Llegó el debate – desde que Francia propuso la idea- de si se permite o no el uso del móvil en los centros educativos. ¡Bien! Actualmente, en España: “la mitad de los niños de once años tienen un smartphone; una proporción que crece hasta el 93,9% entre los de 15 años”, según un estudio del INE.
No hace falta ser un experto en TIC o en pedagogía para experimentar las distracciones que pueden tener los niños y adolescentes cuando tienen un teléfono en sus manos. Con ser padres o tíos, ya lo ves. ¿Quién no ha callado a su hijo en una cena de amigos dándole su móvil para jugar?
No, no soy partidario de que los niños, jóvenes y adolescentes tengan su móvil en horario escolar, y dentro del recinto. Un no rotundo a que el móvil como tal, en uso y forma, como lo conocemos, pueda ser una herramienta educativa. En ocasiones el uso del móvil conlleva – es noticia todos los días- un mal uso hacia otros compañeros; por ejemplo, como ciberbullying o ciberacoso.
Los que me leen, seguramente, no habrán ido al colegio con un móvil, y no ocurría nada. Tu hijo sobrevivirá sin él.
Demasiada pedagogía del diálogo, y de hacer entender ciertas normas que se caen por su propio peso, al saber, y ser realmente conscientes de que las nuevas generaciones son grandes consumidores de Internet, y los problemas que conlleva, y más cuando son menores. ¡Es palpable!
Las emergencias que puedan tener dentro del centro educativo son solventadas por los propios docentes y el equipo directivo que se pondrán en contacto con los padres y/o tutores. Además, los centro disponen de las herramientas tecnológicas para impartir sus clases, a no ser que el alumno lleve su propio ordenador portátil o tablet, que no es lo mismo que un teléfono móvil. Aún así, no entiendo como se le puede exigir a una familia que compre un ordenador o una table cuando debería ser el centro quien disponga de éstas. En muchos de ellos se paga y mucho.
Le estamos dando demasiada importancia a este debate cuando no es un derecho tener móvil en el aula, ni fuera de ella. La cuestión, y es trabajo de padres, formadores, docentes y de una sociedad al completo, fomentar el buen uso de las nuevas tecnologías en los más jóvenes que serán la base del futuro. ¡Allá ustedes!
