Mientras las voces minoritarias en la política y la ciencia que niegan el cambio climático siguen en sus trece, se suceden los estudios que ratifican lo que la comunidad científica mundial (en general) y la ONU creen incuestionable y conciben desde hace tiempo como la principal amenaza del planeta, si se exceptúa la imbecilidad humana en forma de guerras, hambre por pura desigualdad o racismo.
Una de esas investigaciones (en este caso, geológicas) que ratifican y monotorizan los efectos de la crisis climática global se está desarrollando en los cuatro parques nacionales de Canarias y, aunque aún quedan dos años para cerrarse y difundir sus conclusiones, el equipo interdisciplinar que lo desarrolla desde 2021 tiene claro que el innegable cambio climático está dejando su huella en las zonas más protegidas de las Islas, emblemáticas para los canarios. Bajo el título de “Impactos, vulnerabilidad y resiliencia de la geodiversidad y el patrimonio geológico ante el cambio climático en los parques nacionales canarios”, la investigación ya ha constatado modificaciones y pérdidas irreversibles, lo que refleja la gravedad de la situación por mucho que algunos sigan hablando de hippies, rojos y antisistemas detrás de evidencias que creen solo “ideologizadas y fanatizadas”.
La conservadora de Paleontología y Geología del Museo de la Naturaleza y la Arqueología de Tenerife, la doctora Esther Martín-González, es la representante del MUNA en el estudio, que costea el Organismo Autónomo de Parques Nacionales con unos 70.000 euros. Además, participan el Instituto Geológico y Minero de España y las universidades de La Laguna, Las Palmas, Complutense y Rey Juan Carlos hasta conjuntar a 18 investigadores. Según subraya, las pérdidas geológicas no tienen vuelta atrás y eso se está notando por la sequía y desertización, las altas temperaturas, las lluvias torrenciales, las tormentas extremas, la subida del mar, la erosión por escorrentías y la acción del hombre.
El proyecto surge tras uno previo de la Agencia Canaria de Investigación consistente en un inventario sobre los Lugares de Interés Geológico (LIG), muchos en estos parques por su mejor conservación. Sin embargo, se detectó que algunos comenzaban a modificarse por el clima, por lo que se concluyó que convenía analizarlo más a fondo, identificar los sitios de más riesgo y hacerles seguimiento para mejorar la gestión y minimizar su degradación.
Según aclara, no es habitual que un estudio así incluya tantos parques, pero se consideró necesario en Canarias. Hasta ahora, han hecho diversas visitas a los parajes, detectado los principales cambios e instalado instrumentos para monitorizar estos efectos. “Aún estamos en la fase de ver qué ocurre, pero es verdad que, si se atiende a los criterios del Comité Mundial sobre el Cambio Climático, hemos constatado ya que van a verse muy afectados. De hecho, la subida del nivel del mar está siendo mucho más rápida de lo previsto hace 10 años”.
Timanfaya
Este ascenso del nivel oceánico está dejando el primer efecto grave en uno de estos cuatro parques, que Martín-González conoce bien por ser de Lanzarote. “El sendero litoral de Timanfaya, que es de uso público y va desde El Golfo a Las Malvas, al norte, se está viendo ya afectado. El mar tiene cada vez más oleaje, los eventos de alta energía son más potentes y hemos concluido que este paseo tendrá que retranquearse, pues hay muchos sitios muy frágiles y afectados por la mayor incidencia del oleaje y su erosión”.
Garajonay
En el caso del parque gomero, una de las reservas de laurisilva más relevantes del planeta, “los largos periodos de sequía que sufrimos, con veranos continuos, están afectando claramente a sus acuíferos. Allí hay dos principales, Guadá y el central, que están siendo monitorizados desde hace un año y medio y muestran la incidencia muy grave de la sequía. Esto se había comprobado de manera subjetiva, pero, con estos aparatos, lo hemos ratificado con pruebas científicas cuantificadas”. Según alerta, esto tendrá efectos graves a medio y largo plazo “porque su gran atractivo es su bosque de laurisilva y se verá muy afectada, lo que repercutirá en su fauna y flora”.
