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Rebelión a bordo

En 1962 la película del Motín de la Bounty contaba los hechos acaecidos en 1789 con la HMS Bounty al mando del capitán Bligh (Trevor Howard) y el rebelde Fletcher Christian (Marlon Brando)

En 1962 la película del Motín de la Bounty contaba los hechos acaecidos en 1789 con la HMS Bounty al mando del capitán Bligh (Trevor Howard) y el rebelde Fletcher Christian (Marlon Brando). Iban en busca del árbol del pan al Pacífico, para su traslado a Jamaica. Los amotinados que huyeron del Almirantazgo acabaron perdidos en las Pitcairn, que no estaban en el mapa. El género de barcos es análogo al de cárceles, colegios, naves, donde se construyen mundos paralelos y el cine los convierte en héroes. Nos vale para visualizar rebeliones que se producen hoy a bordo de naves en tormenta, desde el ámbito local, el nacional y el europeo. La globalización ha desconfigurado los equilibrios de las viejas naciones Estado, que reaccionan con los populismos a derecha e izquierda. En todos los casos encontramos la paradoja de que el poder es al tiempo su oposición, lo que los hace insalvables, aun sin llegar al conflicto. Del apaciguamiento a la guerra, circularmente.

En lo local, el conflicto con el Catálogo Patrimonial del PGO de Santa Cruz. Ayuntamiento y Cabildo, ambos protectores con la Ley del Patrimonio. Producen en los juzgados una suspensión cautelar activando el artículo 48, cuando ya con el artículo 59 coordinaba anticipadamente el Cabildo. Ahora se abandona a la deriva cautelar, cuando están en marcha los planes especiales, el nuevo PGO y la revisión del Catálogo. En un mes y seis meses se levantarán las medidas cautelares. La situación ha explosionado el marco de la seguridad jurídica del municipio. Inseguridad que se extiende a los nuevos Estatutos autonómicos. Al margen de las mejoras del nuevo REF y el carácter RUP de Canarias, se suman a los últimos desarrollos estatutarios, donde quien no es nación lo parece. En Canarias, triplicando el texto, el Estatuto interpreta las competencias estatales y con ello diluye las fronteras normativas mutuas. Sin categorías estancas no se puede administrar. Se abre, como en la Ley del Suelo de Canarias, la vía judicial, que soportará cualquier rebelión. Las autonomías desleales y Madrid, desaparecida en combate.

Singular rebelión la del procés catalán, seguida por el apaciguamiento desde Madrid. Deconstrucción de la identidad, del idioma y la escuela y ajenos a la historia. Ahora más distantes con nuestra incorporación a Europa. No puede el primer lord del Almirantazgo dejar que Fletcher Torras se haga con la nave, fuera de su mandato nacional. Ni dejar que se hunda con sus bienes y tripulación fiel. El tiempo incrementará los daños, por mucho que las salidas sean la del huido a Waterloo, o la de Marlon Brando en las remotas Pitcairn. El brexit es otra rebelión derivada de una errónea gestión de los conflictos internos de los partidos y la inmadurez de las sociedades líquidas occidentales. No se puede pertenecer a un club sin aceptar sus reglas. En este caso, la cuarta libertad europea de establecimiento de personas. La mayor crisis para el Reino Unido será la devaluación de su moneda, que irá midiendo su pérdida de valor en la globalización. El brexit será un tema a resolver con el tiempo, porque el sistema político ha renunciado a ello.

Waterloo en 1815 fue la última batalla de Napoleón, entonces con 45 años. Nuestro nuevo Napoleón Macron, presidente de Francia con 40 años, reconfiguró el mapa político francés con un partido a su imagen, socioliberal en 2017. Un año después, el Estado se ve asaltado por los chalecos amarillos. El conflicto deriva de los impuestos y la identidad, de las clases desfavorecidas por la globalización. En origen el mundo agrario, asaltado por un Estado centralizado con el mayor gasto público/PIB de Europa.

Análogo fenómeno ha recompuesto el mapa político español, incrementado por la identidad, por la nación, los toros y la caza.

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