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cultura

Víctor Álamo: “Hay que volver a rehumanizar el mundo”

El escritor regresa con la novela ‘El pacto de las viudas’
Víctor Álamo de la Rosa. / DA
Víctor Álamo de la Rosa. / DA

Ajeno a modas, desde que comenzó a publicar sus primeros relatos y poemas a finales de los años ochenta del siglo pasado, Víctor Álamo de la Rosa se ha mantenido fiel a sus principios artísticos, forjando una trayectoria literaria jalonada de premios y traducciones, que lo sitúan en el centro de la escena cultural. Este año, tras seis de ausencia, vuelve por partida doble, con una nueva novela, El pacto de las viudas, y la reedición de una de sus novelas clásicas, Terramores.

-Usted es como el Guadiana, aparece y desaparece en la escena literaria, pero siempre está.
“Bueno, es que se va uno haciendo viejo, pero la escritura es una labor íntima, uno escribe metido para dentro, buceando en los sótanos en busca de los fantasmas propios y en la más estricta soledad. El problema en realidad empieza cuando uno se decide a publicar, es decir, a exponer al público su trabajo. Exponerse cada vez me cuesta más, porque cuanto más viejo menos me interesan los focos y más la escritura en sí misma. El arte, la literatura, no debe ser algo pasajero, sino que el hecho artístico debe contribuir a la construcción de la cultura, de la identidad, es algo más sólido”.

-En 2003 ganó el premio de novela más importante de las Islas, el Benito Pérez Armas, pero ha esperado seis años para volver a publicar novela para adultos.
“Sí, pero es que el tiempo vuela, y publicar me da pereza. Nadie o casi nadie en este país vive realmente de sus libros, y hay que trabajar en algo remunerado y atender a la familia y a los amigos, y hacer deporte y yo que sé qué más. Escribir acaba reducido al tiempo libre, que es muy poco, y se convierte en una especie de pasatiempo. Como yo me lo tomo tan en serio soy lento, y dejo reposar años lo que escribo y, por otro lado, me doy cuenta de que es mejor así, sacar los libros de vez en cuando, aunque ahora hayan pasado seis años. En realidad esta novela, El pacto de las viudas, es vieja, porque se me ocurrió en 2009 y me he ido peleando con ella durante todos estos años. No sé por qué se me suelen ocurrir trilogías, es decir, me seduce la idea de una novela y esa idea me lleva a dos o tres”.

-Explíqueme eso mejor. Va usted de tres en tres.
“Sí. Por ejemplo mis novelas más conocidas, es decir, El año de la seca, Terramores y Campiro, por más que sean independientes tienen un hilo común y pueden leerse como trilogía. Cuando acabé mi novela Todas las personas que mueren de amor se me ocurrió la idea para El pacto de las viudas y para otra que ya está también terminada. Las tres tienen en común que ocurren en espacios imaginarios que ya no tienen que ver tan directamente con la isla de El Hierro y aquel mundo narrativo que construí a partir de mi querido terruño. Dentro de un par de años espero publicar la novela que cierra esta nueva trilogía”.

-Con El pacto de las viudas inventa un mundo futuro, pero en muchos sentidos actual, gobernado por poderosas mujeres, viudas de dictadores del siglo XX.
“Había varias ideas que me seducían. Por un lado, el proceso de empoderamiento de la mujer en todos los órdenes de la vida y, por otro, la idea de que sus ansias de justicia y poder no las llevaran a cometer las mismas atrocidades que tipejos como Hitler, Franco, Mussolini, Pinochet, Milosevic, etcétera, por eso inventé una especie de mundo contemporáneo donde las viudas de los principales dictadores del siglo XX decidieran clonarse para alargar sus vidas y ejercer el poder en la sombra, algo que en realidad la novela supone que ya habían hecho cuando sus célebres maridos estaban vivos. Ya ves, un disparate distópico, pero creo que interesante y divertido. No me gustan nada las radicalizaciones feministas que veo, donde se acuñan términos como feminazis o donde el hombre por ser hombre ya es malo o sospechoso o acosador o violador. Ni siquiera me parecen bien esos eufemismos como violencia de género. Eso es violencia a secas, y todos los asesinos lo que se merecen es pudrirse en la cárcel, independientemente de su sexo. Hay demasiada intoxicación en este tema y es una lástima que se llegue a extremos canallas donde incluso se destroza el lenguaje impunemente”.

-Hablando de lenguaje. Sus novelas se caracterizan por uno muy cuidado, y eso que El pacto de las viudas es un tocho de 424 páginas.
“La literatura empieza en el lenguaje, es antes que nada elaboración lingüística. Esto se olvida demasiado en el mundo actual. Demasiadas prisas, demasiado lenguaje inmediato. Eso no casa bien con la literatura. De hecho, es un desastre. Como no hay quien separe el grano de la paja y cualquiera hoy en día puede autopublicarse, por ahí pululan libros lamentables, sin las más elementales normas de la sintaxis y la ortografía y por supuesto con cero valor artístico. Escribir es lento y jodido y trabajoso y no tiene nada que ver con el postureo más o menos urgente de las redes sociales. De todos modos, la literatura es muy difícil, y todos acabaremos integrados en el polvo del olvido, pero, al menos, hay que intentar hacer las cosas bien. Si uno le hiciera caso a las redes sociales, parece que hay más escritores que personas. Casi nadie es escritor. Yo tampoco. Yo todavía estoy en ello e intentándolo seguro que me llegará la hora de irme para el otro barrio. Debemos respetar a todos aquellos que nos precedieron y que dedicaron su vida, su cuerpo y su alma al verdadero ejercicio de la literatura. Me acuerdo, en la propia tradición literaria canaria, de escritores como Luis Feria o Rafael Arozarena o Manuel Padorno, por poner algunos ejemplos de fueras de serie. Esos son escritores”.

