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lunes, 13 de julio de 2026 · 10:59 · Canarias
Opinión

¿Y si El Teide entra en erupción?

El IGN registró 222 eventos bajo Las Cañadas del Teide entre el 21 y el 22 de junio. Los datos son reales, la tranquilidad institucional también. Pero ¿está Tenerife preparada de verdad?

Tanausú Martín
Tanausú Martín

Especializado en economía, política y tecnología en Canarias

La laguna ·

El Teide no avisa cuando quiere. O sí lo hace, y la cuestión es si alguien está escuchando de verdad. La madrugada del 22 de junio de 2026, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) detectó una intensificación sin precedentes recientes de la actividad sísmica bajo Tenerife: 221 eventos registrados en apenas 24 horas, concentrados principalmente al oeste de Las Cañadas del Teide. Ninguno fue percibido por la población. Todos, sin embargo, obligaron a activar los protocolos de vigilancia volcánica y a notificar al Servicio de Protección Civil del Gobierno de Canarias. Esta vez, la noticia llegó a la calle. Y la pregunta que lleva años flotando en el subsuelo de la isla emergió de nuevo: ¿y si El Teide entra en erupción?

La respuesta oficial es clara, y no hay razón para dudar de ella: no existe ningún indicador que apunte a una erupción inminente. El IGN ha subrayado que la señal sísmica es consistente con la circulación de fluidos en profundidad, no con el ascenso de magma. Los terremotos registrados en el episodio de junio presentan magnitudes inferiores a 2,0 mbLg y sus focos se sitúan entre 10 y 15 kilómetros bajo la superficie. A esas profundidades, y con esas magnitudes, no hay nada que sentir desde casa. Sólo los sismógrafos los captan.

Sin embargo, lo que los datos también dicen, si se leen con honestidad, es que El Teide no descansa. El Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN) ha señalado que este episodio se enmarca en una actividad sísmica recurrente que Tenerife registra desde junio de 2017, es decir, desde hace nueve años sin interrupción real. En febrero de 2026 se produjeron tres enjambres sísmicos consecutivos en siete días, con más de 2.500 eventos en el más largo de ellos, prolongado durante más de 36 horas. El 10 de febrero se detectó una señal continua de baja frecuencia, entre 2 y 10 Hz, inédita hasta ese momento en la isla, que convocó una reunión extraordinaria del comité científico del PEVOLCA. Y el pasado 25 de junio, apenas tres días después del pico del episodio anterior, la sismicidad volvió a intensificarse con más de un centenar de nuevos eventos.

Lo que El Teide y La Palma tienen en común (y lo que los diferencia)

Quien quiera entender qué puede pasar si El Teide entra en erupción tiene un espejo cercano y reciente: la erupción del volcán de Tajogaite, en La Palma, que comenzó el 19 de septiembre de 2021 y se prolongó durante 85 días, convirtiéndose en la más larga y destructiva de la historia documentada de esa isla. Los números son elocuentes: más de 7.000 personas evacuadas, 1.676 edificaciones destruidas o dañadas, 73,8 kilómetros de carreteras sepultadas y daños estimados por el Gobierno de Canarias en 982 millones de euros. La lava cubrió más de 1.000 hectáreas y el barrio de Todoque dejó de existir.

Lo que precedió a esa erupción fue un enjambre sísmico que comenzó el 11 de septiembre de 2021, con terremotos que migraron progresivamente hacia capas más superficiales y alcanzaron magnitudes de hasta 3,5. En ocho días, el sistema pasó de la alerta amarilla al semáforo rojo. Esa migración de la sismicidad hacia la superficie, combinada con la deformación del terreno y el cambio en las emisiones de gases, es exactamente el patrón que los vulcanólogos observan para distinguir un precursor eruptivo de una simple actividad hidrotermal. Y ese patrón, por ahora, no se reproduce bajo El Teide.

