La romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza de La Orotava celebrará el próximo domingo, día 14 de junio, su 89 edición en el 90 aniversario de su versión moderna, siempre bajo la organización de la Sociedad Cultural Liceo de Taoro, en colaboración con el Consistorio. Por este motivo, el Ayuntamiento ha querido homenajear a quien en 1936 promovió la primera romería orotavense, César Hernández Martínez, entonces presidente del Liceo de Taoro.
El alcalde villero, Francisco Linares, le hizo entrega el miércoles pasado en las Casas Consistoriales del nombramiento de Villero de Honor, a título póstumo, y lo catalogó como “un acto de justicia”. El hijo mayor de César Hernández Martínez, César Hernández García, recogió la distinción y agradeció el reconocimiento a su padre, a quien definió como “un villero de adopción que dedicó su vida profesional y social a contribuir, con discreción, pero con incansable entusiasmo, al progreso social y cultural de La Orotava”.
Hernández García resaltó el papel de la Sociedad Cultural Liceo de Taoro como organizadora de la romería de La Orotava durante 90 años ininterrumpidos, y pidió al Ayuntamiento que se redoblen los esfuerzos para mantener el orden, el tipismo y la pureza que distinguen a la romería orotavense, la gran obsesión de su padre, que por todo ello y por ser la primera, ha servido de modelo a todas las que con posterioridad se han creado en la isla de Tenerife.
Odontólogo de profesión y nacido en Las Mercedes, César Hernández Martínez fue un hombre con grandes inquietudes culturales y sociales que dejó honda huella en su municipio de adopción, donde se instaló en 1932. La romería fue su principal contribución a la Villa, pero no la única.
PRIMERA ROMERÍA
En 1935, César Hernández Martínez fue nombrado presidente de la Sociedad Cultural Liceo de Taoro. Ese año, al ver pasar desde el balcón de su casa la procesión de San Isidro, muy desorganizada y desangelada, se le ocurrió proponer a la junta directiva del Liceo la idea de que esta sociedad se encargara en adelante de organizar la romería para darle mayor realce. Así fue que la juntaa, a propuesta suya, acordó formalmente solicitar al Ayuntamiento de La Orotava la organización de la Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza. En febrero de 1936 el Ayuntamiento respondió afirmativamente a lo soliciado. Para empezar a poner orden en el desfile, la directiva del Liceo Taoro dictó las normas que debían seguirse en el desarrollo de la romería que, tal y como canta la copla, llegaría a ser “la fiesta más bonita que hay en Canarias”.
Desde su primera edición, el Liceo estableció que los participantes debían ir bien vestidos con sus trajes típicos, y las carretas adornadas artísticamente con representaciones de toda la gama del diario quehacer campesino canario. Normas que 90 años después siguen vigentes y marcan la diferencia y distinción de la romería villera.
Fue tal el éxito de la iniciativa del Liceo de Taoro que en pocos años la romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza de La Orotava se convirtió en una de las fiestas más populosas de la isla de Tenerife. El 16 de junio de 1947, el periódico El Aire Libre publicó la siguiente reseña: “Ayer constituía la máxima atracción en La Orotava. La brillantez de la fiesta superó todo lo imaginable y millares de forasteros tuvieron la ocasión de admirar durante los 50 minutos que duró el desfile, infinidad de carretas artísticamente engalanadas. Un espectáculo en suma inolvidable, al que se dio feliz remate dentro de un orden verdaderamente admirable, teniendo en cuenta el enorme gentío que siguió de cerca el paso de las imágenes y sus romeros”.
César Hernández Martínez fue reconocido en vida por su contribución a la romería de La Orotava. En 1997 el Liceo Taoro le concedió el título de Socio de Honor, que le fue entregado en una cena-homenaje celebrada en la sede de la sociedad.
FILÁNTROPO Y MECENAS
Hombre humanista, filántropo y muy comprometido con su comunidad, César Hernández fue además presidente fundador de la asamblea de la Cruz Roja Española en La Orotava, en 1938. Por su entrega y años de servicio, la institución le condecoró con la Medalla de Plata (1947), la Medalla de Oro (1954), la Medalla de la Constancia (1971) y la Bandeja de Plata del 50 aniversario (1988).
