
La imagen de la Virgen de Candelaria abandona hoy Santa Cruz y se traslada a La Laguna, en la histórica visita pastoral que realiza con motivo del bicentenario de la Diócesis Nivariense. Esta despedida, que movilizará a miles de fieles para acompañar a la Patrona, ha obligado al Ayuntamiento a organizar un amplio dispositivo de reordenación del tráfico en la capital, con cortes en diversas vías. El origen de este acontecimiento es un milagro de 1994.
Fue en la sacristía de la iglesia de San Francisco donde brotó la chispa, el esbozo de idea que no tardó en abrir camino y aglutinar el popular entramado organizativo que hizo posible la visita de la Virgen de Candelaria a la capital tinerfeña en 1994, el año en el que se recordaba el quinto centenario de su fundación. El equipo base, los padres de la iniciativa, lo formaba Gerardo Fuentes, profesor de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna; Manuel Pío, jefe de protocolo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y Jesús Rodríguez, miembro del Consejo Parroquial de la iglesia que les acogía.
Tenían reciente haber cubierto con éxito la organización de varias exposiciones de arte sacro que se celebraron en el monasterio de Santa Clara de La Laguna y les avalaba haber contribuido a revitalizar la Semana Santa y el Corpus Christi en las calles chicharreras. Gerardo Fuentes recuerda el momento con cierta nostalgia. “Nos asistía el impulso que da la juventud experimentada y el deseo de dar un mayor alcance a la manifestación pública de la fe en Santa Cruz. Nuestro pueblo es generoso y participativo, lo expresa compartiendo la alegría en las grandes fiestas, acontecimientos que no es preciso citar, pues están siempre vivos. Entendíamos que esa alegría y expresión compartida no podía quedar ahí, que merecía ahondar en sus raíces y consideramos que el quinto centenario brindaba una gran oportunidad”.
Barajaron varias propuestas y consideraron que el mejor regalo a la ciudad lo podría dar la visita de la imagen de la Virgen de Candelaria, advocación patronal a la que Santa Cruz dedicó en 1768 el monumento que preside su plaza y que solo había estado en la ciudad en 1939 y 1964. Manolo Pío confirma que se miraron unos a otros y que de pronto se vio con el teléfono en la mano localizando al alcalde, José Emilio García Gómez. “Le comenté lo que estábamos considerando y no solo le pareció fantástico, sino que de inmediato se puso a mover todos los hilos. Pidió unos minutos para hablar con el obispo y con el padre Jesús Mendoza, y sin demora confirmó que teníamos su apoyo en firme”.
Una mezcla de alegría y de preocupación, cuasi miedo, fue lo que sintió Jesús Rodríguez al citar ese instante. “Nos miramos y entendimos que la palabra dada no permitía marcha atrás, que no había tiempo que perder. La Concepción avanzaba con sus obras de restauración y teníamos que disponerlo todo en San Francisco. Fue ella, la Virgen, quien nos movió y esa misma sensación se extendió en numerosas personas. A nuestro lado estaban voluntarios de todas partes, amigos y compañeros muy cercanos, como Antonio Gómez, párroco de Ofra, que dinamizaba la pastoral juvenil; Francisco Padrón Correa, director de la Coral Polifónica de Santa Cruz; Sebastián Matías, arquitecto; Rafael Delgado, profesor de Bellas Artes; José Arturo Navarro, gran conocedor de nuestra historia y protocolo, y otros de muy diversa actividad y valía”.
Alguien dio en bautizar al equipo de custodios como los hombres de negro. A las 9 de la mañana del sábado 15 de octubre la imagen de la Candelaria salía de la Basílica. Jesús Mendoza, prior dominico y delegado diocesano para la visita, hacia entrega de la imagen y, con su consustancial bonhomía y aguda certeza, pedía por el éxito del peregrinar misionero y esperaba que la devolvieran con los frutos del encuentro.
El equipo emprendió la marcha y cubrieron el trayecto; contaban con todos los dispositivos de seguridad y el mejor apoyo logístico. Gerardo Fuentes apunta que “ante cualquier dificultad surgía de inmediato la mejor respuesta, fruto de la generosidad anónima. Sería interminable citar lo que sucedió a cada paso, en cada gesto de expresión, popular o intima. Tuvimos que montar un cordón humano para agilizar la llegada a la plaza de España e iniciar la ceremonia de recibimiento a las 8.30 de la noche, que daba en directo la televisión.”
Durante su intervención ante más de 70.000 personas que recibieron a la Patrona haciendo ondear pañuelos blancos, el alcalde José Emilio García Gómez destacó la importancia del momento: “Durante mucho tiempo hemos esperado la llegada de este mágico 1994, el año de Santa Cruz. En él depositamos todas nuestras ilusiones, porque sabíamos que al cumplir cinco siglos empezaría una nueva vida para la ciudad”.
