
“No hay límites, ni de edad, ni de enfermedad, ni de país, los límites los ponemos nosotros, y si uno se lo propone siempre va para adelante”. Así lo afirma con rotundidad Marta Quevedo, quien, junto con su pareja Jose Miguel Navarro, ya han recorrido en trike (un triciclo reclinado) más de 5.000 kilómetros desde Canarias a Noruega. Toda una aventura la que está viviendo esta pareja, de 50 y 53 años, de la que destacan, sin dudarlo, la calidez y la hospitalidad de la gente que se han ido encontrado a lo largo de los siete países que han cruzado: España, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Dinamarca y Noruega, cuya frontera, camino de Suecia, acaban de cruzar.
“La idea surgió porque somos aventureros y estamos viviendo una segunda juventud y es el mejor momento para hacerlo”, explicó Jose el pasado mes de abril, justo dos días antes de que iniciaran su aventura. En concreto, arrancaron la ruta desde Tenerife el 5 abril, en el ferry que los transportaría hasta Huelva, donde iniciaron su etapa por España. Es, precisamente, nuestro país el que, hasta ahora, más difícil se les ha hecho porque “estamos muy atrasados en carriles bici”, apunta Marta. “Los trazados más complicados fueron en el País Vasco, las ciudades tienen carril bici pero cuando te desplazas de una a otra tienes que ir por carreteras secundarias y el País Vasco es montañoso, con muchas curvas y muchísimo tráfico… El resto del país no fue excesivamente complicado”, apunta Jose.
Aún así, “es verdad que, al ser nuestras bicicletas más voluminosas y llamar más la atención, los conductores nos respetan mucho más. Además, al ser tan pesadas, no perdemos el equilibro” tan fácilmente como con las bicicletas habituales, añade Marta. “Se lleva más fácil de lo que parece desde fuera, en llano no tienes ningún problema y en subidas es una cuestión de paciencia”, apunta Jose, aunque la trike de Marta lleva la ayuda extra de un motor eléctrico para las etapas más duras.
De los 6.000 kilómetros previstos hasta Suecia, donde dejarán las trikes durante el invierno, la pareja acaba de cruzar la frontera desde Noruega, con una media de entre 6-7 horas al día de pedaleo. En sus trikes cargan unos 40 kilos, con todo lo necesario para el día y para pasar las noches, a veces en sus tiendas de campaña que instalan a la vereda de caminos, cuando la normativa del país lo permite, o, en caso de que no, en campings oficiales u otro tipo de estructuras. En Dinamarca, por ejemplo, “utilizamos mucho para dormir unas especie de cabañas de madera, llamadas ‘shelter’, y en las que puedes compartir experiencias con otros ciclistas, como nos ocurrió con una familia belga que viajaba en bicicleta con sus niños”, relata Jose.
También usan una aplicación denominada warmshower, a través de la cual otros ciclistas ofrecen hospedaje en sus casas. “Tú haces una solicitud por la zona en la que estás y la gente te responden si pueden o no”, explica Marta. A veces es un dormitorio o a veces un jardín en el que colocar la tienda, además de la posibilidad de usar la lavadora y el servicio, junto con la experiencia de conocer gente muy hospitalaria. “Creo que los dos coincidimos en que lo que más nos gusta del viaje es la gente, encontrarte con su solidaridad y amabilidad”, enfatiza Marta. Y es que, por ejemplo, “en Francia, cuando la gente nos veía pasar por las puertas de sus casas, salían a hablar con nosotros y nos preguntaban dónde íbamos a dormir y si les decíamos que aún no sabíamos pues nos ofrecían sus casas.
Gente que no tenía nada que ver con el mundo del ciclismo nos abrían las puertas de sus casas, a dos auténticos desconocidos”, destaca Jose. “A veces –añade Marta-, hemos tenido que parar y tocar en timbres de casas para que nos dieran agua o cualquier otra cosa, y la gente enseguida te dice que sí”.
Un viaje tan largo, de seis meses, da para cientos de anécdotas y, por suerte, no ha habido problema importantes hasta ahora. “Las circunstancias han ido muy bien y el clima ha estado fantástico, yo decía que llevábamos el sol de Canarias con nosotros”, bromea Marta, quien apunta que “en Francia fue donde lo pasamos peor por los mosquitos”. “En la parte de bosque nos picaban a través de la ropa, y daba igual que llevaras repelente. Íbamos a 15 kilómetros por hora y ellos nos seguían -relata-. Yo terminé teniendo que ir a una farmacia a comprar antihistamínicos y una crema con corticoide porque tanta picadura me hizo reacción alérgica”.
Marta y Jose terminarán su ruta en Estocolmo (Suecia), donde una amiga les guardará las bicicletas durante el próximo invierno, ya que la eléctrica no se puede transportar en avión. “Nosotros volveremos a Canarias a finales de septiembre y pasaremos el invierno allí, y a la siguiente primavera-verano volveremos a Suecia a por las bicicletas y haremos otra ruta para traerlas de vuelta”, apunta Marta.
Jose y Marta están documentando toda su aventura a través de su página de Facebook, Viajando Con Gofio, y en su canal de Youtube.
