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El Ayuntamiento de Tacoronte coloca estacas de madera y cebos en varias zonas para erradicar las termitas

Los dispositivos se instalan en los espacios públicos donde está confirmada la presencia de la plaga; al mismo tiempo se continúa con el diagnóstico para definir el entorno afectado y poder hablar de tiempos y costes, aunque es muy difícil conseguir resultados antes de
El técnico de Apinsa, José Manuel Hernández, explica cómo se colocarán las estaciones de cebo en diferentes puntos del municipio para poder atacar a las termitas subterráneas. Sergio Méndez

El Ayuntamiento de Tacoronte comenzó ayer la instalación de estaciones portacebos para erradicar la termita subterránea reticulitermes flavipes en aquellas zonas en las que ya está comprobada su presencia.

Al mismo tiempo, se colocan estacas de madera para detectar en qué otras se encuentra, ya que al tener los nidos en el suelo resutan difícil de ver hasta que se perciben daños muy graves en las viviendas, terrenos o cultivos.

Las estacas de madera tienen pequeños surcos en la parte superior y van enterradas hasta una cierta profundidad en el suelo. De esta forma, las termitas que van por galerías se comerán esa madera, que es blanda y permite ser digerida con facilidad. Al no gustarles la luz, llenan los surcos con barro y excremento y de esa manera, se localiza su presencia.

Estas explicaciones fueron dadas ayer por el Doctor en Biología David Hernández, contratado por el Consistorio para determinar el alcance real de este problema en el municipio. Hernández compareció en rueda de prensa junto al alcalde, Álvaro Dávila; el concejal de Urbanismo, Domingo Castillo; y José Manuel Hernández, responsable del área de tratamiento de la madera de la empresa Apinsa, encargada del control de la plaga. Este último demostró in situ el trabajo que se está realizando, ya que el parque público situado en un lateral de la carretera de El Pris, en la TF-165, es uno de los lugares afectados.

A partir de ese punto, se colocarán hasta 10.000 estacas en cuatro zonas diferenciadas que comprenden Juan Fernández, Tagoro, Mesa del Mar, Guayonge, La Caridad, y Adelantado aunque a mayor distancia, mientras que más de 100 estaciones portacebos se pondrán en una parte de la calle Tagoro, una zona de El Pris y hasta el inicio de la calle Puerto de Madera.

Todos coincidieron en que la solución no es sencilla y requiere de tres fases. La primera de ellas también se está llevando a cabo, y consiste en la elaboración de un diagnóstico que se complementa con el tratamiento para ver cómo se comportan y establecer qué cantidad de producto es necesario para eliminar una plaga de este tipo. La información que se recabe será vital para definir procedimientos a nivel general y hablar de costes. Su duración oscila entre los seis meses y un año.

“Determinar el entorno afectado permitirá actuar con mayor rapidez y eficacia”, subrayó Hernández, quien detalló que esta especie de termita tiene una capacidad intrínseca para desplazarse y buscar nuevos lugares donde asentarse y formar una nueva colonia. De forma natural se expanden un kilómetro cada tres o cuatro años, pero la actividad humana aumenta la velocidad de crecimiento.

La fase de tratamiento lleva dos años y consiste en la instalación de portacebos enterrados hasta una determinada altura y con un trozo de madera de choco en su interior que se usa como atrayente en lugares donde se sabe que hay actividad. Por lo tanto, el contacto es inmediato y en un mes ya se podrá comprobar la presencia de la plaga. Las termitas entran en contacto con esta madera y una vez que está dentro, el sebo actúa inhibiendo la producción de quitina, una molécula básica para el desarrollo del esqueleto de la termita.

Las estaciones se revisarán de forma mensual y se podrá estimar qué cantidad de producto es necesario para erradicar una colonia, formada por entre 4 y 5 millones de termitas. “Aunque antes de dos años es muy difícil”, sostuvo Hernández.

La tercera parte es la de vigilancia y tiene una duración de dos años, aunque no descartaron que pueda extenderse.

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