Casimiro Curbelo Curbelo inicia su trigésimo tercer año como presidente del Cabildo de La Gomera, el dirigente insular más longevo en el cargo en Canarias, y, aunque reconoce que echa de menos estar con sus nietos, también apunta que se encuentra feliz haciendo lo que hace, gobernando a los gomeros e incidiendo – y de qué manera – en la política canaria.
-Termina un año nuevo y camina usted en los 33 como presidente del Cabildo. ¿No está aburrido? ¿Qué le queda por hacer?
“Puede ser que alguien que no esté en mi situación lo vea como una pesadez, pero a mí me gusta tanto lo que hago que no me preocupan los años que hayan transcurridos, es más, me preocupa más el futuro. En cualquier caso, sí es verdad que ahora pesan mucho los nietos y la familia. Pero el gran reto que me queda por hacer es la Estrategia Gomera 36, una apuesta por la economía circular, por las energías renovables, aprovechar el agua de los residuos, la digitalización, la movilidad sostenible; en fin, todo esto es fundamental, junto a la planificación, para hacer de La Gomera una isla de país sostenible, social y ambientalmente, para que la población pueda vivir con una calidad de vida razonable”.
-¿Y qué ha cambiado en La Gomera de 1991 a 2024?
“Ha cambiando tanto. La Gomera ha dado unos cambios impresionantes. Yo recuerdo poco antes de los años que está mencionando que se tardaban nueve y hasta doce horas para llegar a Tenerife. Recuerdo que para operarme me tuvieron que llevar en una falúa de Ramón Padilla a Alcalá. Las carreteras y los servicios hospitalarios no tienen que ver nada los de antes con los de ahora. Las políticas sociales, en fin. Es verdad que hay algunas cosas que todavía quedan por solucionar”.
-Y si las cosas marchan tan bien, ¿cómo es que la Isla no crece en población, que sigue estancada y cada vez más envejecida?
“Esta realidad ocurre en La Gomera, El Hierro y La Palma, y eso que esta última tiene 85.000 habitantes y La Gomera solo 22.000. Un estudiante termina sus estudios y aquí no encuentra dónde desarrollar su actividad, por eso los jóvenes y el talento se van fuera y aquí solo quedan los mayores. Qué tiene que ocurrir, que estas islas menores puedan crecer a la misma velocidad económica y la misma igualdad que el resto, pero lo tienen muy difícil”.
-Aparte del hotel El Bancal, ¿qué otras infraestructuras turísticas están proyectadas en la Isla?
“Hay previsto una serie de hoteles rurales en Agulo, de mucha menor infraestructura que el hotel El Bancal. En el municipio de Alajeró hay algunos proyectos que no acaban de despegar y no sé cuáles son los problemas desde el punto de vista urbanístico. Se están planteando otras inversiones públicas en San Sebastián y Valle Gran Rey. Yo creo que la isla de La Gomera es un atractivo para la inversión privada, pero es verdad que acabamos de salir de la crisis de la COVID-19, pero ya hay gente interesada en invertir en la Isla, como lo ha hecho este grupo canario que en marzo abrirá el hotel El Bancal con más de 500 camas”.
-¿Hay alguna fórmula de recuperar el campo gomero, de ser autosuficientes?
“Si no se mantiene una pequeña empresa en San Sebastián, que tiene una clientela potencial de unos 10.000 habitantes, cómo se va a mantener un viticultor o un agricultor, cuando es una tarea solo de los mayores. ¿Van a levantar los bancales? Si no lo hace el Cabildo, nadie los levanta, porque la dimensión superficial del terreno es muy ínfima, muy pequeña, y no le da para producir. Qué planta”.
-Y a todo eso hay que añadir la escasez de vivienda, que está impidiendo que aumente la contratación de trabajadores foráneos en la Isla y, las pocas que hay, se dedican al turismo rural.
