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sin objetividad

Opinar

El coronavirus nos ha revolcado como la ola en la playa, como cuando te caes por la calle y te levantas rápido porque es más importante recuperar la dignidad que el equilibrio. En ocasiones, todo esto nos hace encerrarnos en nosotros mismos, alejarte de cosas como del baloncesto que, sin posibilidad de ir a los pabellones, hace que todo suceda a través de una pantalla de televisión. Tan frío; tan lejos. La necesidad de opinar se ha disparado, quizás porque nos damos cuenta de lo efímeros que somos. Debemos hacerle ver al otro, al que está al lado o al que se asoma a las redes sociales, que tenemos razón, lanzando análisis más rápidos que profundos. Con solo un mes de competición nos ha dado tiempo para decepcionarnos con la Supercopa (derrota ante el Madrid), ilusionarnos con las victorias ante Zaragoza y Bilbao, querer echar a media plantilla con la primera parte de Murcia y creer que no hay nadie como ellos una vez acabado el duelo. Llenos de moral íbamos a la Final de la BCL y cuando Zaragoza fue mejor en Atenas nos quedamos descolocados, sin saber si tenía que arder Troya o no. En medio de tanta opinión, el Canarias gana, duerme líder y te das cuenta de que, todos, opinamos por encima de nuestras posibilidades

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