Las Cañadas del Teide
El principal efecto que ya han detectado en Las Cañadas tiene que ver con los “periglaciares, geoformas producidas por el hielo depositado con las nevadas que teníamos hasta hace poco, pero que se están perdiendo en zonas como el Llano de Maja. Lamentablemente, ya no nieva como antes, esas formas se están perdiendo y estudiamos la incidencia en los próximos años”, si bien esta geóloga alerta también del efecto de los humanos en este parque.
En este sentido, el proyecto ha servido, a su vez, para medir la compactación de zonas como Las Minas de San José, sobre todo en las partes más transitadas en una de las áreas más reclamadas por los turistas. “Analizamos cómo influye esto en la infiltración del agua y hemos comprobado unos problemas tremendos. Tristemente, se trata de un sitio muy transitado, sin orden, sin senderos claros, sino que se pisotea toda la extensión, y esto dificultará aún más la filtración de las pocas lluvias porque ese pisoteo compacta mucho el territorio. Esto afecta al reservorio y cada vez hay más problemas con los acuíferos que alimentan al parque”.
Además, se nota la erosión de las lluvias esporádicas y repentinas, “que impiden que se desarrolle la vegetación que agarraba el suelo, aunque sí se recuperan otras, como el bosque de cedros. Las mayores escorrentías de ahora generan pérdida del sustrato y arrastran todo lo que encuentran, algo irreversible como todo el patrimonio de la geodiversidad. La biodiversidad puede recuperarse, como pasa con los cedros y otras especies de plantas o animales, pero esto no se da con la geología”.
Caldera de Taburiente
Según explica, en La Palma, los principales efectos los desatan las grandes escorrentías. “Ahora, llueve muy pocas horas, pero con gran intensidad, lo que hace que los procesos erosivos sean tremendos y afectan a los sustratos. Lamentablemente, el cambio climático hace que las precipitaciones sean mucho menores en número, pero más dañinas para el suelo. En La Caldera tenemos problemas intensos de erosión, con pérdida de afloramientos relevantes, como el de hojas fósiles, muy dañadas”.
En busca de su conservación, aunque sea para mostrarlas en museos y centros de visitantes de los parques, el equipo recoge reservorios de esas plantas, “fotográficos y, en lo posible, réplicas del sedimento para ser expuestas pues no hay forma de protegerlas en los sitios al no poderse hacer muros o desviar escorrentías a barrancos”.
Según admite, comenzaron temerosos y alarmados por el cambio climático, pero la experiencia de estos años les hace estar aún más preocupados y pesimistas. “A medida que hemos ido conociendo la incidencia, nos alarma cada vez más lo que vemos. Conocemos bien el terreno, somos un equipo amplio y variado, vemos un impacto tremendo y nos asusta el futuro. Quien vea estos parques ahora y en 20 años notará claramente el cambio, no así los que vengan una vez. Debemos recuperar lo que podamos, mitigar el cambio en lo posible y preservar lo que hay para las generaciones futuras con réplicas digitales, fotos o repositorios”.
Los beneficios para el turismo y la cerrazón de los negacionistas
Esther Martín-González es consciente de que el actual verano perpetuo en muchas zonas canarias donde antes había precipitaciones viene muy bien para el turismo, pero es totalmente negativo para la naturaleza que ha caracterizado a las Islas. “El cambio climático seguirá causando efectos y un gran número de estructuras geológicas se verán afectadas”. Por eso, lamenta que haya aún voces entre los partidos y, lo que aún cree peor, los científicos (aunque minoritarias) que lo niegan. “Seguimos sin entenderlo. A esas personas, que no suelen visitar el territorio, les diría que dejen sus despachos y lo conozcan. No ven que cada vez llueve menos. Igual les gusta ese verano, pero vamos muy mal encaminados. No se puede presumir en Lanzarote (es conejera) de que vengan 8 millones de turistas: es insostenible geológica, biológica y socialmente. Algunos ganarán, pero la mayoría perderá, mientras hay racismo hacia el que viene en cayuco. Si eres rubio, de piel blanca y llegas en avión, no pasa nada, pero si es en patera, todo se complica”.

