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El Ejército

Es curioso que una persona tan insignificante como la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, que ni siquiera terminó la carrera, se atreva a cuestionar la presencia del Ejército en una feria de la educación, en la que participaban las Fuerzas Armadas ofreciendo empleo

Es curioso que una persona tan insignificante como la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, que ni siquiera terminó la carrera, se atreva a cuestionar la presencia del Ejército en una feria de la educación, en la que participaban las Fuerzas Armadas ofreciendo empleo. Aparte de descarada, esta mujer sin cabeza que retira estatuas del rey de los salones municipales, demuestra no sólo su mala educación sino su indignidad como representante pública. Colau no le llega a la suela de las botas a un soldado de base, a uno de esos chicos que se juegan la vida cada día representando a su país en delicadas misiones internacionales de paz. Es decir, cumpliendo con su deber y no dejándose arrastrar por la policía ante un portal para salir en televisión impidiendo un desahucio. Ada Colau está en la alcaldía de Barcelona por el voto errático de los ciudadanos de esa urbe, que va proa al marisco. Es una demagoga de tomo y lomo, que no merece sino el reproche social de las personas normales, porque se comporta como una política irracional, llena de odio y de resentimiento. El nuestro es un Ejército moderno y disciplinado, cuyos integrantes desempeñan sus misiones con el mismo respeto con el que los jefes que recibieron el reproche de la señora Colau se comportaron con ella; es decir, con exquisita educación. Estos representantes de la izquierda radical, especialistas en colocar parientes y amigos en las instituciones que gobiernan, deberían respetar las organizaciones en las que el honor, el servicio y el deber cumplido se veneran. Estoy harto de canchanchanes y canchanchanas como la señora Colau. Harto.

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