
La escritora Almudena Grandes y el poeta Luis García Montero, director general del Instituto Cervantes, no escondieron ayer en la charla sobre El mundo que queremos, de la Fundación CajaCanarias, su preocupación por el crecimiento de “ideas de extrema derecha”, y reivindicaron la “dignidad de las instituciones y la política” ante los antisistemas que han favorecido la emergencia de Trump y Bolsonaro.
La escritora aseguró que “la globalización ha tomado una deriva en la que el siglo XXI se parece más al XIX que al XX”, en lo que respecta a la explotación de los trabajadores, la precariedad de la vida o la multiplicación de los pobres, “pero sin la conciencia política que había en la centuria pasada”. Eso explica que se produzcan ascensos al poder, como los de Trump o Bolsonaro, que no se parecen a los de los años 30, cuando había unos “contrapoderes”, cuando llegaron al poder Hitler, en Alemania, y Mussolini, en Italia, mientras “ahora estos nuevos fascismos se están extendiendo sin contrapoder posible”. Grandes cree que el retroceso de la izquierda en Europa llegó por “un desánimo contagiado de unos pronósticos que decían que la historia había terminado”, pero auguró que esta “no morirá jamás”, pues mientras existan explotación e injusticia social “habrá alguien que se levantará para agarrar la bandera de los desprotegidos”.
“La demagogia de muchos antisistema ha preparado el terreno” a Trump, Bolsonario y otros reaccionarios
García Montero reivindicó “la dignidad de las instituciones”, prioritaria en una situación mundial en la que “están brotando los totalitarismos y hay una nueva configuración que favorece la respuestas irracionales”. Al flamante nuevo director del Instituto Cervantes le preocupa que “las élites económicas hayan creado mecanismos para hacer cómplices a sus víctimas y, como están cada vez más maltratadas, se convierten en enemigos de las instituciones”. Considera que estar en contra de ellas “no es progresista sino reaccionario, ya que al margen de la ley, las constituciones e instituciones, existen los poderes salvajes y la ley del más fuerte”. Considera que “la demagogia de muchos antisistema ha preparado el terreno” para que Trump y otros políticos reaccionarios hayan convertido “el totalitarismo en una gran amenaza”, y abogó porque sea “la izquierda la que defienda las instituciones”.
Almudena Grandes alabó a Pedro Sánchez, pues “es el primer Gobierno socialista que lo hace sin complejos, y eso me parece admirable” y aseveró que lo que más le gusta es que llegó al poder, dijeron lo que querían hacer y lo hicieron. “Quitar la religión del currículo escolar o aprobar un permiso de paternidad”, son algunos de esos avances. Por su parte, “Zapatero llegó como un gran renovador, un soplo de aire fresco que promulgó leyes importantes en su legislatura, pero tardaba, las preparaba y le dolían las críticas”, apostilló.
Rufián es un “provocador”, el aliado “más tonto y notable de los poderes de derechas”
Para Luis García Montero, “hay que devolver la dignidad a la política, porque sin ella estamos en manos de los poderes salvajes”. Calificó a Rufián como “un provocador, y debería hacernos pensar hasta qué punto te puedes llamar republicano y de izquierdas, siendo el aliado más tonto y notable de los poderes de derechas que quieren desacreditar las instituciones y la política”.
Vox es la consecuencia negativa de las estrategias de PP y Cs
Sobre la posible entrada de Vox en el Parlamento, en opinión de Grandes sería “la consecuencia negativa de las estrategias de PP y Cs”, pues “la llegada de Pedro Sánchez, tras la moción de censura, hizo que la derecha recalcitrara su discurso, y comenzara a competir por quién era más patriota y más España”, una pugna que ha “incentivado el crecimiento de un partido que no pintaba nada”. Sin embargo, el poeta granadino se mostró más preocupado “en la deriva de complicidades con los totalitarismos de la Iglesia católica, en vez de defender su discurso democrático conservador”.
Cuestionada por la polémica de la exhumación de Franco, la autora madrileña afirmó: “Debería haberse hecho hace tiempo. Es una anomalía profunda que un dictador esté enterrado en un monumento donde se le rinden honores. Mas vale tarde que nunca, es impepinable que tiene que salir del Valle de los Caídos”. Si bien no se mostró partidaria “de tirar la cruz ni volar el monumento”, entre otras razones, porque “costó 1.100 millones de pesetas de 1942, cuando los españoles se morían de hambre”. Tampoco fue partidaria de “alterar la historia”, ni que se convierta en un icono “a la reconciliación, pues es el de la victoria”, abogando por convertirlo en “un monumento visitable”. Cree que “Franco debe estar enterrado en un lugar discreto y digno, pero no en la cripta de la Almudena”.
Por último, García Montero, consideró imprescindible que “a través de la acción cultural, los creadores y cineastas en español den la imagen de una sociedad muy avanzada, que aprobó antes que en muchos sitios la ley del matrimonio homosexual, radicalmente feminista, que metió en la cárcel a Pinochet y elaboró una ley de interrupción del embarazo avanzada a su tiempo”, y una diplomacia cultural en español “frente a los que quieren seguir manteniendo la caricatura de un país donde no existe la democracia”.