“El problema es el planeamiento. El 20% de los municipios canarios no cuenta con planes generales de ordenación. Le pongo un ejemplo de un municipio gomero, Valle Gran Rey, que tiene todavía normas subsidiarias. El Ayuntamiento debería conceder licencia a un ciudadano y resulta difícil porque no tiene el planeamiento necesario, y así en toda Canarias. El Gobierno debe habilitar suelo coordinadamente con los cabildos de cada isla para construir viviendas. Claro que nos preocupa, porque, a pesar de existir Visocan e Icavi, el Cabildo de La Gomera puso a disposición cinco millones de euros para construir viviendas con los ayuntamientos y solo nos hemos gastado dos millones y medio, transferidos hace unos días, y hemos pedido la prórroga con el restante otras acciones. ¿Qué hemos podido hacer? Solo comprar edificios, no hemos podido construir viviendas sociales, aunque ahora el Ayuntamiento de San Sebastián ha destinado un suelo para construir casas, pero hay que recordar que el Gobierno de Canarias no construye viviendas desde el año de la pera. Es un problema serio que nos preocupa enormemente, porque hay familias que no tienen posibilidad de buscar una alternativa habitacional para alquiler. Es verdad que después del auge de la vivienda vacacional, el problema se ha agudizado. Nadie podía imaginar que el nivel de demanda fuera tan elevado, con unas 115.000 viviendas vacacionales en Canarias. Esto necesita una regulación donde haya un desequilibrio. En Agulo, por ejemplo, tenemos problema de suelo y lo que hemos hecho es convertir inmuebles antiguos en viviendas o comprar algún edificio en Vallehermoso. La vivienda es una prioridad del Gobierno y para eso hay que poner recursos, no basta con anunciarlo cada inicio de legislatura”.
-¿Son ustedes los independentistas catalanes dentro del Gobierno de Canarias? Lo digo por las contraprestaciones.
“No creo que sea así. Nosotros somos muy generosos con el Gobierno. La consejera de Asuntos Sociales tiene interés en desarrollar un proyecto, que lo haga. Nosotros no pedimos, solo exponemos los problemas. Por ejemplo, en materia de aguas, en los últimos años no se ha hecho ninguna inversión. La depuradora de Valle Gran Rey está pendiente de la licitación, o la desaladora de Alajeró, así como el depósito de Las Galanas, que lo aprobó el último Consejo de Gobierno, porque el director general que había antes se llevó los recursos para Gran Canaria. Se han acumulado una serie de inversiones que tenían que haber salido antes que están ahora mismo en puertas de hacerlo. Pero no porque estemos pidiendo mucho, todo lo contrario”.
-Hay una diputada nacional de La Gomera del PSOE, Esther Rodríguez, desde hace unas semanas. ¿Qué fue de aquella idea de presentarse al Congreso de los Diputados?
“Si hubiera querido, yo estaría en el Congreso de los Diputados. Cuántas veces me han ofrecido ir en un puesto de salida, en el número dos, en este caso el PSOE, que tiene más posibilidades de sacar diputados. Yo me alegro de que haya una diputada gomera, aunque sea la primera vez en un cargo político, lo que pone de manifiesto que los puestos primeros, en este caso el número 4, son relevantes siempre, porque se puede dar la casuística que un diputado vaya a Naciones Unidas y entre el siguiente o la siguiente de la lista. Es una buena oportunidad para ella y es bueno para La Gomera que tenga esa representación. Hoy no tengo interés en ser diputado nacional”.
-¿Usted se siente más cómodo en la derecha, como ahora, o en la izquierda, como antes?
“Hombre, obviamente me siento más cómodo en la izquierda. Yo siempre he sido un hombre de izquierdas. Pero ojo, hay que hablar con las personas, independientemente del partido. Yo me he encontrado sorpresas cuando veo a personas en partidos de extrema derecha o de derecha que son muy normales, que piensan como si fueran de izquierda. Hoy en día se piensa más en ir en una lista en un partido que en la ideología”.
-Han pasado 33 años como presidente del Cabildo y en algunos casos compaginándolo como senador y diputado regional. Si mira atrás, ¿qué no hubiera hecho en su vida política, de qué se arrepentiría?
“La verdad que no es fácil decir que no repetiría. Lo único que sé es seguir trabajando como lo he hecho siempre, con el rigor y la proximidad a la gente. A lo mejor lo que tendría que haber hecho es no llevar tanto tiempo en política, porque uno, si te entregas como lo he hecho yo, le quitas tiempo a la salud, a la vida personal y a la vida familiar. Ya me lo piden mis hijos y mis nietos, pero está el polo opuesto, la gente de la Isla que no quiere que me retire y así me lo hace saber cada día”.
-¿Y vale la pena seguir en política con la crispación continúa en la que estamos sumidos?
“Es verdad. Yo no acabo de asumir cómo el diálogo, que es la esencia de la democracia, se ha perdido. No hay diálogo, ni palabra ni encuentro entre los partidos mayoritarios, sin tener en consideración el interés de todos, que es el pactar, resolver los problemas y respetar la Constitución. A mí me parece más relevante centrar la atención en el nuevo sistema de financiación que en la amnistía, que también tiene su importancia, qué duda cabe. Yo prefiero hablar más de respuesta a la gente y de economía. Sinceramente, no lo acabo de entender”.
