Hace dos semanas nos encontrábamos en la calle El Agua. El salía del Casino de La Laguna, y nosotros entrábamos. El padre Carlos, como solía hacer, sonrío a mis hijos, Sofía y Jaime, y les acarició la cabeza, repitiéndoles siempre la misma cariñosa y envolvente pregunta, “¿Cómo están los grandes hoy?”. Les aseguró que adoraba a los niños, y lo hizo notar cuando en 2011 apostó con la Hermandad del Cristo y el Ayuntamiento por recuperar la “Adoración al Niño de los Afligidos”, la víspera del Día de Reyes. Recuerdo, perfectamente, en plenas fiestas navideñas de 2011, contacté con nuestro compañero Carlos Lite, el hombre del Comunicación del Ayuntamiento de Aguere, para que me abriera una puerta con la llegar a quién estuviese detrás de esta gran idea para la Navidad, y me dijo Lite, “tú lo tienes fácil, es el padre Carlos del Cristo”. Fui esa misma tarde al Santuario y este buen sacerdote, que lleva en su corazón el amor a los más pequeños, me señaló sencillamente que “esto es algo que hace la Hermandad y que a mí me parece maravilloso, porque la magia de estos días la vemos en los ojos de los pequeños, y esas bellas miradas tienen que verse dentro del Santuario, e iluminar al Cristo”. Así, es el padre Carlos, con la sonrisa siempre en los labios y una frase de ánimo.
Otro momento, precioso, que recuerdo. Es cuando, siendo yo el responsable de la comunicación, en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC, nuestro director por aquel entonces, Juan Pedro Rivero –rector del Seminario Diocesano-, tuvo una de esas brillantes ideas que él suele portar, la de difundir por las parroquias toda la oferta de formación que daba y da el ISTIC. Así, me acerqué una mañana a ver al padre Carlos. Una mañana de invierno, y frío en el Cristo. Me dijo, “vamos al Casino y hablamos de esto tomando un café”. De él solo tuvimos siempre receptividad y apuesta por nuestro ISTIC. Me destacó que “la formación religiosa para un cristiano tiene que ser en el día a día, y el Cristo tiene que abrirle sus puertas”.
De don Carlos, del padre Carlos, guardo varias entrevistas que tuve la suerte de hacerle, para una serie aún no editada que es “Vida sacerdotal”, en la que he intentado traer la vida de algunos sacerdotes en el siglo pasado y que muchos de esos capítulos vieron la luz en los años 2011 y 2012 en DIARIO DE AVISOS, en su contraportada, en la última. El padre Carlos no cerraba nunca sus puertas, sino que las abría. Igual que ha encontrado abiertas las puertas de la casa del Padre en las que ahora mismo descansa. Hasta pronto padre Carlos.

