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Chaves

Yo he visitado el pueblo de Chaves, al Norte de Portugal, en dos ocasiones. Es un lugar bonito, con castillos, jardines y puentes, un bello edificio consistorial de piedra y un escudo heráldico prácticamente igual al de mi familia

Yo he visitado el pueblo de Chaves, al Norte de Portugal, en dos ocasiones. Es un lugar bonito, con castillos, jardines y puentes, un bello edificio consistorial de piedra y un escudo heráldico prácticamente igual al de mi familia. El primer Chaves -Francisco de Chaves- vino a Tenerife tras la conquista (Nobiliario de Canarias, Juan Régulo, Editor) y casó con Catalina Hernández de Tacoronte, nombre cristiano de la hija del mencey Bencomo. Paco García-Talavera, querido amigo, ha estudiado bien mis ancestros y también Antonio Luque, historiador orotavense, y José Luis Machado, pariente y escritor serio, al que ahora veo poco.

El otro día estuvo mi hija Cristina en Chaves y me ha traído bonitos objetos de allí. Me gusta ese pueblo, que tiene un cuartel grande, un río -el Támega- con antiguos lavaderos y muchos recuerdos del pasado, como el puente de Trajano. Pronto volveré porque me resulta especialmente grato pasear por sus calles, escuchar el sonido del río, comer su exquisito jamón y hablar con los pocos habitantes que salen a la calle. Está cerca de la población orensana fronteriza de Verín y sus casas solariegas me cautivan. Ahora, nuevos recuerdos de ese pueblo decorarán mi despacho. La primera vez que visité Chaves me emocioné y me imaginé cómo habría sido todo cuando Francisco de Chaves, aquel capitán portugués, llegó a Canarias en busca de aventuras. Y aquí se quedó, formó una familia, heredó tierras e hizo no sé cuántas guerras. En fin, no está mal saber de dónde vengo; mucho más difícil que conocer a dónde voy.

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