Tenerife tiene una deuda pendiente con su patrimonio aborigen. La cultura guanche ha sido una gran olvidada de las instituciones de esta Isla durante décadas, a pesar de haber coincidido, paradójicamente, con un largo periodo de gobiernos insulares y regionales de ideología nacionalista. Al contrario de la mayoría de las islas del Archipiélago, en Tenerife no existe en estos momentos ni un solo parque arqueológico abierto al público como centro de divulgación de la cultura aborigen, que, además, tendría un indudable interés como reclamo turístico y cultural y como elemento revalorizador de la oferta de ocio, tanto para los residentes como para los miles de visitantes que llegan cada año a la Isla.
En este aspecto, el gran ejemplo en el Archipiélago es Gran Canaria, cuyo Cabildo ha diseñado una red de espacios arqueológicos que comprende el extraordinario museo de la Cueva Pintada, el centro de interpretación del barranco de Guayadeque, el cenobio de Valerón, el parque arqueológico de Maipés, la zona arqueológica de Cañada de los Gatos, la necrópolis de Arteara y el centro de interpretación del Roque de Bentayga. Además, es obligado significar la propuesta para incluir la zona arqueológica de Risco Caído y los paisajes sagrados de montaña en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. Todo ello da idea del importante patrimonio aborigen que se conserva en Gran Canaria y, asimismo, del nivel de concienciación e implicación de los gobernantes locales en esta materia.
En otras de las islas destacan los parques arqueológicos de La Zarza y Belmaco, en La Palma; los centros de interpretación Poblado de La Atalayita y Cueva del Llano, en Fuerteventura; y en El Hierro se pueden hacer visitas guiadas a los magníficos petroglifos de El Julan. Por el contrario, el desinterés institucional en Tenerife por la puesta en valor del patrimonio arqueológico guanche es especialmente significativo, ya que en esta isla se contabilizan 26 de los 68 yacimientos declarados Bien de Interés Cultural (BIC) en el Archipiélago.
Esta inexplicable desidia oficial por el legado guanche parece que empieza a cambiar en Tenerife. Aparte de unos pocos proyectos en preparación, como el del centro de interpretación del barranco Agua de Dios, en Tegueste, destaca sobre todo el reciente anuncio del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife de la creación de un museo de sitio en la Cueva de Bencomo, en el Valle de La Orotava, el lugar en el que según la tradición habitó el penúltimo mencey de Taoro. La excavación arqueológica de esta cueva, declarada BIC en 1986, ya está muy avanzada y el director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Miguel Ángel Clavijo, confía en que este emblemático lugar se convierta en 2020 en el primer museo de sitio de la isla de Tenerife, asociado con las cercanas instalaciones del Mirador de Humboldt. De esta forma, la cueva de Bencomo pasaría a ser un recurso cultural y turístico de la máxima importancia, y un valioso complemento para la oferta del destino del Puerto de la Cruz. Ejemplo del potencial de este tipo de recursos es el parque etnográfico de la Cueva Pintada, en Gáldar, que cada año recibe más de 70.000 visitantes.
DIARIO DE AVISOS ha sido testigo en primera fila de los acontecimientos relacionados con la Cueva de Bencomo y del proceso que ha propiciado este cambio de conciencia en los responsables públicos, cuyo punto culminante ha sido el valioso hallazgo de restos anteriores al siglo XV en la excavación que las áreas de Patrimonio del Cabildo de Tenerife y del Gobierno canario ya promueven en la cueva, a través de la empresa Prored. Los expertos no dudan en catalogarlo como uno de los hallazgos arqueológicos más importantes realizados en la Isla en los últimos 50 años.
Esta iniciativa revela un cambio de actitud de las instituciones públicas, que han decidido poner punto final a la situación de lamentable abandono en que se encontraba este Bien de Interés Cultural (BIC), utilizado durante décadas como un corral de cabras clandestino. En ese cambio ha sido determinante la presión de los colectivos ciudadanos y de los medios de comunicación, especialmente de DIARIO DE AVISOS, que desde hace años enarboló como una bandera propia la defensa y dignificación de este monumento olvidado de la cultura guanche, uno de los más significativos de cuantos perduran en la isla de Tenerife.
En enero de 2017, DIARIO DE AVISOS entró en la histórica cueva de Tamaide y denunció su estado de abandono con un titular contindente: Grave afrenta a la memoria guanche. Desde entonces se desencadenó una serie de importantes acontecimientos que cambiaron radicalmente el panorama. Lo primero que tuvieron que hacer Cabildo y Gobierno fue determinar a qué municipio pertenecía en realidad la cueva, pues está localizada en medio del cauce del barranco del Pino, justo en el límite entre los municipios de La Orotava y Santa Úrsula. Tras despejar esta incógnita -la cueva pertenece a La Orotava-, el siguiente paso fue averiguar quién era el dueño de los terrenos, pues ni el Ayuntamiento orotavense ni el de Santa Úrsula tenían una constancia oficial. Después de una tarea casi detectivesca, se averiguó que la finca había sido adquirida en 1929 por el orotavense Juan Hernández Bautista, varios de cuyos herederos ya han sido localizados. Ahora se han iniciado los contactos y las negociaciones para la compra de la cueva. Corresponde al Ayuntamiento de La Orotava, que ya ha consignado para tal fin una partida de 100.000 euros en el Presupuesto de 2019. El Cabildo procedió a continuación a acometer una primera limpieza en el lugar, en el que se extrajeron 1.600 kilos de estiércol. El siguiente paso fue realizar una prospección arqueológica en el piso de la cueva, encargada a la empresa Prored, que, a pesar del deterioro por el uso ganadero intensivo durante años, permitió hallar numerosas piezas de interés: restos de cerámica, huesos de animales, punzones, etc. Se da la circunstancia de que esta es la primera prospección arqueológica que se efectúa en la cueva de Bencomo, a pesar de que está declarada Bien de Interés Cultural desde 1986. Más de tres decenios después se le hace justicia.