La imagen de la Candelaria permaneció en la iglesia de San Francisco hasta la noche del día 28. Las puertas del templo de acogida se abrían a las 6 de la mañana y los fieles acudían durante todas las horas hasta el momento del cierre, a las 12 de la noche. Jesús Rodríguez dice que sería imposible relatar las vivencias, los encuentros y expresiones. Cita, entre otras, la muestra de folclore que voces solistas y grupos, con María Mérida al centro, brindaron, a la Patrona. “Hicimos que San Francisco se convirtiera en un joyero de acogida, con préstamos de uno y otro lugar y con mucho esfuerzo y cariño por parte de numerosos voluntarios”. Una lápida perpetúa en las paredes del templo el momento vivido, como morada de la Candelaria. Llegó la despedida, en la plaza de España, con la solemne celebración litúrgica. Unas 100.000 personas participaban en directo y muchos aguardaban el paso de la imagen por las calles, dispuestos a acompañarla en el recorrido nocturno que concluiría a la mañana siguiente en la Basílica. En su homilía, el obispo Felipe Fernández hizo constar el afecto con el que la ciudad y sus gentes habían acogido a la Virgen: “Madre, aquí tienes a tus hijos que te necesitamos. En una enfermedad, un apuro, una crisis. En nuestras miserias y en nuestros pecados, Madre. Te necesitamos para vivir en la fe, la esperanza, el amor, en la alegría del Evangelio. Aquí estamos. Necesitados de ti, de tu calor, tu protección, tu intercesión. Virgen de Candelaria, aquí tienes a tus hijos… y aquí tienes la ciudad entera de Santa Cruz a tus pies”. Cerró sus palabras con una copla: “Oh Virgen de Candelaria/ que visitas Santa Cruz;/ no te pedimos hoy nada, / que sola nos bastas tú”. Fue el anticipo de otras que surgían sobre vivas y aplausos venciendo al cansancio y a la incipiente lluvia: “Al ver tu rostro moreno,/ Reina de la tierra mía,/ siento que mi voz se quiebra/ al cantarle estas folias”.
El 15 de octubre del siguiente año, la Corporación municipal santacrucera acudió a Candelaria para recordar y agradecer “el regalo recibido”. El alcalde, Miguel Zerolo, lo expresó en la moción que dio inicio a la celebración litúrgica: “Fueron jornadas de constante peregrinar de chicharreros y vecinos de toda la Isla que tuvieron a bien rendirle visita en los días y las noches que descansó en la parroquia de San Francisco. No se nos ha borrado de la memoria, y puede que nunca suceda, los miles y miles de vecinos de todas las edades que acudieron en aquellos días a Santa Cruz a contarle a la Virgen de sus preocupaciones, angustias y proyectos de futuro”.
El obispo Felipe Fernández, que el 15 de agosto de ese año había anunciado en Candelaria la convocatoria del I Sínodo Diocesano Nivariense, dejó entrever en su homilía el inicio de un tiempo de visitas: “No descartaría yo que la Virgen, que tan a gusto se sintió, estoy seguro, rodeada de tantos hijos en Santa Cruz, tomase nota de tales palabras y alguna otra vez, sin tardar tanto tiempo, desease volver a visitar a tanta gente que allí la quieren y la veneran. Pero dejemos el futuro en las manos de la Virgen y, en definitiva, en las manos amorosas de la divina providencia, que sabe lo que nos conviene”.
El sentir general era un rumor a voces y se confirmaría mediante decreto de 15 de agosto de 2011, estableciendo que periódicamente, cada siete años y de forma alternativa, la Virgen de Candelaria visitara Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna. En octubre de 2002 tuvo lugar la visita a Santa Cruz y siete años después, la de La Laguna. La periodicidad se ha visto alterada para hacerlas coincidir en esta ocasión a las dos ciudades con motivo del bicentenario de la creación del Obispado.
La Morenita, nuestra misionera ayer y hoy
Los sacerdotes Miguel González y Benjamín de Taoro dejaron constancia del acontecimiento que se vivió en octubre de 1994 con la visita de la Virgen a la capital. El libro, editado por el Arciprestazgo de Santa Cruz de Tenerife, describe la participación de cada una de las parroquias y subraya el desbordante esfuerzo y generosidad de los ciudadanos. La imagen de la Morenita, nuestra Chaxiraxi, volvió a Santa Cruz en 2002 y ha regresado 16 años después con un claro y directo mensaje: “María, nuestra misionera ayer y hoy”.
