Los casos de hepatitis infantil desconocida que tanto preocupa al mundo ya suman 348 a nivel global, en un total de 20 países, aunque se detectó por primera vez en Reino Unido. Más del 90% tuvieron que ser hospitalizados y, en los casos más extremos (14%), los menores necesitaron un trasplante de hígado. En nuestro país se han registrado 22 casos y ya hay al menos ocho muertos en todo el mundo.

Aunque es pronto para conocer la causa y el origen del brote, el adenovirus es uno de los principales candidatos: el 70% ha dado positivo en la sangre, identificando el subtipo de F41. Otras posibilidades se tantean, como un efecto secundario de haber pasado la covid, pero esto solo explicaría el 50% de los casos en Reino Unido, donde el brote asciende a los 160 casos.

Sin embargo, todas las teorías pierden peso cuando se considera el adenovirus: es común en niños -suele causar un catarro leve-, los adultos están mayormente inmunizados -por eso no les afecta-, y la variante F41 es ya conocida. «Puede haber otros factores no conocidos que sean cofactores, y también pueden ser agentes tóxicos», sopesa Vicente Carreño, hepatólogo y presidente de la Fundación para el estudio de las hepatitis virales (FEHV).

Lo que considera chocante es que el adenovirus solo se ha encontrado en el 75% de los niños. «Eso es muy extraño, un adenovirus nunca ha causado en niños sanos una hepatitis aguda, todo esto es nuevo», explica, recalcando que sí puede ocurrir en menores con inmunodeficiencia.

A Carreño, sin embargo, le sorprende la alta tasa de trasplante de esta hepatitis, que es «mucho más alta que las otras (A-E), no se sabe por qué. El cuadro clínico es el mismo, pero esta es más severa» para el órgano, explica.