El Obispado de la Diócesis de Canarias ha autorizado a oficiar una misa diaria al sacerdote Fernando Báez Santana, investigado por un presunto delito de justificación de violencia machista por culpar de la desaparición de las niñas de Tenerife a su madre tras llevárselas su padre, de quien estaba separada.

Fuentes del Obispado han informado este miércoles a Efe que, al margen de la autorización desde el pasado fin de semana para oficiar una misa diaria en la Ciudad de San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria, el proceso canónico iniciado contra él sigue abierto, al igual que el judicial.

Sobre este último, fuentes judiciales han indicado a Efe que Fernando Báez ha sido citado a declarar este mismo día ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Las Palmas de Gran Canaria.

La Fiscalía de Las Palmas acordó denunciar al padre Báez por un presunto delito de justificación de violencia machista ante sus declaraciones en diversos medios de comunicación y en redes sociales sobre la madre de las niñas desaparecidas en Tenerife tras llevárselas su padre, de quien estaba separada.

Para la Fiscalía, la afirmaciones que efectuó el sacerdote el pasado mes de junio pueden constituir un delito de discriminación previsto en el artículo 510.2.b del Código Penal, castigado con penas de seis meses a dos años de cárcel.

Ese delito lo comete quien “enaltezca o justifique por cualquier medio de expresión pública o de difusión los delitos que hubieran sido cometidos contra un grupo, una parte del mismo, o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad, o a quienes hayan participado en su ejecución”.

El polémico sacerdote grancanario atribuyó el comportamiento de Tomás Gimeno a la “infidelidad” de la madre de las niñas Anna y Olivia, unas declaraciones que fueron desautorizadas y rechazadas por el obispo de Canarias, José Mazuelos, en un primer momento y, posteriormente, culminaron con su destitución.

El obispo Mazuelos mantiene apartado a Báez de su oficio de párroco en Gran Canaria.