Descubren una nueva especie exclusiva de Tenerife: estaba oculto bajo las hojas caídas de una higuera
Un nuevo escarabajo endémico de Tenerife acaba de incorporarse al inventario mundial de biodiversidad y de Tenerife. La especie, bautizada como Mycetaea tenerifensis, ha sido descrita para la ciencia gracias a un estudio publicado en la prestigiosa revista científica Zoological Journal of the Linnean Society, editada por la Universidad de Oxford. Por ahora, este pequeño coleóptero solo se ha localizado en un punto muy concreto del archipiélago canario: el Barranco de Lora, en el municipio tinerfeño de Los Realejos, lo que lo convierte en una nueva pieza única del rompecabezas biológico de las islas.
La investigación, firmada por Wioletta Tomaszewska, Emmanuel Arriaga-Varela y Karol Szawaryn, analiza la diversidad y las relaciones evolutivas de toda la familia Mycetaeidae en Tenerife, un grupo de escarabajos relativamente desconocido fuera del ámbito especializado. Los ejemplares utilizados para describir formalmente la nueva especie fueron recolectados bajo una higuera, entre sus hojas caídas, a 400 metros de altitud, hace ya trece años.
El detalle que la diferencia de su pariente continental en Tenerife
A primera vista, Mycetaea tenerifensis podría confundirse con su prima continental Mycetaea subterranea, pero las diferencias están ahí para quien sabe mirar. «La especie nueva se distingue por su coloración más oscura, entre negro y marrón, y por algunas diferencias en la forma del cuerpo, especialmente en el pronoto y la parte ventral del tórax», ha explicado Emmanuel Arriaga-Varela, doctor en Zoología por la Universidad Carolina de Praga y coautor del estudio y descubrimiento de una nueva especie.
Las diferencias decisivas, sin embargo, están en las estructuras reproductivas de las hembras. La espermateca, la pequeña «bolsa» donde las hembras almacenan el esperma de los machos para fecundar los huevos en el momento adecuado, presenta una forma y unas proporciones claramente distintas a las de su pariente continental. Es uno de los marcadores morfológicos más utilizados en taxonomía para diferenciar especies próximas en Tenerife.
«El parecido entre ambas especies parece indicar que la separación evolutiva entre las poblaciones continentales e insulares ocurrió hace un tiempo relativamente reciente», apunta el investigador Emmanuel Arriaga-Varela.
Por qué vive bajo una higuera en Tenerife
El hallazgo en Tenerife bajo una higuera no es casualidad. Como explica Arriaga-Varela, todos los miembros de la familia Mycetaeidae se encuentran en ambientes con materia vegetal en proceso de descomposición, como la hojarasca de distintos tipos de bosques. Estos escarabajos son especialistas en la ingesta de microhongos, organismos diminutos que prosperan sobre la materia orgánica en descomposición y que constituyen la base de su dieta.
El investigador insiste en la necesidad de conservar estos ambientes en Canarias: las masas forestales con suelo cubierto de hojarasca, los bosques de transición y los entornos con humedad suficiente para que la materia orgánica se descomponga de forma natural son hábitats imprescindibles para organismos como Mycetaea tenerifensis y para muchísimas otras especies que aún no conocemos.
El árbol evolutivo: del Mediterráneo a Tenerife
El estudio reconstruye en tenerife también la historia evolutiva del género Mycetaea. La morfología de todas las especies analizadas indica que el género se originó probablemente en áreas cercanas a la zona mediterránea, entre Europa, el norte de África y Oriente Próximo. En contraste, su grupo hermano más cercano, Afromycetaea, está presente en el sur de África. El descubrimiento de la especie tinerfeña sitúa al archipiélago canario en un punto clave del debate científico sobre la evolución de toda la familia Mycetaeidae.
Cambio climático y presión humana, sus dos grandes amenazas
Aunque la noticia es positiva (la biodiversidad de Tenerife suma una especie más), la realidad es preocupante. Mycetaea tenerifensis depende de condiciones ambientales muy concretas que propicien el desarrollo de los microhongos de los que se alimenta. Cambios drásticos en los patrones de precipitación, en la entrada de humedad atlántica o en los rangos de temperatura podrían afectar gravemente a sus microhábitats.
El detalle más inquietante: los ejemplares en los que se basa la descripción se recolectaron hace trece años. Como advierte el propio Arriaga-Varela, «habría que intentar buscar de nuevo en las localidades para corroborar que la especie siga existiendo en esos hábitats». Es decir, antes incluso de tener nombre científico oficial, su supervivencia ya está sometida al examen de la naturaleza canaria contemporánea.
Para la comunidad científica, cada hallazgo en Tenerife de este tipo es «una pieza del rompecabezas que construye el árbol de la vida», según Arriaga-Varela. Su valor va mucho más allá del simple registro. Permite ajustar análisis filogenéticos y zoogeográficos, completar mapas evolutivos y entender mejor cómo las islas oceánicas han sido durante millones de años laboratorios naturales de especiación. Con Mycetaea tenerifensis, Tenerife ocupa ya una posición relevante en la discusión científica internacional sobre la evolución de los escarabajos micetófagos.