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literatura

Juan Cruz: “Mucha gente no lo va a creer pero Mario Benedetti era un egocéntrico”

El periodista y escritor de Tenerife publica su nueva obra, 'Primeras Personas' (Alfaguara), con el que repasa sus encuentros y vivencias con personalidades clave de la cultura
Juan Cruz. | DA

Juan Cruz (Puerto de la Cruz, 1948) publica su nueva obra, Primeras Personas (Alfaguara) con la que repasa sus encuentros y vivencias con personalidades clave de la cultura.

– ¿Como definiría Primeras Personas?

“Es la memoria de una serie de personajes con los cuales he tenido una relación de trabajo pero también de proximidad sentimental, porque la mayor parte son escritores y al ser escritores todos ellos necesitan un cuidado especial. La escritura se realiza en soledad y el escritor, por su naturaleza, da la impresión de ser un triunfador o de ser alguien que está siempre a punto de triunfar y que en realidad, en el espacio que hay entre que escribe un libro y este se publica, necesita cuidados intensivos por parte del editor. Y cuando el libro está, él vuelve otra vez a ser una persona insegura. Como si al final de su obra se abriera un abismo de inseguridad, de falta ánimo para continuar. Incluso un cierto retraimiento público. Eso le pasa a todos los escritores. Y yo he convivido con esas sensaciones que muchas veces narro en escritores que supuestamente parecen muy seguros como Cabrear Infante, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Susan Sontag, o Arturo Pérez Reverte. Gente a las que yo he visto en momentos de claroscuros en su vida”.

– El libro sería también un autorretrato a partir de esos momentos que ha vivido con dichas personalidades.

“Sí. Todos mis libros en cierto modo son autorretratos con otros. Hice el autorretrato con mi padres, con mi barrio, con mi tierra, el autorretrato como periodista entre otros periodistas. Toda mi vida he estado en muchos mundos y de todos extraje conclusiones que sirven tambien para mi estado de ánimo. Para mi propia manera de ser. Yo soy un precipitado de la gente que he conocido”.

– Y de estas personalidades que aparecen en Primeras Personas, ¿cuál le causó más impacto?

“Hay un personaje que las nuevas generaciones conocerán poco pero que fue fundamental en los años 70, 80 e incluso 90, que es Juan Cueto. Fue el introductor de la modernidad en España después del franquismo, en el ámbito cultural sobre todo. Introdujo los nuevos modos de ver la televisión, a los pensadores que estaban siendo clave en la Europa a la que nos estábamosaproximando nosotros… Lo hacía con un lenguaje especialmente moderno que generaba sorpresa en las conversaciones que tenía con nosotros. Y a mí particularmente, como periodista de cultura, me enseñó a cultivar la curiosidad como materia prima de mi trabajo. Luego están los ya conocidos, como Carlos Fuentes, del que hemos admirado siempre su energía. Pero creo que también había plomo en las alas. Era un hombre que necesitaba publicar y publicar, como si tuviera un abismo detrás y delante. Quien me sorprendió por su inteligencia y vanidad fue Susan Sontag, que nunca podía saciar su divismo. Siempre necesitaba estar más requerida. Y alguien de quien la gente tiene la imagen de ser una persona humilde o retraída y que sin embargo era bastante egocéntrico es Mario Benedetti. Mucha gente no lo va a creer pero yo lo he tratado y era así. Por ejemplo, cuento en el libro que apuntaba palo a palo el número de libros que firmaba en las ferias. Para él era muy importante enumerar a sus fans”.

– Todos tienen su parte oscura.

“Todos. Incluido aquellos de los que tenemos la imagen de ser seres humanos intachables. Como Ernesto Sabato, que no sale en este libro, sale en otros, pero quien quizás era más egocéntrico que Benedetti y mucho más que Sontag” .

– ¿Cuál de los libros que ha escrito le definiría mejor como persona y periodista?

“Yo creo que Ojalá octubre, porque trata de mi padre y en cierto modo también de Canarias, y de un tiempo terrible de las islas cuando e caciquismo hacía que las personas se sintiera tristes de vivir. Sin libertad, sin capacidad de reaccionar ante los que mandaban, no solo en la política y en la economía sino en la vida. Eran tiempos muy difíciles, la posguerra. Y quise contar ese período a través de la experiencia de ver a mi padre perder la vida en un territorio que era, como la mayor parte de España, hostil a la bondad. Creo que ese periodo se ha contado bastante pero me parece que desde el punto de vista humano se han contado más los datos y los hechos. Pero desde el punto de vista de la herida que eso dejó en el alma de las personas no. Por ejemplo, en mi familia y en muchas más, pobre, eso nunca se ha podido abarcar ni explicar, porque no ha habido ni generosidad ni valentía para ello”.

– La Guerra Civil, el franquismo, la posguerra… ahora mismo es un tema actual tanto a nivel social y político como periodístico…

“Sí. Yo creo que en Canarias no ha habido un periodo de reconstrucción del ánimo de esa sociedad porque demasiado pronto la geografía política se situó no para rememorar lo que pasó y restituir o, por lo menos, estudiar cuál fue la naturaleza de la herida, sino que rápidamente, en cuanto murió Franco, los que mandaban se situaron otra vez al mando de la sociedad. Y eso ocurre hasta hoy mismo. Los que fueron los caciques o los herederos de los caciques de los años 30, 40, 50 y 60. Es difícil decirlo o incluso está prohibido decirlo, pero creo que sería mejor la vida insular si eso se hubiera dicho a su tiempo”.

– Supongo que ocurrió en toda España. No hubo un período de reflexión tras la muerte de Franco.

“A mí me importa Canarias. E inmediatamente tras la muerte de Franco aquí hubo una usurpación inmediata del poder por parte de los que ya tenían el poder. Y siguen hoy en el poder”.

– Hace nada, en 2017, publicó Un golpe de vida, unas memorias. ¿Con el tiempo se tiende a rememorar el pasado?

“Esta mañana estaba haciendo el índice de un libro de poemas que quiero escribir, que se llama Maguas y que va a ilustrar José Luis Fajardo, y me dije “¿por qué todo lo que escribo tiene que ver con ventanas que han sido de mi infancia o mi juventud?” Pues porque uno está construido sobre la memoria. Si yo no hubiera tenido memoria alrededor probablemente no hubiera sabido lo que está ocurriendo. cuando yo te estoy hablando ahora de la situación de Canarias cuando acaba el franquismo es porque yo conocí Canarias antes de que acabara. Y lo que me da rabia es que parece que aquí enterramos a Franco rápidamente para que no se supiera quiénes eran sus herederos. Y yo tengo memoria de gestos. Siempre me acuerdo de un cacique, que se estaba afeitando cuando yo fui a cobrar lo que él le debía a mi padre, y me dijo “Niño, ¿no ves que me estoy afeitando?”. Y no me puedo olvidar de esas cosas. Mi memoria es mi vida y la que yo deje será también vida de otros”.

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