a contracorriente

Semejanzas de Rajoy e Iglesias – Por Enrique Arias Vega

Se diferencian en que uno (Pablo Iglesias) habla de amor y besa en la boca a sus colaboradores. El otro (Mariano Rajoy) alardea de eficiencia y se contenta con palmear la espalda de sus conmilitones

Se diferencian en que uno (Pablo Iglesias) habla de amor y besa en la boca a sus colaboradores. El otro (Mariano Rajoy) alardea de eficiencia y se contenta con palmear la espalda de sus conmilitones.

A ambos les une, en cambio, su ansia desaforada de poder, que le llevó a uno (Pablo) a designar un Gobierno de coalición que nadie le había pedido, y al otro (Mariano), a empeñarse en seguir gobernando, aunque pocos quieren que lo haga.

Porque ésa es otra: tanto uno como otro son los dos políticos peor valorados del país. Con diferencia. Una semejanza más para sus currículos.

Posiblemente, la concepción leninista que ambos comparten sobre el funcionamiento de sus partidos (en ellos no manda más que el líder, que es quien toma las decisiones, diseña la estrategia política, elige a sus dirigentes y hace las purgas pertinentes) es lo que acaba por unirles, más allá de lo que les separan otras cuestiones ideológicas.

A lo mejor, por consiguiente, tiene razón Pablo Iglesias y la política no se dirime ya entre derechae izquierda (la famosa transversalidad de la que todos presumen y nadie practica), sino entre los de arriba y los de abajo. En esa eventualidad, por supuesto, él y Mariano Rajoy formarían parte de los de arriba, tanto si lo reconocen como si no.

No me resisto a añadir una última coincidencia: si en este momento no existe un Gobierno efectivo en este país es porque ambos lo están impidiendo. Bastaría con que uno u otro se abstuviesen en la investidura de Pedro Sánchez, para salir del atasco. Pero, claro está, eso supondría que ambos dejarían de anteponer sus intereses personales a los del país, lo cual es su última y más nefasta semejanza.

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