-Usted ha cultivado varios géneros, no solo narrativa, también poesía.
“La poesía me interesa mucho. Los grandes poetas nos llevan una vuelta de ventaja. He publicado cinco poemarios, pero hace tiempo que no escribo poesía. Es realmente difícil. La respeto tanto que he dejado de intentar escribirla. Me he refugiado en la narrativa, y tengo un nuevo libro de relatos y una novela ya acabadas, en reposo, al mismo tiempo que estoy escribiendo otra novela. A ratitos, cuando se puede. Me gustaría poder dedicarle más tiempo, porque la vida vuela y esa sensación empieza a pesarme”.

-Está usted seis años sin salir a la palestra literaria y este lo hace por partida doble, con la reedición de Terramores y con su nueva novela.
“Son casualidades. Mi amigo Ánghel Morales, otro herreño inquieto, es muy fan de esa novela y como Terramores cumplió ya 10 años quería hacer una edición conmemorativa y le dije que sí. Esa novela se leyó más en Francia que aquí. En París la publicó una gran editorial, Grasset, y vendió lo suyo, pero, sobre todo, salió mucho en la prensa gala, fue muy bien reseñada. Yo estaba muerto de miedo, pero aquella experiencia me dio seguridad. En Francia compraron los derechos de tres novelas mías”.

-En El pacto de las viudas es la primera vez que inventa en su obra el personaje de un investigador privado, al estilo de las novelas policiacas tan en boga.
“Es cierto. Sale Danilo Porter, pero en realidad es una excusa para hablar del amor, pero de un amor obsesionado. Que los lectores no busquen en esta novela los moldes del género policiaco porque aunque hay un investigador, no cumple los cánones y tópicos de ese tipo de novela, entre otras cosas porque a mí es un subgénero que ni me tienta ni me interesa. Danilo Porter es un títere de las viudas, porque ellas asisten e incluso manipulan su historia de amor con Eleonore. Su exmujer le deja, pero Porter no lo acepta, y sigue enamorado y obsesionado hasta convencerse de que el tópico de que el tiempo cura las heridas es falso”.

-Pero usted no se corta un pelo y saca como personaje hasta a William Shakespeare y se inventa toda una mitología y una isla llamada Calibán…
“Bueno, sí. La novela tiene una lectura también más profunda, más metaliteraria, porque se construye como un diálogo con la famosa obra de Shakespeare La tempestad. Calibán es un monstruo indescriptible, jorobado, feo, pero quise que en muchos sentidos simbolizara la insularidad, la parte monstruosa del aislamiento. De hecho, la trama de la novela transcurre en Nueva York, Brasil, Madrid y en una isla de un archipiélago inventado llamada Isla Calibán. En fin, ya te dije que se me fue un poco la bola, pero la novela es ficción, y en El pacto de las viudas quise también desparramarme un poco literariamente, como cuando mis viudas se suben a su vehículo espacial para ver Villa Viudas, la ciudad que están construyendo en Marte para huir de la polución y del cambio climático”.

-Usted cree que efectivamente nos encaminamos de nuevo a un mundo totalitario…
“A mí lo que no me gusta es que algunas empresas sean tan totalitarias o globalizadoras como para poner y quitar gobiernos, quiero decir que una payasada como Facebook pueda influir para que haya brexit o gane las elecciones Trump es algo que me preocupa. Hay mucha falta de cultura democrática. En las escuelas se habla poco de la importancia de la democracia y la gente no sabe qué hace cuando vota y no es muy consciente de la importancia de hacerlo. De hecho ahora que tenemos las elecciones encima espero que se recapacite un poco y se dialogue y no se busquen posicionamientos extremos. Yo creo que el voto actual debe ejercerse sin tener en cuenta las ideologías, ya sean de centro o de izquierdas o de derechas o nacionalistas. Cada país es como es y debemos pensar en el voto que más útil sea para el territorio en el que estamos, sin radicalidades ni extremismos. En la vida actual, en todas las esferas, hay que reivindicar la normalidad. ¿Quién ha dicho que todo tiene que ser rápido y apasionado y vertiginoso? Las redes sociales son un buen ejemplo. Hay mucha maldad. Por ejemplo, los políticos. Parece que por el simple hecho de ser político ya no es persona, sino que se le puede insultar, vituperar; es como antes, cuando se quemaba a las brujas en la plaza pública. Uno tiene que autocensurarse para no ser apedreado. Por eso hablo de reivindicar la normalidad, recuperar para el ser humano una nueva ilustración en el sentido de volver a rehumanizar el mundo”.

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