Una nueva investigación publicada por Popular Mechanics reaviva la atención sobre una serie de encuentros no explicados entre personal de la Marina de Estados Unidos y objetos sumergidos no identificados (USOs). Exoficiales y pilotos describen un patrón persistente, registrado durante décadas y en distintos océanos, que sienta las bases para considerarlos una amenaza legítima y un fenómeno global que desafía los límites de la física conocida.
En 2014, el teniente Ryan Graves, piloto de F/A-18 estacionado frente a Virginia Beach, comenzó a detectar anomalías durante misiones de entrenamiento. Lo que al principio se atribuyó a fallos de radar reapareció de forma repetida y con confirmaciones infrarrojas y ópticas. Los sensores registraron objetos capaces de permanecer inmóviles, maniobrar de forma abrupta y ejecutar aceleraciones a velocidades supersónicas.
Graves relató el avistamiento de un objeto particularmente extraño: un cubo oscuro dentro de una esfera transparente, de entre 1,5 y 4,5 metros de diámetro, que pasó a unos 15 metros de uno de los jets. Afirmó que ese incidente fue “el punto de inflexión”. Más tarde, al conversar con pilotos destacados en los portaaviones USS Nimitz y USS Princeton, descubrió que observaciones similares venían ocurriendo desde años atrás en la costa oeste.
Las descripciones se repiten en altitudes diversas, casi siempre sobre o muy cerca del océano, y se complementan con vídeos y datos de sensores. Estas coincidencias interpelan a la cadena de mando y a la comunidad científica por su consistencia, su duración en el tiempo y la ausencia de explicaciones convencionales verificables.
Incidentes clave y marco político reciente
Las Fuerzas Armadas han adoptado el término fenómenos anómalos no identificados (UAP) para abarcar objetos con capacidades transmedio: tránsito del aire al mar sin desaceleración apreciable, sin salpicadura ni turbulencia, en aparente contradicción con la aerodinámica e hidrodinámica. El contralmirante retirado y oceanógrafo Tim Gallaudet fue de los primeros en revisar vídeos de 2015 tomados por aviones del portaaviones USS Theodore Roosevelt, que muestran desplazamientos a velocidades extraordinarias, rotaciones en pleno vuelo y ausencia de estela de propulsión. “Lo que vi no era nuestra tecnología”, dijo Gallaudet, quien considera el asunto una prioridad nacional de investigación y trabaja con Graves y exfuncionarios del Pentágono para impulsar más transparencia.
Cuatro episodios siguen concentrando interrogantes. En 2004, pilotos del USS Nimitz reportaron un artefacto con forma de “Tic Tac” que descendió desde 80.000 pies hasta el nivel del mar en menos de un segundo, sin alas ni motores visibles. El comportamiento descrito no se adapta a la ingeniería aeronáutica conocida ni a perfiles de vuelo convencionales.
En 2013, imágenes infrarrojas captadas en Aguadilla (Puerto Rico) registraron un objeto esférico que entró al océano sin salpicadura, emergió, se dividió en dos y volvió a sumergirse, una secuencia que contraviene las expectativas de la dinámica de vuelo y de fluidos. La persistencia del objetivo en sensores múltiples reforzó el interés de analistas y operadores.
Un suceso de la década de 1990 implicó a la tripulación de un helicóptero CH-53 Sea Stallion cerca de Puerto Rico. Mientras recuperaban un dron, un objeto oscuro de gran tamaño emergió desde abajo y lo arrastró de nuevo bajo el agua, dejando al piloto atónito e imposibilitado de explicar lo ocurrido con parámetros convencionales.
En 2019, el buque de combate litoral USS Omaha registró un objeto esférico que flotaba sobre el Pacífico y luego descendió al agua sin producir una salpicadura visible. Un marinero señaló después observaciones similares a bordo del USS Jackson en 2023, lo que sugiere recurrencia operativa en distintas unidades y periodos.
El volumen y la consistencia de estos reportes desembocaron en acción política. En 2023, el Congreso aprobó la UAP Disclosure Act, que ordena a agencias federales catalogar, analizar y divulgar información sobre posibles naves y “biológicos” no humanos recuperados. La legislación implica un giro en el tratamiento del tema, reconoce la posibilidad de inteligencias no humanas y apunta a programas de recuperación bajo reserva.
En paralelo, Graves y Gallaudet han informado a autoridades en Washington de las implicaciones para la seguridad nacional. “Estamos en un momento único de la historia”, resumió Graves, al subrayar que la disponibilidad de nuevas herramientas puede acelerar el escrutinio público. Gallaudet, por su parte, planteó una idea de fondo: quizá estas entidades hayan permanecido desde hace mucho bajo el fondo marino, en busca de resguardo frente a cataclismos de la Tierra; “es una hipótesis”, dijo.
