Marruecos ya juega en otra liga turística con Canarias
Marruecos ascendió al puesto 22 mundial en llegadas de turistas y consolida su posición como alternativa competitiva frente al destino canario con precios más bajos y crecimiento acelerado.
Hay cifras que deberían encender todas las alarmas en el archipiélago y que, sin embargo, apenas han merecido titulares en la prensa canaria. Van tres para calentar. Marruecos ha alcanzado el puesto 22 del ranking mundial de destinos turísticos según el Barómetro Mundial del Turismo de ONU Turismo.
Ha subido doce posiciones desde 2019, cuando ocupaba el puesto 34. Y en el primer trimestre de 2026 ha crecido un siete por ciento en llegadas internacionales, más del triple que la media mundial establecida por el propio organismo (2%). Mientras el reino alauita reordena, invierte y sube en el ranking, Canarias sigue empantanada en el mismo debate de siempre. Y esa asimetría, lejos de ser anecdótica, apunta a un cambio de fondo que las islas todavía no han querido mirar de frente.
Los datos que Canarias debería tener enmarcados
Detrás del salto de Marruecos no hay milagro ni casualidad. Hay una estrategia clara ejecutada con disciplina. La Hoja de Ruta del Turismo lanzada por el Gobierno marroquí en 2023 ha articulado cuatro palancas simultáneas que en Canarias, si somos honestos, ni siquiera están planteadas en esos términos:
- Refuerzo de la conectividad aérea con nuevas rutas internacionales y ampliación de acuerdos con las grandes aerolíneas mundiales.
- Diversificación de productos turísticos más allá del sol y playa clásico: cultura, aventura, gastronomía, turismo religioso y de negocios.
- Ampliación de la capacidad de alojamiento con inversión pública y privada coordinadas.
- Capacitación intensiva del capital humano del sector, algo que en Canarias sigue siendo estructuralmente deficitario.
El resultado en dinero contante y sonante son 14.800 millones de dólares en ingresos por turismo internacional durante 2025, cifra con la que Marruecos ha escalado del puesto 32 al 31 mundial en ingresos. Ahora súmense los 19,8 millones de visitantes internacionales registrados en el año completo. El país que hace apenas un lustro nadie mencionaba como competidor directo del archipiélago ya está jugando en otra liga.
Y mientras tanto, ¿qué hace Canarias?
La respuesta corta es: darse vueltas sobre sí misma. La respuesta larga es más incómoda. Canarias lleva años atrapada en un debate binario y agotador entre quienes defienden crecer sin límites y quienes exigen decrecer para preservar el territorio. Entre unos y otros, lo que no aparece por ningún lado es un plan estratégico de nueva generación que haga las cosas que Marruecos ya está haciendo: diversificar productos, capacitar personal, mejorar conectividad no solo con Europa sino con nuevos mercados emisores, reforzar la propuesta cultural, ampliar la ventana turística más allá del binomio invierno europeo y sol de playa.
En vez de eso, cada verano Canarias reabre el mismo debate. Que si moratoria hotelera, que si ecotasa, que si turismofobia, que si vivienda vacacional. Todos temas legítimos, pero ninguno constituye por sí mismo una estrategia turística proactiva. Y sin estrategia proactiva, se acaba compitiendo con destinos que sí la tienen. Y perdiendo.
Mientras Marruecos ha subido doce posiciones en el ranking turístico mundial desde 2019, Canarias sigue debatiendo el mismo modelo que la trajo hasta aquí sin diseñar el que la llevará a los próximos veinte años.
Agadir, el espejo que nadie quiere mirar
Si hay una imagen que resume la nueva realidad, es la de Agadir. La principal estación balnearia marroquí crece este verano a dos dígitos en pernoctaciones y llegadas, con una demanda que combina tres pilares complementarios: turistas internacionales, viajeros marroquíes de clase media emergente y residentes marroquíes en el extranjero que visitan el país en temporada alta. Esa mezcla es exactamente el tipo de diversificación de mercados que blindan un destino frente a los vaivenes internacionales.
Canarias, por el contrario, sigue dependiendo estructuralmente del turista alemán, británico y peninsular. Un año con Ryanair recortando rutas o con una crisis inglesa nos deja al descubierto de manera inmediata. Un año con Marruecos ampliando conexiones directas con Brasil, Emiratos Árabes, China o Estados Unidos, en cambio, blinda el destino frente a esos mismos vaivenes.
Y otro dato incómodo: mientras Canarias sigue debatiendo cómo limitar la vivienda vacacional, Marruecos aprovecha la ampliación del puerto atlántico de Dajla, la autovía Tiznit-Dajla, la reforma del aeropuerto Mohammed V y la próxima Copa Mundial de Fútbol 2030 (que coorganizará junto a España y Portugal) para posicionarse como destino global. Cada infraestructura suma. Cada acuerdo estratégico suma. Cada campaña internacional suma.
La lección que Canarias no quiere aprender
Y aquí llega la parte más incómoda del análisis. La realidad no está esperando a que Canarias resuelva sus dilemas internos. El resto del mundo turístico se mueve y compite. Marruecos ha entendido antes que nosotros que los destinos consolidados de sol y playa son un producto en madurez que necesita reinventarse constantemente o perder cuota de mercado. Ha entendido también que el mercado emisor tradicional europeo no es infinito y que hay que abrir vías hacia mercados emergentes de Asia, Golfo Pérsico y América. Y ha entendido, sobre todo, que la estrategia turística no puede estar sometida al ciclo político: la Hoja de Ruta de 2023 está diseñada para 2030 y va a ejecutarse íntegramente gobierne quien gobierne.
En Canarias, en cambio, cada cambio de gobierno regional o de cabildo puede reabrir el debate desde cero. Cada moción parlamentaria puede paralizar un proyecto. Cada campaña electoral puede convertir la ecotasa en el gran tema y dejar en la cuneta cinco decisiones estratégicas más importantes. Y así, mientras nosotros discutimos, Marruecos va sumando puestos en el ranking. Doce en seis años. La cifra no admite muchas interpretaciones.
La pregunta, entonces, no es si Marruecos puede convertirse en una alternativa competitiva a Canarias. Ya lo es. La pregunta es cuánto tiempo va a seguir ganándole distancia al archipiélago hasta que decidamos hacer algo al respecto. Ojalá el próximo balance de ONU Turismo nos sorprenda con el archipiélago habiendo hecho los deberes. Pero visto lo visto, y salvo giro estratégico real, la pregunta más honesta es esta: ¿cuánto vamos a tardar en darnos por aludidos?