
Las entradas y salidas previstas en los establecimientos hoteleros y extrahoteleros de la Isla se sucedieron ayer dentro de la normalidad eso sí, con una incidencia en cancelaciones para lo que resta del mes de marzo y hasta abril, situación subrayada por la suspensión de los vuelos provenientes de Dinamara, dos conexiones semanales que ya no se retomarán hasta la próxima temporada de invierno, a partir de octubre. El sector turístico contiene la respiración y ante la gravedad de la situación en términos de rentabilidad y hace un llamamiento a la responsabilidad. El titular del Centro de Iniciativas Turísticas Tedote, Óscar León, reflexionaba sobre “la necesidad de cumplir con las restricciones y las medidas de prevención que se nos hacen llegar desde instancias sanitarias en favor de garantizar la salud de los palmeros y visitantes y para lograr atravesar esta crisis con el menor número de personas contagiadas. Solo esa actitud responsable puede hacernos salir de este escenario tan preocupante”. explicó a DIARIO DE AVISOS.
Pese a una relativa normalidad, en La Palma las consecuencias económicas serán evidentes. El aplazamiento en la llegada de una decena de grandes cruceros con escala en el puerto capitalino dentro de sus rutas por el Atlántico hasta el 26 de marzo, dejarán de llegar a la isla nada menos que 15.000 personas, entre tripulación y cruceristas, lo que tendrá un efecto directo en los negocios de restauración y servicios de la comarca Este.
Entre las primeras medidas de las empresas que viven del turismo de forma directa e indirecta y ante la caída de las reservas, se plantean ya reducciones de plantilla, un claro síntoma del miedo a una hipotética quiebra de las pequeñas y medianas empresas palmeras que, muchos temen en el ámbito político, tendrá reflejo en el crecimiento de las cifras del paro. Los comercios en los centros urbanos de los municipios palmeros eran ayer lugares casi desiertos, donde los pocos clientes que se decidían a entrar guardaban las prudenciales distancias con las dependientas, que reconocen abiertamente formar parte de un colectivo con alto riesgo de contagio y que han recibido con alegría la cancelación en la llegada de cruceros.
