un cajero, allí vamos”, añade el coordinador.

El mismo día que DIARIO DE AVISOS habla con parte del equipo del ECA, otros miembros intervienen con el joven del barrio de Salamanca. “Cada dispositivo tiene su tiempo de intervención y el objetivo es mejorar el estado del paciente”, detalla Hernández. Gracias a la “directa y fluida” relación que mantiene el equipo con el Centro Municipal de Acogida y la UMA, “ellos detectan estos usuarios en la calle y nos contactan, primero por teléfono. Luego nos mandan una comunicación por escrito y empezamos a trabajar”, explica Leila Pérez, trabajadora social. Junto a ella, Javier Rodríguez, enfermero, también miembro del ECA.

Cualquier intervención, ya sea en la calle, en un domicilio o en una consulta, tiene un protocolo de actuación concreto. “Por lo general, es una unidad de salud mental la que considera que hay una persona a la que le vendría bien recibir atención más continuada y nos avisa. Ese es el protocolo normal, pero tenemos las puertas abiertas a que nos puedan llamar instituciones como la UMA”, explica Hernández.

El equipo asiente ante las palabras del psiquiatra, que recuerda que cuando alguien tiene una situación aguda, se ingresa en un hospital, y se intenta mejorar su estado de agudeza clínica, aunque “la mayoría de los pacientes tiene síntomas crónicos”. “Una vez remitida la repercusión emocional de los síntomas -continúa el coordinador del ECA-, se le da el alta”. Pone un ejemplo. “Si una persona oye voces, es posible que las oiga cuando habla contigo. El problema surge cuando se desestabiliza, cuando esas voces repercuten emocionalmente y ya no las controla, cuando le superan”. “Es entonces cuando el paciente ingresa en la unidad de internamiento breve de los hospitales. Allí, por lo general, remite la repercusión y se estabiliza”, añade.

Cuando no se consigue que el paciente se estabilice del todo, “pasa a la unidad de subagudos de ambos hospitales, para que terminen de mejorar”. Allí pueden permanecer entre tres y seis meses. El objetivo: “Que se rehabiliten, que recuperen funciones perdidas y una vez estables, entramos nosotros”. “Si vive con la familia y quiere que vayamos a verlo periódicamente, lo hacemos, si no tiene familia y necesita un piso, intentamos encontrarle uno, y si el deterioro hace imposible que viva autónomamente, entonces se les ofrece una plaza en una de nuestras minirresidencias, donde estarán atendidos 24 horas, en lo más parecido posible que van a tener a un hogar”.

En este punto, Cecilio Hernández descubre uno de los secretos del éxito en la atención a personas con enfermedad mental, el vínculo. “Es muy importante establecer un vínculo, esa es la clave. Si tenemos a la persona vinculada a nosotros, a nuestra atención, aunque decidiera no tomar la medicación, siempre sabemos que se puede intervenir cuando lo necesite. Si logras establecer ese vínculo, puedes llegar al paciente en cualquier momento”.

Y tras el vínculo, el segundo de los secretos del éxito del ECA: “Nosotros viviremos siempre con ellos. No hacemos solo una labor sanitaria, sino de aprendizaje. También tenemos niños que con 20 años no hacen la cama ni ayudan. No tengo un problema con una persona que padece esquizofrenia, sino con un pibe de 20 años que ni estudia ni trabaja”, afirma el psiquiatra. Hernández también quiere desmitificar los datos de personas sin hogar y enfermedad mental. “Entre las personas sin hogar -detalla-, en los 13 años que llevamos, el porcentaje de personas con psicosis no es muy elevado. Está más relacionado con el consumo de tóxicos y con la pobreza”. Añade que, “en estos años, en nuestros pisos tenemos cuatro o cinco personas que vivían en la calle”.

Recuerda el psiquiatra alguno de los casos que muchos vecinos de Santa Cruz conocieron, como el hombre que se golpeaba la cabeza contra las paredes en el entorno del parque de La Granja. “Ahora sigue yendo al parque, pero lo hace con tranquilidad, se sienta en un banco y ya está”, explica Hernández. Otro paciente, que se pasaba todo el tiempo haciendo gimnasia por la zona de TEA Tenerife Espacio de las Artes, también ha recibido la ayuda del ECA. Otros, como al que todo el mundo conocía como Satán, “no tenía una enfermedad mental, sino un problema de alcoholismo, y ahí nosotros no podemos hacer nada”.

Cumplir la ley

El joven que dio pie a este reportaje ha vuelto al barrio de Salamanca, tras pasar por La Candelaria. Su decisión es estar ahí y mientras no sea un peligro para él y los demás, será respetada. Si eso cambiara, “solo hay que hacer cumplir la ley”, sentencia Hernández. “La dificultad no es tanto intervenir a última hora, porque para eso están las autoridades, sino qué pasa al día siguiente, dos días después, cuando vuelva a la calle”, explica el coordinador del ECA.

Insiste Hernández en que “tiene todo el derecho del mundo a vivir cómo quiere”. “Un ciudadano que tiene una enfermedad mental es el único que puede decidir cómo afrontarla. Si un ciudadano diabético toma dulces, tu no lo vas a obligar a que no los coma. Si se da golpes en la cabeza es un problema de salud; si pone en peligro su salud o la de las demás, intervenimos. Si no es así, sino que va al albergue y no quiere saber nada de los psiquiatras, lo respetamos. Si cada vez está peor y se deteriora su salud o se muestra violento, entonces intervenimos, pero también lo hacemos siendo conscientes de que si el usuario nos denuncia podríamos tener problemas”.

Y es que cualquier ingreso no deseado debe ser comunicado al juez, que será quien determine si se justifica o no la decisión tomada por el psiquiatra. “Lo importante es ser respetuoso con las leyes y los derechos de los ciudadanos. Hasta ahora, las intervenciones que hemos hecho, afortunadamente, han salido bien”, concluye Hernández.

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