El volcanólogo Juan Carlos Carracedo, investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y una de las mayores autoridades en vulcanología canaria, advierte de que El Teide presenta un sistema volcánico que combina distintos tipos de vulcanismo y que, aunque el repunte sísmico evidencia que el sistema sigue activo, el volcán se encuentra en lo que él describe como «fase terminal». Para que se pueda hablar de una posibilidad real de erupción a corto plazo, señala Carracedo, haría falta que la sismicidad aumentara en frecuencia e intensidad, que los terremotos migraran hacia capas más superficiales, que se produjeran deformaciones del terreno, que cambiaran las emisiones de gases y que aumentara la temperatura superficial. Nada de eso está ocurriendo ahora mismo bajo El Teide.

El Teide, la preparación y los 60.000 vecinos que viven en zona de riesgo alto

Que no haya riesgo inmediato no significa que la preparación sea opcional. Y aquí es donde la crítica tiene que ser directa: durante demasiado tiempo, la narrativa oficial sobre El Teide ha priorizado la tranquilidad sobre la pedagogía del riesgo. Tranquilizar es legítimo cuando los datos lo respaldan. Pero preparar a la población es una obligación que no puede quedar subordinada al miedo a generar alarma.

Los datos hablan solos. Según el Plan de Actuación Insular frente al Riesgo Volcánico de Tenerife (PAIV), unas 60.000 personas residen en zonas catalogadas como de amenaza alta o muy alta ante una eventual erupción. De ellas, alrededor de 38.000 viven en los municipios del flanco noroeste, Santiago del Teide, El Tanque, Guía de Isora, Garachico e Icod de los Vinos, la franja que el propio plan identifica como la de mayor recurrencia eruptiva histórica. La última erupción documentada en el entorno del parque nacional fue la de Chahorra o Narices del Teide, en 1798. La de Chinyero, el último volcán que entró en erupción en Tenerife, fue en 1909. En términos geológicos, algo más de un siglo es un intervalo muy corto.

El Cabildo de Tenerife ha dado pasos concretos. La presidenta Rosa Dávila anunció en febrero de 2026 dos simulacros de evacuación previstos para los municipios de Guía de Isora y Santiago del Teide, centrados en la concienciación ciudadana y los ejercicios de autoprotección. El primer gran simulacro con más de mil efectivos se realizó en Garachico en septiembre de 2025. En marzo de 2026, el Pleno del Cabildo aprobó por unanimidad un acuerdo institucional para reforzar la prevención volcánica, apoyándose expresamente en las lecciones aprendidas tras la erupción de La Palma. Y en 2025 se aprobó la Ley de Volcanes de Canarias, que establece un nuevo marco para la gestión de emergencias volcánicas con énfasis en la anticipación y la seguridad jurídica de los afectados.

El IGN mantiene desplegada en Tenerife una red de más de 100 estaciones, sensores y puntos de muestreo para monitorizar en tiempo real la sismicidad, las deformaciones del terreno y los parámetros geoquímicos. INVOLCAN ha incorporado recientemente gravímetros cuánticos que permitirán detectar intrusiones de magma si las hubiera. El sistema de vigilancia es, sin duda, uno de los más avanzados de Europa. Pero la tecnología no evacúa a nadie. Lo hacen los planes, los simulacros y, sobre todo, una población que sabe qué hacer y adónde ir cuando suene la alarma.

La pregunta del millón no es si El Teide entrará en erupción mañana. La ciencia dice que no. La pregunta real es si los 38.000 vecinos que viven en los municipios de mayor riesgo del noroeste de Tenerife saben qué protocolo seguir cuando los sismógrafos dejen de ser los únicos en notar los temblores. La experiencia de La Palma, donde más de 7.000 personas tuvieron que abandonar sus casas en cuestión de horas, demostró que la preparación previa marca la diferencia entre el caos y la gestión. El Teide seguirá temblando. La isla tiene que estar lista para cuando deje de hacerlo en silencio.

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