Canarias vuelve a mirar al Teide con atención científica tras una semana marcada por una actividad sísmica que los expertos califican de inédita en los registros modernos. Aunque insisten en que no existe riesgo inmediato de erupción, reconocen que el patrón observado no se había documentado antes con estas características.
La sismicidad en Canarias es habitual debido a su naturaleza volcánica. Tenerife cuenta con un sistema activo y vigilado permanentemente por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). Sin embargo, en los últimos días se ha detectado una combinación poco frecuente: eventos híbridos de baja magnitud y mayor duración que han despertado el interés de la comunidad científica.
El pasado 10 de febrero, uno de estos episodios se prolongó durante más de una hora, algo que no se había registrado en los cerca de 20 años de vigilancia instrumental intensiva. Según Stavros Meletlidis, vulcanólogo del IGN en Canarias, este comportamiento no implica un proceso eruptivo, pero sí indica que el sistema volcánico mantiene presión interna significativa.
Los especialistas describen estos fenómenos como eventos sísmicos híbridos, localizados principalmente en el suroeste de la caldera de Las Cañadas del Teide, a unos 10 kilómetros de profundidad. No se trata de terremotos de fracturación clásica, sino de señales asociadas al movimiento de fluidos en el interior del volcán.
En palabras de Involcan, estos eventos son comparables al “ruido” que generan los fluidos al desplazarse por fracturas y rocas porosas en profundidad. Este comportamiento sugiere una mayor actividad hidrotermal en el interior del sistema volcánico, es decir, movimientos de agua o gases calientes bajo la superficie.
Canarias analiza una mayor actividad hidrotermal bajo el Teide
Desde los organismos oficiales de Canarias se insiste en que no se han detectado indicadores claros de ascenso magmático hacia niveles superficiales. No obstante, los expertos recuerdan que el volcán del Teide forma parte de un complejo activo cuyo comportamiento puede variar con el tiempo.
Históricamente, Tenerife ha registrado cinco erupciones documentadas en los últimos 600 años. La más reciente tuvo lugar en 1909, en la zona de Chinyero. La anterior se produjo en 1798 en el Pico Viejo. La dorsal noroeste ha sido tradicionalmente el escenario más frecuente de actividad eruptiva.
El IGN en Canarias, ha explicado que la acumulación de magma en reservorios profundos puede prolongarse durante años o incluso décadas antes de derivar en una erupción. En La Palma, por ejemplo, el proceso previo a la erupción de 2021 se extendió durante más de una década.
En el caso de Tenerife, los científicos subrayan que el hecho de que este patrón no se hubiera registrado antes no significa necesariamente que sea nuevo. La vigilancia instrumental detallada comenzó hace aproximadamente 20 años, por lo que podría tratarse de un fenómeno recurrente cada varias décadas.
La clave, recalcan desde Canarias, es la vigilancia constante y la interpretación rigurosa de los datos. El sistema volcánico del Teide sigue activo y las señales anómalas registradas en la última década confirman que el subsuelo está dinámico. Pero, a día de hoy, no existe ningún parámetro que apunte a una erupción inminente.
La comunidad científica mantiene un seguimiento continuo de la sismicidad, la deformación del terreno y los parámetros geoquímicos. Porque en un territorio volcánico como Canarias, la prevención se basa en la observación permanente y en la transparencia informativa.
El mensaje final es claro: actividad sí, alarma no. Tenerife continúa bajo vigilancia científica reforzada, y el Teide recuerda, una vez más, que sigue siendo un volcán vivo dentro del paisaje y la historia de Canarias.