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El ejemplo de la ajedrecista Sabrina Vega

Lo mejor de la paisana es que quiso dejar claras dos cosas: no se iba a por un velo por los incentivos económicos, muy superiores a los de anteriores ediciones con el evidente objetivo de comprar voluntades, y su máximo respeto para las que sí acudieron a la competición

A finales de 2017, la Gran Maestra Internacional femenina de ajedrez Sabrina Vega renunció a participar en el Mundial de partidas rápidas y relámpago que se celebró en Arabia Saudí. Lo hizo para protestar por la elección de una sede en la que las participantes debían cubrirse la cabeza con un velo y donde no todos los países eran bien recibidos, como era el caso de Israel. Es decir, que la canaria antepuso sus principios a una oportunidad de primerísimo nivel como es jugar un Mundial. Ahora, el Consejo Superior de Deportes ha concedido a Sabrina Vega el Premio Reina Sofía que se otorga “por un gesto especialmente relevante de nobleza o juego limpio en la práctica deportiva”. Lo mejor de la paisana es que quiso dejar claras dos cosas: no se iba a por un velo por los incentivos económicos, muy superiores a los de anteriores ediciones con el evidente objetivo de comprar voluntades, y su máximo respeto para las que sí acudieron a la competición. Es tan sideral la diferencia entre Vega y, por ejemplo, todas esas estrellas deportivas que hoy residen y trabajan en esos países donde se margina a las mujeres por ley que se comenta solo. Esperemos que las autoridades isleñas también sepan reconocer el gesto de Sabrina Vega, y más en estos tiempos.

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