Solo existen en Canarias y podrían desaparecer para siempre: las plantas con mayor peligro de extinción
Las plantas únicas del mundo que solo crecen en Canarias y están a punto de desaparecer para siempre
Canarias es, sin discusión, uno de los archipiélagos con mayor riqueza botánica del planeta. En sus siete islas y varios islotes crecen más de 2.000 especies vegetales, de las cuales cerca de 500 son endémicas del archipiélago, es decir, no existen en ningún otro lugar del mundo. Es una cifra excepcional que sitúa a las islas entre los «puntos calientes de biodiversidad» mundial reconocidos por los organismos internacionales. Pero muchas de esas plantas únicas afrontan hoy un futuro incierto: al menos 200 especies endémicas canarias están amenazadas según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), y varias decenas se encuentran ya en peligro crítico de extinción.
Estas son algunas de las plantas endémicas más emblemáticas y más amenazadas del archipiélago canario, todas ellas convertidas en símbolos naturales de la fragilidad de un patrimonio biológico irremplazable.
La violeta del Teide, la joya del Parque Nacional
La violeta del Teide (Viola cheiranthifolia) es una de las plantas endémicas más singulares del archipiélago canario y probablemente la que mejor simboliza la fragilidad de la flora insular. Es una pequeña planta que solo crece en las zonas altas del Teide y del Pico Viejo, por encima de los 2.500 metros de altitud. Es, de hecho, la planta con flor que crece a mayor altitud en toda España. Está catalogada como especie en peligro de extinción y sufre amenazas por el cambio climático, las modificaciones microclimáticas del entorno del Teide y la presión turística de la zona.
El cardón de Jandía, un tesoro de Fuerteventura
El cardón de Jandía (Euphorbia handiensis) es una planta suculenta espinosa que solo vive en la península de Jandía, al sur de Fuerteventura. Es una de las especies más singulares del archipiélago por su aspecto casi extraterrestre, con formas columnares y espinas de gran tamaño. Está clasificada como especie vulnerable y su distribución natural está severamente reducida a apenas unos pocos barrancos áridos de la parte más meridional de la isla.

El tajinaste rojo y las especies de tajinaste amenazadas en Canarias
Los tajinastes son probablemente la familia de plantas endémicas canarias más reconocibles y fotogénicas. El más famoso es el tajinaste rojo (Echium wildpretii), símbolo del Parque Nacional del Teide con sus impresionantes espigas florales de hasta tres metros de altura. Aunque no está en peligro crítico, sí soporta una presión significativa por el cambio climático y el turismo. Otras especies del mismo género (como el tajinaste azul de Anaga o el tajinaste picante) presentan situaciones mucho más delicadas, con poblaciones muy reducidas y áreas de distribución fragmentadas.
Al menos doscientas plantas endémicas canarias están consideradas amenazadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, con varias decenas en peligro crítico y con poblaciones reducidas a apenas unos pocos ejemplares vivos.
El drago, el emblema botánico canario que también sufre
El drago canario (Dracaena draco) es probablemente la planta más simbólica del archipiélago, con ejemplares milenarios como el famoso Drago Milenario de Icod de los Vinos. Aunque el drago no está oficialmente en peligro crítico en su forma cultivada, sus poblaciones silvestres son escasísimas. En Gran Canaria existe una especie hermana, el drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae), descubierta oficialmente por la ciencia en 1998, con muy pocos ejemplares silvestres y catalogada como especie en peligro de extinción.
Otras plantas endémicas en situación crítica
Además de las emblemáticas, hay decenas de plantas endémicas canarias en situación muy delicada que la mayoría de los canarios no ha oído nombrar nunca. Algunas de las más amenazadas incluyen:
- Rosalillo de cumbre (Pterocephalus porphyranthus): exclusivo de las cumbres de La Palma, con poblaciones muy reducidas.
- Siempreviva de Guelguén (Limonium sventenii): solo crece en unos pocos acantilados del norte de La Palma.
- Guaydil (Convolvulus lopezsocasi): endemismo de Fuerteventura con apenas unas decenas de ejemplares conocidos.
- Cerraja de la costa (Sonchus pitardii): exclusiva de acantilados costeros muy reducidos.
- Corazoncillo de Chinamada (Lotus maculatus): endemismo tinerfeño con muy pocas poblaciones silvestres.
Las cinco grandes amenazas de la flora endémica canaria
Las amenazas que pesan sobre la flora endémica del archipiélago canario son múltiples y en muchos casos se refuerzan mutuamente. Los expertos identifican cinco factores principales:
- Pérdida y fragmentación del hábitat por urbanización, agricultura intensiva o infraestructuras.
- Especies invasoras, tanto vegetales (rabo de gato, algarrobo, tuneras) como animales (cabras y conejos asilvestrados que devoran las plántulas).
- Cambio climático, que está modificando las condiciones de humedad, temperatura y precipitación en las que estas plantas evolucionaron durante millones de años.
- Incendios forestales de sexta generación, especialmente devastadores para poblaciones aisladas.
- Presión turística y recolección furtiva, especialmente sobre las especies más emblemáticas y fotografiadas.
El papel clave del Jardín Canario y de la ciencia canaria
La primera línea de defensa de esta flora única está en manos de instituciones científicas canarias que llevan décadas trabajando en la conservación de las especies más amenazadas. El Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, dependiente del Cabildo de Gran Canaria, es una referencia mundial en la conservación de plantas endémicas macaronésicas. Custodia bancos de germoplasma con semillas de decenas de especies al borde de la extinción, mantiene ejemplares vivos de plantas ya prácticamente desaparecidas en la naturaleza y desarrolla programas activos de reintroducción en su hábitat original.
A este esfuerzo se suman las universidades canarias (ULL y ULPGC), los cabildos insulares, la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias y organizaciones conservacionistas que trabajan sobre el terreno. La protección de esta flora es, en definitiva, uno de los grandes retos ambientales del archipiélago para las próximas décadas y una responsabilidad colectiva que combina ciencia, gestión ambiental, educación y una ciudadanía canaria consciente del tesoro biológico irremplazable que hay bajo sus pies.