
Aún colean las palabras de Paul Preston en Tenerife. Así que recobremos en el comienzo de un nuevo año algunas de sus manifestaciones, que deben servirnos de guia para abordar la memoria histórica y el reflejo de un periodo sobresaliente.
En su reciente y corta visita a Tenerife, el historiador hispanista Paul Preston dejó más de un titular periodístico, fruto de sus abiertas y distendidas declaraciones que contribuyeron a reavivar con mayor intensidad el nunca agotado interés por conocer y debatir las múltiples aristas que se entrecruzan al analizar la “guerra española”, a la que el británico dedica desde hace décadas continuada y apasionada atención.
Ya desde un principio, el anuncio de la conferencia, titulada España: pasado, presente y futuro, había circulado muy tímidamente, circunscrito a lo que en apariencia abarca a un grupo interconectado, con el requisito de que era preceptivo contar con la oportuna invitación. El rigor inicial no pudo contener el interés por escucharle. Correos electrónicos y llamadas extendieron la cita, despertando apetencias por asistir al encuentro. Un publico variado y atento acudió y llenó la sala que a los efectos se habilitó en la Presidencia del Gobierno de Canarias en Santa Cruz de Tenerife. Todos, con o sin invitación, pudieron acceder al acto.
La visita de Preston se inscribe en el programa de colaboración que ha establecido el Gobierno de Canarias con la London School of Economics and Political Science (LSE), escuela de negocios y ciencias políticas, que luce en su haber el prestigio de 18 premios Nobel a los que han llegado sus alumnos, y contó para su desarrollo con el apoyo de la Fundación Juan Negrín. En los minutos previos se dijo que la conferencia se enmarcaba en el ciclo de actividades que contempla lo que han dado en llamar Estrategia Operativa para la Internacionalización de la Economía Canaria.
Correspondió a Adam Austerfield, en representación de LSE, de la que es director of the Global Markets y secretario general de sus antiguos alumnos, desarrollar la entrevista contando para ello con una batería de preguntas, cuya lectura y luego interpretación obligó al publico a poner a prueba las mejores dotes interpretativas debido a su limitado dominio del español, en marcado contraste con el excelente dominio lingüístico del hispanista, hecho que se acentuó en la segunda parte del acto cuando incorporó las que por escrito entregaron algunos de los asistentes.
Preston recordó su anterior visita a Tenerife, en 2006, que respondía a la invitación que le hiciera el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias. Su intervención entonces tuvo lugar en el Salón de Plenos del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, contando a su lado con el entonces alcalde Marcos Brito. Habló allí de “Las grandezas y miserias de la II República Española”. Primaba entonces la fiebre revisionista y quiso expresar su posición ante la polémica que transitaba indistintamente en ámbitos académicos y periodísticos. Dejó claro su distanciamiento ante a los que denominó “seudohistoriadores”, que dijo “viven anclados en la propaganda franquista y aplican la técnica de la telebasura, recurriendo con frecuencia al insulto personal.”
En correctísimo español, aderezado por el fino humor y acentuando las claves que distinguen a la flema británica, Preston agradeció esta vez la oportunidad que se le brindaba y, con picardía sutil, mostró la grata impresión que le había producido la isla, mencionando para ello su crecimiento económico, y expresó al presidente del Gobierno de Canarias su disponibilidad para aceptar una nueva invitación que le permita gozar de mayor estadía y así interesarse por la historia más reciente de Canarias, que entendemos que sería desde el área de sus conocimientos .
Como punto de partida habló de su inicial “enamoramiento” de España y la pasión que desde entonces mantiene con el país. Tuvo mucho que ver en todo ello el encuentro con su maestro, el profesor Hugh Thomas, cuando cursaba estudios de historia contemporánea en la Universidad de Reading. Habló también de su infancia, de los juegos en las calles de su pueblo al recordar que nació en 1946 y en el ambiente estaba impreso el eco de los bombardeos, de las llamada para acudir a los refugios, y cómo él, al igual que otros pequeños, se interesaba por las maquetas “que fabricábamos para jugar enfrentando los aviones de combate”. Con Hugh Tomas y su dinámica en la docencia descubrió “la caja de Pandora” que albergaba la Guerra Civil Española. “Allí estaba todo; aglutinaba las ideologías que se prodigaron en el periodo de entreguerras. Hugh Thomas traía a los seminarios a gentes que habían vivido la contienda y eso me llevó a Madrid, en el verano del 69. Habían transcurrido apenas 30 años de la Guerra y la calle conservaba inalterable los olores; me chifló todo”.
