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domingo, 9 de agosto de 2026 · 01:44 · Canarias
Debate político

El clima no enciende el fuego: por qué los montes arden por abandono, no por termómetros

Mientras la emergencia climática acapara titulares, expertos advierten: la magnitud de los incendios no responde solo al calor, sino a años de falta de prevención y de escasez de recursos para gestionar el territorio.

Emergencia climática y abandono rural: montes secos con vegetación muerta y árboles dañados por falta de gestión forestal preventiva
Montes sin gestión y acumulación de biomasa: las causas reales de los megaincendios que trascienden el debate climático.

La emergencia climática se ha convertido en el escudo perfecto para eludir responsabilidades directas en la gestión del territorio. Cuando arden los montes cada verano, la respuesta política es inmediata: culpar al cambio climático, a las olas de calor, a las sequías prolongadas. Pero los expertos forestales llevan años insistiendo en algo incómodo: el termómetro sube los grados, pero no enciende la llama ni acumula las toneladas de matorral seco que convierten un fuego en incontrolable. La verdadera causa de la magnitud de los incendios está en la falta de prevención, el abandono del monte y la escasez de recursos.

Su diagnóstico es directo: los montes españoles están abandonados y pidiendo ayuda. El COIM ha resumido el problema con claridad: «Es innegable que estamos en un contexto de emergencia climática, pero no podemos usarlo siempre como un comodín para justificar los grandes incendios forestales».

La realidad sobre el terreno es más concreta. Esa acumulación de material combustible es lo que los técnicos forestales denominan «carga de combustible»: ramas, matorrales y maleza seca amontonados en el suelo. Ante condiciones extremas de calor, ese polvorín convierte cualquier chispa en un incendio incontrolable. El problema no es nuevo, pero ha crecido exponencialmente por el despoblamiento rural y el abandono de los usos tradicionales como el pastoreo, el desbroce y el aprovechamiento de la madera.

La emergencia climática agravada por el abandono del monte

En verano, esa vegetación se seca, y sin una gestión continuada durante todo el año, se convierte en combustible explosivo. El abandono del monte no es un factor secundario: es el motor que explica por qué los incendios de hoy alcanzan intensidades térmicas imposibles de apagar incluso con grandes recursos aéreos y terrestres.

La estructura de la propiedad forestal agrava el problema. Pero la rentabilidad insuficiente de la actividad y la carga administrativa dificultan cualquier inversión en prevención. Muchos de sus dueños no invierten en gestión porque consideran que el dinero invertido es dinero perdido. El resultado es un territorio sin limpiar, sin desbroces, sin cortafuegos, sin mantenimiento de infraestructuras forestales básicas.

La emergencia climática como cortina de humo para la escasez de recursos

Mientras los dirigentes lanzan discursos enfáticos ante las cámaras culpando al cambio climático, los operativos sufren precariedad laboral, contratos estacionales que se limitan a la campaña estival y falta de dotación continua durante el invierno, que es precisamente cuando se debería actuar.

Los especialistas en gestión forestal insisten en una máxima técnica olvidada: «Los incendios se apagan en invierno». Cuando se invierte de verdad en prevención durante todo el año, cuando se ejecutan desbroces, quemas prescritas, clareos y mantenimiento de cortafuegos, el coste en extinción y el daño ecológico en verano se reducen radicalmente. Pero invocar la emergencia climática resulta gratis para los presupuestos de prevención. No requiere tomar decisiones impopulares ni enfrentar a grupos de poder. Simplemente, permite vender los incendios como un cataclismo inevitable, como una maldición contra la que poco se puede hacer.

Los ingenieros de montes proponen soluciones concretas que están al alcance: gestionar un millón de hectáreas forestales al año mediante desbroces y clareos; impulsar el aprovechamiento de la biomasa como energía renovable para extraer el material combustible del monte; recuperar el pastoreo extensivo como herramienta de mantenimiento del territorio; simplificar la burocracia administrativa que paraliza las actuaciones preventivas durante meses. El cambio climático explica por qué los incendios son más agresivos. La falta de prevención explica por qué encuentran las condiciones perfectas para convertirse en megaincendios.

La comodidad del eslogan permite a las administraciones eludir responsabilidades. Pero la factura la pagan los pueblos del entorno rural, los ecosistemas calcinados y una sociedad que sigue sorprendida cada verano por unos incendios que, en realidad, se pueden prevenir. Mientras el termómetro sube cada julio, la pregunta que debería importar no es cuánto calor hace, sino cuánto presupuesto se ha invertido en limpiar los montes durante el invierno anterior.

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