Por otra parte, en 1951 promovió la celebración de la procesión del Silencio en la Semana Santa de La Orotava. Para ello contó con la colaboración del párroco de La Concepción, don Manuel Díaz Llanos Bautista, a quien convenció para sacar la imagen de La Dolorosa en la noche del Viernes Santo, con la particularidad de que durante todo el recorrido procesional no hubiera otras luces que las de las velas del trono de la Virgen y las de las mujeres que acompañaban a la procesión. En 1953 se llevó a cabo por primera esa idea y pronto confluyó tal cantidad de mujeres, en número superior a las dos mil, que ocupaban todo el trayecto procesional desde antes de salir la imagen de la iglesia. La procesión del Silencio constituyó un admirable espectáculo religioso y con el paso del tiempo se ha convertido en una arraigada tradición villera.
La cultura fue siempre una de las grandes inquietudes de Hernández Martínez. Aparte de fundar la rondalla Los Kiawels (1932-1935), entre 1956 y 1962 formó parte del Patronato de Música del Ayuntamiento de La Orotava. Poco antes, en 1955, junto con su cuñado, José García Bartlet, construyó el edificio de viviendas y sala de proyecciones y espectáculos Cine Orotava colmando así una vieja aspiración para el fomento de la cultura y el entretenimiento en la Villa.
Una de sus facetas menos conocida fue la de mecenas. Durante los años 40 del siglo pasado, don César, junto a su esposa, Ana García Bartlet, hicieron de mecenas del que sería excepcional escultor orotavense Ezequiel de León Domínguez. A iniciativa de odontóplogo, Ezequiel asistió primero a la Escuela Municipal de Dibujo de La Orotava, dirigida por los hermanos Perdigón, y hasta que fue al servicio militar trabajó en la casa de su protector en la elaboración de un belén canario hecho de barro.
Además, consiguió que trabajara como delineante del arquitecto Tomás Machado, compatibilizándolo con los estudios en la Escuela de Bellas Artes de la capital. Con la ayuda de su mecenas, Ezequiel completó luego su formación en Sevilla, donde obtuvo la titulación de Restauración y Conservación de Patrimonio Artístico. Fue el comienzo de la gran carrera artística y profesional de uno de los mejores escultores canarios del siglo XX.
Otra iniciativa cultural y social en la que participó César Hernández fue en el hermanamiento con la ciudad gallega de Puenteareas, con la que la Villa comparte la tradición de homenajear al Corpus Christi con alfombras de flores. Ese hermanamiento, que ya supera los 50 años, nació en gran medida por su amistad con un compañero odontólogo, con el que estudió en Salamanca y que ejercía en la citada localidad pontevedresa.
Esta es la semblanza de las múltiples facetas de César Hernández Martínez, un hijo de Las Mercedes que vivió la mayor parte de su vida en La Orotava y que dedicó su esfuerzo y su talento al desarrollo social y cultural de esta Villa, como un auténtico Villero de Honor.
De Las Mercedes a La Orotava, pasando por Cádiz y Salamanca
El 10 de agosto de 1908 nació en Las Mercedes, en La Laguna, César Augusto Lorenzo Hernández Martínez, cuarto hijo varón de Domingo Hernández Galván, nacido en Venezuela, y Adoración Martínez de la Barreda, natural de Santa Cruz de La Palma. Cursó estudios primarios en la Escuela de los Hermanos de la Salle, en Santa Cruz, y realizó el bachillerato en el Instituto Irineo González.
Estudió Medicina en la Universidad de Salamanca y se especializó en odontología en la Universidad de Cádiz. En octubre de 1932 se trasladó a La Orotava con el propósito de ejercer de odontólogo. En 1934, se casó con la villera Ana García Bartlet y fijaron su residencia en el número 5 de la calle San Agustín, donde instaló su consulta y donde vivió hasta su muerte en 1999. Tuvieron cuatro hijos: Ana María, César, Juan y Tomás.