Le acompañaba, como voz de partida, las recomendaciones de su abuela, que le aconsejaba cautela. “Decía: Ten cuidado con lo que comes: ¡Fíjate que esa gente, hasta cocina con aceite de oliva!. Y es que el uso de ese aceite era inconcebible en nuestra cocina; se empleaba solo para curar los problemas de oído. Viajé luego al Sur, a Andalucía, y cada paso despertaba en mi mayor interés dada la aceptación y el cariño con el que siempre me han tratado. Así es que me enamoré; España y yo hemos establecido un matrimonio largo y feliz.”
No podía faltar entre las preguntas la referencia al nuevo titulo, el libro que prepara desde hace cinco años, “Un pueblo traicionado: desde 1874 a nuestros días”. Como punto de partida en su análisis considera que en el devenir político de España se mantienen inalterables al menos tres condicionantes, que considera claves: la corrupción, la incompetencia política y los desajustes sociales. En el repaso que hace del intenso periodo mencionó ,entre otros, a Los Romanones, Lerroux, Indalecio Prieto, Manuel Azaña, Antonio Maura, Juan de la Cierva… Se detuvo en especial en la figura del canario Juan Negrín y no escatimó elogios al mostrar su admiración ante su talla intelectual y humana.
“Sin duda alguna fue el político español más importante del siglo XX y por ello el régimen de Franco se ocupó de tergiversar su papel, desdibujando el enorme servicio que hizo a España”. Pronto surgieron los temas que acaparan la mayor actualidad. Sus respuestas, en muchos casos abiertamente irónicas, sorprendieron a más de uno. En ocasiones, sus palabras se vestían con rasgos de complicidad y se aproximaban a la perversión en el uso del lenguaje. Así se manifestó respecto a la exhumación y destino de los restos mortales de Francisco Franco unido al futuro de el Valle de Los Caídos; de la huella urbana del periodo predemocrático; de la definición del régimen que promueve la guerra y se mantiene a lo largo de casi cuatro décadas; de la aproximación a las tendencias dominantes en el periodo histórico en el que se desarrollaron los hechos; de la custodia del patrimonio documental, etc
Cuando se le pidió su opinión acerca de Cataluña o del brexit comenzó por indicar que su tiempo de estudio es el pasado y así dejar claro que no dispone de medios para predecir el futuro, luego sorprendió a los asistentes con una pregunta un tanto retórica, que dejaba entrever cierta farsa cuando a modo de encuesta pulsó el grado de interés del auditorio sobre el futuro de Gibraltar. El silencio de la sala, que quizá despertó el temor entre los asistentes de verse obligados a argumentar la respuesta, le llevó a concluir que a nadie le interesa, y así justifica el distanciamiento y el desapego.
En la referencia al régimen de Franco, que calificó de autoritario, inspirado en los paradigmas que enarboló la corriente africanista, destacó las secuelas que dejó en el pueblo español. “Implantó el lavado de cerebro, la invasión del terror y el miedo. Aplicó el control férreo de los medios de comunicación. Impuso el franquismo sociológico. La democracia vino a cerrar esa etapa; la Transición fue un proceso milagroso,aunque no dio pie al contralavado. Su artífice fue el pueblo español y el Rey Juan Carlos, que supo desempeñar la función de bombero”. Frente al debate exhumatorio de Francisco Franco sugirió con determinación que se le dé sepultura en el océano, siguiendo el protocolo de los marinos, en sintonía con su aspiración frustrada de ingresar en la Academia Naval. “Se le deben dar los honores de la Armada y cerrar ese capitulo. De otra manera volvería a contar con un lugar de culto y peregrinación”.
Canarios en Cuelgamuros y la resignificación de los monumentos
El historiador apenas dispuso de tiempo en el turno de preguntas para abordar debidamente las cuestiones referidas a la Memoria Histórica en Canarias o a los estudios que se han iniciado en Santa Cruz de Tenerife para analizar la simbología de exaltación al franquismo que pudieran coexistir, contemplando el tratamiento que se aplicaría al “monumento del ángel” en la confluencia de la Avenida de Anaga con la Rambla de Santa cruz, en el solar que antes ocupara el Fielato de Los Melones. Paul Preston no tuvo opción de pronunciarse, pero dejó clara su opinión al proponer que se estudie la resignificación, aceptando que los hechos forman parte de la historia de España. Lo expresó con mayor claridad al considerar el Valle de los Caídos como obra monumental de la humanidad. Más de uno recordó entonces la participación en Cualgamuros de algunos artistas canarios, que el ministro Blas Pérez puso a las órdenes del arquitecto Pedro Mugurza: Manuel Ramos, José de Armas Medina y Martín Chirino. Otros lo harían como obreros, en el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo.
